No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Quemando neuronas

Amaneció en pesadillas, jugando con mentes, esperando a los recuerdos. Miró al mundo con tanta tristeza que le dolía el pecho y dejo que su cuerpo se derrumbara porque podía permitírselo. Esa era la vida que elegía un año más, un instante más. 
Vivir con tanta intensidad que todo repercutía en sus manos y acababan llenándose de cicatrices. No era nada malo, desde luego, pero cansaba a su existencia y la dejaba tirada en las peores esquinas del mundo, a oscuras y con a penas unas caladas de realidad en su organismo.
No era una sombra, ni un secreto, solo era humo que se escabullía entre las luces brillantes y las palabras.




No era su intención acabar así.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Relatos de niebla y escarcha.

Ante mi vista se cierne una escena literalmente helada, llena de tonos de blanco y frivolidad convertida en escarcha. En el cielo, pálido y tranquilo, danza la niebla con un lento compás desde hace días ya muy largos. Mantiene su intensidad húmeda y misteriosa ocultando los puntos muertos de las calles más recónditas. Deja escondidos a los secretos entre nubes de agua a ras de sueño, convierte en brillo a la oscuridad que se mantiene viva en cada momento.
Es una escena que demuestra que el invierno ha llegado pisando fuerte en mi ciudad, recordando quien puede a quien, enseñando que el frío puede ser más frío aún y que no hace falta nieve ilusionista para que todo este blanco.
Sobre los árboles una fina capa de hielo recubre los escasos tallos realizando caprichosas formas en forma de cristal; parece azúcar glas espolvoreado, como en un obra de arte muy bien hecha. Hace que mires donde mires cada esquina, cada recoveco parezca distante y acogedor al mismo tiempo, que parezca un gran decorado de Navidad.
Y eso es lo que sientes al caminar entre farolas heladas y suelos resbaladizos, un frío que te recorre la columna y termina en el último nervio de tu ser. El cielo está tan cerca que crees que va a tragarte cuando menos te los esperes. La niebla se te mete por debajo del corazón acomodándose en tus pulmones que acaban resentidos y chirriantes.
La escena es un frío tan puro que resulta incomprensible.

Por la noche. las capas de hielo se amontonan sobre las barandillas, la hierva se queda rígida e inmóvil, hasta los relojes parecen tener miedo de moverse por si el frío se da cuenta de su existencia.
Para las sombras el frío solo es un ser que viene y va a su antojo en busca de cuerpos cálidos a los que congelar; sobre ella no surge efecto el aire invernal de la mañana, ni la niebla espesa que te rodea y no te deja ver. A ella no les afecta, no sienten nada, no consiguen entender el roce del hielo, ni la caricia de menos cinco grados bajo cero. Tampoco entienden la superficial ilusión de los reflejos del invierno.


martes, 19 de noviembre de 2013

Detesto esos días en los que no siento las manos.

Las sensaciones me inundan y no dejan nada para el resto, dejan mi sistema apagado o fuera de cobertura, terminan con mis sonrisas de plomo y mis tardes casi perfectas.
Pero es real, el frío palpable de un mundo que no perdona y que deja que las almas vaguen a sus anchas sin remordimientos.


jueves, 24 de octubre de 2013

Se supone que todo iba a ir perfectamente. Mintieron.

Una vez más compongo baladas sobre corazones rotos y trozos de alma que arrastra el viento. Me resigno a pensar en un futuro demasiado aterrador, a vivir en un presente demasiado incoherente. Y fuera llueve, parece que se cae el cielo a pedazos, y aún dentro de esta pequeña habitación me siento desprotegida.
Algo familiar llega hasta mi pecho dejando paso al vació, mis manos se quedan frías; puedo sentir todo lo que me rodea con demasiada intensidad.
Ese es el problema, la intensidad. La intensidad de las palabras, de las miradas, de los corazones, de las cosas que nunca (absolutamente nunca) deberíamos llegar a hacer. Precisamente por eso hoy estoy tan alerta, tan asustada a el mínimo movimiento de octubre.
No quiero volver a encerrarme en libros con letra pequeña y restos de ilusiones. Yo jamás fui ilusionista, y si lo fui fue hace demasiado tiempo como para recordarlo.
Hoy me dedico a mirar por la ventana con el corazón en la mano, pensando una y otra vez las palabras que debería haber dicho, las cosas que debería haber hecho, los secretos que no debería tener, pero es inútil. Ni la vida ni los corazones dan segundas oportunidades. Creo que le llaman vida, pero sigo dudando sobre si todo esto que la gente siente es real o no.

Las casas abandonadas están demasiado lejos, el frío no termina de llegar, las miradas marrones destrozan cada día más rápido y yo sigo sin tener claro como se desencadenan todas mis catástrofes. Y la verdad es que hoy los pájaros que surcaban el gris no hacían más que traer malas noticias.
Nadie debería ser derruido contra su voluntad, ¿pero y si no tuviésemos otra opción? ¿Y si cada parte insignificante del mundo que nos rodea estuviese decidido a hacernos una pequeña cicatriz? Nunca he conocido a nadie que pueda soldar un corazón hecho pedazos de nuevo, y el mío no será una excepción.
Pero me prometieron amortiguar los golpes con morfina y alcohol, conseguir revivir a mis penas éxtasis tras éxtasis, dejar que el hielo desapareciera completamente sin acusar dolor.
Se supone que todo iba a ir perfectamente. Mintieron.


lunes, 14 de octubre de 2013

Ángeles caídos.

Recuerdo ese momento. Yo estaba delante de él, en medio de la calle, riéndome con los ojos entrecerrados, lo hacía con una capa impermeable de sentido, de sentimientos; permitiendo que una mínima parte de la verdadera alegría llegara a mi corazón y bombeara por mis venas. Era todo muy superficial, como esas heridas que te haces y sangras un poco pero nunca sientes verdadero dolor. Yo siempre me aseguré de que todos los sentimientos fueran así, de que llegaran pero no lo suficiente. Puse mi propio interruptor de los sentimientos en mi corazón para controlar todo aquello que pasaba por mi estómago.
No me permití la felicidad plena, ni el calor y la dulzura de un beso, ni los abrazos demasiado largos, ni amar... Me prohibí amar bajo cualquier circunstancia o cualquier alternativa.
Sobrevivo gracias a eso. Un simple "clik" y todos mis nervios desconectados al mínimo, mi corazón anestesiado y mis ojos frívolos.
Así funciona mi sistema, cuando tiene sentimientos se sobrecarga y teme con explotar, debe estar siempre cínico y congelado. No hay fugas de adrenalina, ni de tristeza ni de nada. Todo lo que hay dentro se queda dentro, todo lo que hay fuera se queda fuera.

Esta vez fue distinto. El interruptor había desaparecido después de un calor demasiado duradero, mi corazón se había descongelado, el interruptor se había sobrecargado, había sido eliminado.
Me había quedado desprotegida frente un sentimiento demasiado fuerte para un corazón tan debilitado por el hielo. El simple apogeo de su risa junto a la mía, sus ojos grises... consiguieron traspasar las barreras que había formado a mi alrededor.
El sentimiento dio de lleno en diana y mi corazón cansado por los pocos esfuerzos que ha realizado a lo largo de los años sintió una punzada de dolor detrás de otra.
Desde entonces cualquier palabra. cualquier sentimiento normal, cualquier alegría perforada con un poco de verdad duele; en realidad, duele todo desde siempre, pero ahora que mi sangre y ano contiene la común anestesia de emergencia todo se ha amplificado.

Ahora ando por los pasillos del gran edificio como si fuera a la guillotina, esperando no reencontrarme con ningunos ojos grises con demasiado brillo, esperando que el interruptor vuelva a aparecer. Que mi crueldad personal aparezca de la nada como hacía antes, porque poco a poco la falta de este muro me matará. Conseguirá destrozar a mi corazón más de lo que está.

A mi siempre me gustó el frío por algo, lo necesito, hace que el interruptor funcione. Por eso quiero que las madrugadas empiecen a congelarse. Porque si te enfrías te congelas...
Y en estos momentos, solo deseo que mi corazón se congele lo suficiente como para dejar de estar buscando inconscientemente a esos ojos grises todo el tiempo, porque me destrozaría. Él no lo sabe, pero su amor me destrozaría.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Las cosas oscuras que se esconden en mis ojos.

Te levantas con ganas de algo, con ansia infinita de vida, de sed de sentimientos, de verdad. Sigues tu rutina con una sonrisa maliciosa, una pose confiada y un paso lo más lento posible. Quieres observar a el mundo de tu alrededor, quieres saberlo todo. Pasas de largo los reflejos, los cristales con doble fondo donde los colores agua puedan alcanzarte.
Te tropiezas, típico. Te levantas sacudiéndote el polvo de las manos y de tu garganta empiezan a salir carcajadas. Nadie te molesta, nadie te interrumpe. Eres la excepción peligrosa del mundo, la que puede matarte con una mirada, jamás se atreven a desafiar una palabra tuya. Así sigues, viajando por esquinas con demasiados recuerdos acumulados ajenos a ti, te da igual. Dejaste de controlar sobre sombras e idiomas desesperados hace mucho. Da igual el lugar donde te encuentres siempre acabas jugando con un poco de frialdad, arañando los corazones sanos de tus victimas.
Pones el control automático. Relajas tus músculos, dejas que tu mente divague a oscuras, que tus pestañas te hagan cosquillas en las mejillas. Sientes lo poco que te queda en las venas. El ayer queda muy lejano para pararte a memorar y bailas a ciegas en una habitación demasiado vacía, no tiene sentido,y eso te gusta.

Conviertes a tu alma en una escala de negros brillantes desafiando a todo aquel mentiroso que se tope contigo, nadie te alcanza. Absolutamente nadie consigue decirte cual será tu próximo destino. Te cansas de los amores de carretera y alcohol , todos buscan la verdad que puedes darle para poder seguir respirando con normalidad. Las noches se han frías y largas, adoras poder respirar hondamente hasta colocarte de oxígeno. Vas de fiesta en fiesta reuniendo gente lo suficiente perdida para darle un repaso de tristeza, acabas con la esperanza, con esas sonrisas torcidas, con los éxtasis de mentiras. Consigues que todo el mundo te abandone al final del día para poder irte a tu casa abandonada y cantar. Cantas melodías rotas, llenas de la tristeza que todos te dejan. Ríes sin autocontrol para sobrellevarlo, arrancas páginas y páginas de libros más abandonados que tú, corres a los bosques más profundos, los quemas sin explicaciones dejas que el fuego se propague.
Vuelves a tu escondite sin aliento, con una sonrisa tan triste que dan ganas de llorar. Te desmoronas en el suelo con los ojos cerrados, sabes lo que vendrá después de todo esto. Abres tus ojos , fijas tu mirada en la escena que se dibuja sobre el espejo de tu cabeza, en el techo, unos ojos verdes te miran críticamente, evaluando cada detalle de tu rostro, de tu piel, cada cicatriz invisible a los ojos de los demás. Hay algo en ellos que te asusta, un vacío incomprensible, más grande de lo imaginable. Tienen un brillo demasiado frágil, podría romperse en cualquier momento y dejar al verde desbordarse; tus pupilas están dilatadas, buscan una salida a la trampa mortal que tu misma te has impuesto.

Tu verdad. La misma razón por la que la gente huye de ti. Hay una dureza en tu rostro que se reconoce después de la pérdida y decepción, algo así como un énfasis añadido en tus pómulos para recordarte que estás destruida. En tu mirada no hay nada, solo se encuentra la historia de tu escalas de fracasos en las cicatrices.

Y allí te quedas, con un pulmones con dificultad respiratoria por culpa de la escapada a la realidad, un dolor punzante en el corazón que es casi insoportable y esa mirada que no consigues reconocer que te atormenta recordándote todas las cosas horribles que has hecho.
No te queda más remedio, te ríes, intentas quedarte sin aire para no notar el dolor, evitas las sensaciones que el mundo te proporcionan porque te arruinan. Apagas el interruptor de las emociones y te quedas en el suelo repitiendo una y otra vez en voz alta que estás vivas y que sobrevivirás, porque cada vez que escuchas música te gusta ir a cámara lenta, porque a nadie se le ocurriría descubrirte. Se realista, jamás se atreverán a enfrentarse a un demonio de tu calibre, y por eso te fundes con la mirada de ojos verdes que te observa y sonríes hasta que te duele.

No te preocupes, tranquila. El mundo te perdona tus destrozos, puedes volver mañana. Tal vez puedas dar                                                        la destruir la ciudad un poco más.






viernes, 30 de agosto de 2013

Querido Morgan:

Prometo guardar los secretos que susurres en la oscuridad, escuchar las mentiras que me cuentes y no preguntarte porque ocultas la verdad. Prometo apoyarte en todos los mundos paralelos que se te ocurra, viajaré contigo a Nunca Jamás todas las veces que necesites sentirte niño otra vez. Prometo que jamás te dejaré solo cantando una canción cuando todos miren expectantes. Me tiraré desde los puentes si tu te caes, inventaré escusas para salvarte de las torturas de la vida, compartiré mi copa de helado todos los día que tu te olvides de que la vida cuesta. Te protegeré de tus peores pesadillas cuando estés muerto de miedo, te leeré cuentos hasta que consigas dormirte. Te daré la calma en la tormenta cuando no puedas más, llenaré tus vacíos. Si te destrozan te recompondré. Haré que sonrías en los funerales más tristes y que no puedas respirar de la risa cuando peor te sientas. Prometo acompañarte al hospital , aunque me muera de miedo cada vez que entre. Detendré incendios por ti, haré que nieve el día que quieras hacer muñecos de nieve. Te respaldaré en tus planes fallidos, coseré tu corazón cada vez que alguien lo dañe.
Somos un pac que nadie separa. Velaré por ti, cantaré nanas hasta que se te agoten las lágrimas, curaré tus heridas más profundas con buenos recuerdos. Compartiré aventuras que nadie más conocerá.
Prometo no cansarme cuando tu estés derrotado, caminar por los dos cuando tu desaparezcas, salvarte de los fantasmas siempre que vayan a por ti. Prometo que gritaré defendiéndote cuando intenten hacerte daño, que me reiré de ti por las cosas que más te molesten, que tendré cuidado cada vez que tu estés en ruinas.
Prometo cuidar de ti como a los libros, no dejando que ninguna hoja se arrugue o rompa. Tendré en cuenta los detalles que nadie vea, jamás olvidaré los días importantes para ti. Nadaré por océanos para encontrarte y poder alejarte del hielo frío. si te pierdes en bosque pasaré la noche en vela hasta llegar a ti. Haré que no te sientas tan perdido cuando ya no sepas que decir. Lo apostaré todo por ti, por tu alma, por tu vida. no me rendiré contigo en ningún momento, no dejaré que abandones.
A si que escribo esto con el corazón en un puño, ofreciéndote mi esperanza cuando la necesites, sellando el pacto con toda la lealtad que corre por mis venas, respirando por ti cuando no te quede aliento. Prometo prometer que las promesas que diga sean de verdad, lo pongo por escrito.
A cambio no me olvides, no me dejes en un rincón, regálame alguna sonrisa de vez en cuando yo intentaré que mi corazón no se convierta en hielo.

Con cariño, Ann.

Pdt: Te quiero Morgan.







domingo, 25 de agosto de 2013

Y así, tras varias noches de insomnio, florece Abril.

El río está a punto de desbordarse, nadie lo ha visto así desde el 99. El suelo estaba lleno de pétalos rosas de los almendros ya florecidos pero la lluvia se lo ha llevado todo y ha dejado un aroma a húmedo, a mojado.
El cielo está algo apagado, no sabe como estar. Un rato está azul, por la mañana morado y al instante siguiente ya se ha vuelto a nublar. El viento sigue en pie, frío, nunca se marcha. Todo parece una gran película que va a cámara rápida, en algún momento se acabará, hasta entonces yo sigo sentada frente a la venta , pensando.
Todo pasó fugazmente, un discusión sin importancia, un grito, un portazo y al final del libro un cuaderno más destrozado. Me sigue sorprendiendo lo frágil que puede llegar a ser el mundo. Incluso el más duro diamante con un leve roce en el lugar oportuno puede hacer que quiebre.Y así tras noches y noches de dar vueltas en la cama, de pensar sobre un destino que nadie escribe en realidad, tras café con demasiado azúcar (aunque me de igual), tras todo eso sigo con una sensación extraña en la garganta.
Creo que he dejado de tener cosas importantes que decir. Me paso horas y horas en silencios y empiezo a creer que el tiempo me gasta una broma pesada.

Querido Abril:
si te queda tráeme más lluvia, y si no tráeme un poco más de paciencia. Creo que se me está acabando.




Cuentas de dos en dos y me saltas a mi.

Saltaste desde acantilados más altos que rascacielos, perseguiste a las sirenas hasta las profundidades de los océanos, caíste en madrigueras muy profundas y siempre conseguiste salir, te rompieron el corazón y tu mismo te lo cosiste con hilo de plata y mucha paciencia. Nadie se a atrevido a derribarte. Nada es capaz de hacer que te rindas.
Hay algo en tu organismo que te hace ser un superviviente y algo que a base de eso te ha hecho ir perdiendo cosas.
Perdiste la delicadeza, la dulzura, también las ganas de decir la verdad y esas sonrisas que echabas al aire y que parecían iluminar mundos enteros.
Eres capaz de aguantar la respiración todo lo necesario para que no te descubran las sombras, de guardarte los gritos todas las noches pero tu alma se ha quedado a medias y ya nadie se atreve a mirarte a los ojos.
Te gustaba cantar en la ducha todo lo alto posible, lo recuerdo muy bien, lamento que eso cambiara. Tampoco soporto que tu recuerdo cada segundo sea más difuso, que ya no sobrevivas, que hayas perdido ese valor que te representó hace no mucho.
Lamento que hayas desaparecido tan rápido, que te hayan destrozado. Lo siento mucho, fue culpa tuya olvidarme.
Recuerdalo.



viernes, 23 de agosto de 2013

Razones equilibradas de no pensar.

Estaba harta de tanta falsía y cobardía que habitaba las calles que paseaba. Harta de las miradas hipócritas, los destartalados rostros que juzgaban a cada transeúnte al pasar.
Estaba harta de lo que me rodeaba porque representaba una de las mayores mentiras del mundo. Un complot a mis espaldas sobre como dominar mi mundo y mi destino; algo ingenioso y retorcido.
Y allí estaba yo, sentada en un gran lugar lleno de baldosas de piedra desgastadas, perpleja por el destino que me obligaban a vivir, que asumía vivir.
Era tan ridículo, las palabras de cortesía eran hechos sin importancia, la música de fondo no tenía sentido, la gente era fantasmas. Yo estaba en medio de todo aquello, sobreviviendo con bocanadas de aire profundas, contando mentalmente los destrozos de alma que veía según pasaban.
De repente no importaba nada, ni el más mínimo detalle de la escena todo desaparecía después de un grito agudo que se expandía en ondas de sonido en apenas instantes. Todo caía como un castillo de naipes. Nada conseguía mantenerse de pie pasado aquel extraño sonido.
Lo más extraño de todo era que aquella arruinada voz sonaba muy lejana a mi, podría haber jurado que estaba a infinitos de mi posición, habría puesto los restos de mi corazón en el fuego por ello; pero el grito era mío. Había salido limpio de mi garganta dejando un reseco dolor de agradecimiento, como si hubiese estado guardado en lo más profundo de mis cuerdas vocales desde hacía ya mucho tiempo atrás.
Mi cuerpo se estremeció tras darme cuenta de mi acto incomprensible pero algo en mi cerebro susurraba que volviera ha hacerlo, que me dejara la voz en ello, que deshiciera aquella mentira tan absurda en la que vivía minuto a minuto.
A si que me levanté y empecé a gritar con todas mis fuerzas, lo más alto posible, el mayor tiempo que me permitían mis pulmones. En aquel grito estaba todo mi terror, todos mis fracasos, todas las lágrimas que jamás derramaría, en aquel grito dejé mi vida entera y cuando ya no pude más, cuando ya no podía ni mantenerme en pie, cuando incluso el suelo bajo mis pies parecía desaparecer y todo parecía más brillante que anteriormente empecé a reírme como una psicópata.
Desequilibre un mundo entero tanto que lo hice desaparecer delante de las narices del universo.
Desde entonces me parece que la mejor opción cuando todo esta perdido y ya no sabes que hacer es gritar.


sábado, 3 de agosto de 2013

Demasiadas emociones para unos adolescentes acabados.

Llegué allí cuando el sol aún estaba bajo y el aire de la mañana hacia cosquillas; en cada mirada había un brillo especial, uno de esos que solo salen cuando eres tremendamente feliz. Aquel  lugar simbolizará para siempre nuestras libertad a distancia, nuestro corazón vibrante de felicidad en el pecho, significará un hogar al que no podrás volver jamás una vez que te vas y aún así volverás.
Cada día las emociones que florecían en aquel lugar hacía que te sintieras alegre y descompensado, hacia que flotarás cayeras a plomo y te quedaras a centímetros del suelo; nadie contaba las horas ni los instantes solo dejábamos que se nos escaparan de los dedos haciéndonos cosquillas en la piel desgastada por el sol.
Las risas se intensificaban y retumbaban por los techos dejando un eco lleno de ganas de vivir. Cada noche nos abordaba un misterio y nos reservaban las horas extra de la madrugada para poder salir a besar al frío y la adrenalina. Un día se filosofaba y al siguiente alguien gritaba la verdad.
En los ratos libres se dormitaba sobre la realidad y lo que nadie debía saber y cuando alguien caía todos le dejaban sitio para recuperarse, la regla de oro : Nadie se queda atrás. 
Y así pasaron los días; unas veces me encerraba y otras veces salía a correr con ganas de más, al final acabé con un nudo en la garganta por culpa del recuerdo perfecto y la pérdida, una sonrisa triste y a la vez brillante y una de las mayores decepciones de toda mi vida. La historia salió bien, lo sé porque no tengo pensado olvidar un solo instante y me han hecho creer que eso salva a la gente. No echaré de menos la música y mucho menos cuando me dolía todo tanto que casi no podía moverme; pero en algún lugar de mi frío pecho hay un álbum de recortes de esos días y por mucho que pasen los instantes seguirá allí para siempre.


                                 -La gente salió de allí tan hecha polvo que sonreía.-



viernes, 5 de julio de 2013

Perdiendo instantes con olor a mar y humo.

Me despierto rodeada de una luz acaramelada que deja ver el ático sobre el que duermo. Todo sigue igual que el día anterior, que la noche anterior, pero la escena penetra en mi corazón de forma más concisa y me deja ver cosas que antes no veía. El tiempo ha ido estropeando los muebles de la vieja habitación, el oxígeno a oxidado las cerraduras, el suelo cruje con cada paso.
Es conmovedor todo lo que es capaz de hacer el tiempo, y eso que desconozco la forma anterior de esta casa.
Cuando lo vi no supe donde empezaba y donde terminaba, solo veía una gran masa de miles de tonos de azul sobre bruma y bruma; el viento hacía que se te congelara el corazón con cada latido y pude percibir la sensación que produce el ronroneo del mar a gran altura. Aunque fue precisamente la altura lo que hizo que volviera a la realidad, donde todas las palabras escondidas y no dichas siguen en el mismo lugar que siempre esperando y sabiendo que jamás cambiarán nada.
A mi alrededor todo es confuso, el humo que observo me cautiva, me adormece lentamente mientras escucho como anochece entre estrellas y pájaros de última hora. La tristeza que se creó en el aire alejaba a la oscuridad y su misterio y poco a poco comprendí que los instantes de verdad surgen en medio de sentimientos extraños y lugares equivocados, a si que no me permití seguir soñando porque podría haberme matado y eso, si que fue triste.




miércoles, 5 de junio de 2013

Breathe me

Estás allí. Mirando a tu alrededor, un mundo roto a tus pies, lleno de imperfecciones preciosas, de cosas que nadie entiende, que nadie quiere entender.
Hay música de fondo: tráfico, viento, miles de voces desconocidas que dicen cosas irrelevantes.
Se crea una escena increíble. Increíblemente fría, demasiado vacía para ser una realidad basada en toda la verdad.
Todo parece tan sumamente frágil...
Tan delicado a la vista...
En el ambiente hay una pulsación extraña, algo que hace que aguantes la respiración, que cierres los ojos con mucha fuerza. Que no desees permanecer allí un segundo más.
Te da tanto miedo, es demasiado para tu corazón.
La fragilidad de un mundo que se destruye empezando por los cimientos y va cayendo como un castillo de naipes. Tantos susurros que acaban en un nada, tantas promesas recitadas en voz alta de forma cínica. Un abismo que se extiende hasta donde pueda llegar tu vista.
Y allí te encuentras, muy cerca de ese gran acantilado que devora almas a cambio de murmullos de mar. Encuentras cosas perdidas después de mucho tiempo, recuerdos desaparecidos durante existencias enteras.

Lo observas todo impasible, intentando memorizar cada detalle cristalizado. Luego te das la vuelta muy despacio, te alejas hablando a media voz, contando historias de terror para gente acabada.
Escapas.








domingo, 26 de mayo de 2013

Sombras de las que nos escondemos constantemente.

Días largos, tan largos que cuando acaban te preguntas que pasó realmente, que fue importante y que no. Destruimos nuestro pasado a base de mentiras que no nos dejan respirar, y continuamos equivocándonos porque nos hace sentir mejor.
Nadie sabe lo que realmente pasó, deseamos olvidarlo, desde el perfecto principio hasta la linea final. Coleccionamos nombres de historias de amor que salieron mal , las guardamos en habitaciones vacías para que no vean la luz en un futuro. Nadie consigue atraparnos lo suficiente como para matarnos preguntando, solo abandonamos lugares hermosos y los sustituimos por ruinas.

Y termina el día dejando a su paso luces brillantes que ciegan, que dejan a nuestro interior frío. Nuestros temores se cuelan por las grietas de nuestras almas y llegan a nuestro interior prendiéndolo todo de tristeza. Todo desaparece en un soplo antes de poder pensar en algo. De repente estás ahí, rodeado de palabras sin sentido, de historias que causaste, de corazones a punto de pararse, de sombras.
Sombras que viven por ti, por tu culpa. Todas desconocidas y con un rostro sombrío, y todas van a por ti.
Y corremos, nos escondemos de ellas, porque si nos encuentran nos devoran por culpa de la tristeza, por culpa de lo que hicimos.












sábado, 20 de abril de 2013

Merecemos decir mentiras porque así reconocemos que tenemos cosas que esconder.

El mundo siempre ha sido duro con todos.
A algunos les arranca lo que más quisieron, a otros les congela el corazón con susurros que nadie más puede escuchar, a otros solo les destroza y les deja indefensos frente a una vida entera. Se esconden tan bien que desaparecen incluso para ellos mismos y no queda absolutamente ninguna prueba que diga que algún día estuvieron aquí, entre toda esta tristeza palpable que nadie se atreve a escuchar porque cada uno ya tiene su propio infierno.
Conozco a gente tan fría que lleva sin reír años muy largos, también a otros que cuando les miras a los ojos ves una pupila dilatada que te enseña un vacío inmenso. Conozco a gente tan fría que la miras y no ves vida en ellos, son sombras cansadas de respirar entrecortadamente.

Tenemos secretos que acaban con nosotros si permanecen en silencio y nos destrozan del todo si nos atrevemos a pronunciar.
Son dolores tan hondos que nadie sabe que decir, ni hacer, ni a donde mirar. A si que no miramos , ni nos atrevemos a sentir nada porque hacerlo sería como una muerte súbdita acelerada; y la gente se olvida de que está ahí pero sigue ahí. La gente queda arruinada, muerta de miedo. Nunca encuentra a la persona indicada para poder confiar y soltar todo su dolor. Este sigue creciendo más y más a cada instante.
Podría decir que hay un final para todas historias desconsoladas, no lo sé. Me encantaría saberlo pero no lo sé porque a toda persona que observo la veo tan destrozada que no sé que decirles.
La gente necesita sinceridad, algo que les diga que la verdad, que todo lo que temen no lo ven solo ellos.
Y por eso, precisamente por eso, cada persona que dice una verdad es como una llama encendida en medio de una terrible tormenta. Se acaban apagando, pero a veces, solo a veces pueden llegar a decir algo que haga que el corazón de alguien reaccione ante su alrededor y vuelva respirar profundo.

Por eso mentimos. Quiero decir, por eso intentamos mentir. Porque estamos asustados: cada uno de algo que le atormenta, que no le deja dormir; pero solo es miedo comprimido. Secretos que en algún momento de nuestra vida se volvieron demasiado importantes y nos hicieron volver de hielo, pero incluso las personas de hielo tienen frío.
Sí, lo tienen. Por eso conozco a gente que tiene una mirada con pupila dilatada y un vacío inmenso y aún así puedes ver que debajo de todo eso hay más, mucho más.
Por eso me gusta observar a la gente, porque debajo de ella, debajo de una mirada o una palabra, o una sonrisa forzada, una pose incluso esa manía que tiene de comerse las uñas hay mucho más. Hay tanto que puedes saber su verdad a base de ello y eso te convierte en un peligro para el mundo, en una sinceridad a la que todos temen. Te conviertes en una mentira, porque debes tener cuidado de que nadie descubra que sabes la verdad. Escondes lo que todo el mundo puede observar a simple vista pero nadie puede llegar a comprender del todo.
Te tendrán miedo,el mundo entero lo hará porque tu eres la verdad en su estado puro. Serás todo aquello que les atormenta , todo lo que no les deja dormir, la causa de su mirada vacía y de esa sonrisa fingida y pese a ello serás su única esperanza de sobrevivir.

A si que seas quien seas, si eres una verdad sobrevive. Hay un mundo entero atormentado, cámbialo.
Se un mentiroso y di la verdad.













sábado, 6 de abril de 2013

En realidad, hoy me siento efímera.

Me pesa el cuerpo. Algo dentro de mi hace que me cueste respirar y cada vez que me pare mi cuerpo pida quedarse quieto para siempre.
En las calles de mi pequeña ciudad hace frío, ese frío al que un día se le ocurre volver para que sepas que jamás morirá. El viento arrebata sentimientos a su paso. Todo va demasiado rápido y despacio a la vez. Los recuerdos te visitan a cada paso lleno de tristeza que das. No encuentras fines prácticos.
La música suena sorda en tus oídos, hace que todo parezca mentira .
Sin saber como estás medio corriendo, escondiéndote en un callejón lo suficiente oscuro para reprimir ese nudo en la garganta. Tengo algo en el pecho que me hace preguntarme el porque de todo.
En ese momento el frío no importa, ni el nudo en la garganta, ni no encontrar fines prácticos. Solo no importa, en algún momento desaparecerán sin que te des cuenta.
La realidad es así.
Me pregunto que pasará dentro de unos meses, cuando todo cambie con el verano, cuando todo se olvidé.
Me pregunto si habrá una tarde en la que salga a por un libro y todas las librerías estén cerradas. También si me encontraré de nuevo con almas a las que un día aprecié, si tendré el sentimiento de culpa y vacío en el pecho, si él desaparecerá, si volveré a sentir frío durante los meses de calor.
Porque todo está ahí hasta que un día se esfuma. Y la regla se cumple con todo. Eso es lo más triste.

Tengo la sensación de vivir en algo a lo que no pertenezco y a lo que no puedo controlar. Todo se reduce a una verdad estúpida y a palabras que siempre acabas olvidando, porque olvidas, todos lo hacemos; entre otras cosas.
Imagino que me siento así porque yo también terminaré en algún momento, como los libros, como aquellos finales de ellos que te rompen el alma y no puedes cambiarlo porque las palabras han acabado.
Yo soy tan efímera como tú, como el tiempo, como un invierno que volverá el año que viene, como el frío, como los nudos en la garganta, como la realidad que hoy nos habita y mañana nos abandona.








sábado, 30 de marzo de 2013

Hoy hace un día perfecto. Perfecto para que nada encaje y puedas reírte de ello.

Lluvia, autobuses sin rumbo fijo, palabras que se dicen sin más y se oyen de fondo, paraguas negros rotos, confidencias, susurros en peligro de extinción .
Hoy es uno de esos días en los que todo sale mal y aún así carece de mayor importancia. Donde si se dice algo, se olvida; porque nada es lo suficiente importante.
La gente te miente, te mira y sonríe, tu haces como que no te das cuenta y sigues adelante, así se forjan nuestras vidas. Pero siempre hay algo que rompe la regla, algo que estropea tu metáfora por vida.

Un día te despiertas y llueve, el cielo está gris, la gente te mira, pero no importa. No te importa porque después de muchas historias de terror tu has averiguado la verdad sobre todas sus almas, sobre lo que esconde el fondo de sus miradas. Sabes el dolor, la tristeza acumulada en los oscuros rincones, los recuerdos que no podrán llegar a olvidar jamás por culpa de la felicidad que un día les produjeron. Y sonríes, les sonríes a todos y cada uno de ellos como muestras de complicidad. Como muestra de que aunque no sabrías que decirles les apoyas, aunque no les conozcas, aunque no pienses jamás en conocerles.
Y por un día, por un simple y encantador día eso te es suficiente para sentir el cálido latir de un corazón vivo en tu pecho, porque eso si importa. Sientes como la sangre fluye por tus venas dejando un gusto de esperanza que nadie puede arrebatarte durante ese día, no importa que te digan o que veas ese día, la sensación no desaparece.
Un día te despiertas y casi pierdes el autobús, te dan una mala nota en un examen importante, tu amiga de siempre está rara y llueve a mares, pero nadie es capaz de sacarte esa maldita sensación que te hace sentirte viva y sonreír.

Hoy hizo un día perfecto. Perfecto para que nada encajara, para que nada tuviera sentido, para que nada importara en realidad y puedas reírte de ello.




sábado, 23 de marzo de 2013

Ama, y si no sabes respira. Es casi lo mismo.

Lo he pensado mucho, muchísimo en realidad, supongo que es porque aún no sé lo que es. Tal vez porque no lo veo lógico, pero yo no veo lógico nada a estas alturas. Pero, ¿qué es amar realmente?

Algunos dicen que es una simple reacción química que hace que nuestro corazón bombeé a 130 pulsaciones por minutos, que la presión arterial suba, que se liberen grasas y azúcares para aumentar la capacidad muscular y que se generen mayor número de glóbulos rojos para mejorar el trasporte de oxígeno por la corriente sanguínea. Otros dicen que es el sentimiento más grande del mundo, el más importante y extraño. El que te hace decir, hacer o pensar cosas que en otros momentos podrían llegar a asustarnos.
Otros dicen que es un enfermedad muy peligrosa que te hace caer en un pozo profundo de dolor y al final acabas con el corazón combertido en hielo.

No lo entiendo. Lo digo siendo sincera. No lo entiendo. Tampoco sé si quiero entenderlo todo, pero no lo entiendo.
¿Qué tiene que ver un sentimiento con una reacción química con un corazón helado? ¿Polos de sabor de fresa?

No. Definitivamente no sé nada de amor, no lo he sentido, no sé lo que es. Porque creo que amor podría ser todo, desde el amanecer que te obligan a ver a las ocho de la mañana todos los días, o ese inconfundible olor a tinta y papel que puedes percibir al oler un libro, o ese río cristalino en el que recuerdas haberte bañado miles de veces en tu infancia. O podría ser helado de menta chocolate o el agua fría en los días de calor, o podría ser tu mejor amigo, o tu mejor amiga, o tus clases de teatro, o ese profesor que aunque no es el mejor del mundo te hace reír en los días que no estas muy animada. O podría ser tu serie de televisión favorita o ver a tu padre prepararte el desayuno los sábados por la mañana, o esa libertad que sientes al ir a un bosque a dar un paseo con la bici, o yo que sé. Lo hacemos todo complicado y en este caso voy a llevar a un mundo entero la contraria. No, no tengo ni idea de que es el amor, pero para mi es algo simple, muy simple. Y lo seguirá siendo.

A sí que no he amado, no sé me da bien amar, pero si sé respirar. Respirar me encanta y para mi eso es amar.












jueves, 21 de marzo de 2013

And suddenly, I felt nothing.

Te despiertas, respiras hondo hasta que el aire llega a tus pulmones y después abres los ojos. Te encuentras con la realidad , que no es ni buena ni mala, solo es, y decides levantarte y mirar por la ventana a ver que desgracias se avecinan hoy. Y sonríes. No tienes explicación posible, ni nadie delante, ni siquiera sabes que pensamiento a pasado por tu mente para hacerlo, pero lo haces y acabas riéndote sola en tu habitación .

Caminas, escalas cuestas llenas de terror, corres por terrenos llenos de mentiras y cuando llegas al final puedes verlo todo desde arriba, desde esa perspectiva que tienen las ciudades desde los puntos más altos. Y de repente sin saber porque tienes un nudo en la garganta y desapareces del mundo sin saber como.

Vives, bajo música alta, sobre palabras llenas de nada, ríes con indiferencia. No tienes nada que hacer peor que hablar, a si que hablas. Hablas hasta que las cosas estúpidas se acaban, hasta que tus pensamientos se confunden, hasta que no reconoces a nadie de los que ves, hasta que te cansas. Y de repente estás sentada en una silla sin saber que pensar exactamente y lo miras todo de forma conmovedora.

Esperas dentro de un frío único de invierno, relajas tus músculos para no temblar. Miras a la gente pasar por la calle esperando algo entretenido que observar, solo encuentras a gente vestida de gris, pero tu sigues observando; y pasan los segundos y los minutos hasta que por fin la persona con la que te has citado hace el milagro de aparecer y no sientes alivio o alegría, solo le miras y de repente no sabes que haces allí.

Todo cambia, no para, todo queda atrás, olvidado, escrito, enterrado. Y un día, hablas y no sientes nada. Callas y no sientes nada. Escribes y no sientes nada. Escuchas y no sientes nada. Caminas y no sientes nada.
Y de repente, no siento nada.
Nada suficiente bueno o malo, nada que te haga reaccionar y te preguntas cuánto tiempo pasó desde que sentiste algo. No lo recuerdas, y le dejas de dar importancia porque en ese preciso instante no importa. Tampoco importa reír, o llorar, o sonreír, o respirar. No importa porque no recuerdas nada que te haga sentir viva y acabas en un banco destartalado hecho trizas, congelada, pensando en que pasó para que dejaras de sentir cualquier cosa.
Y lo recuerdas.  Aunque no estás segura de que de verdad importe.







sábado, 23 de febrero de 2013

La esperanza se rige por las miradas, no por las sonrisas.

La joven chica se encontraba sentada en el borde de una vieja muralla de castillo. Miraba al horizonte como hacía mucho tiempo que no miraba nada, como si esperase que algo realmente increíble pasara mientras miraba. La suave y fría brisa de un invierno que no se marchaba le acariciaba sus oscuros cabellos y la hacía estremecer de pura felicidad.
Estaba libre. Se sentía libre de todas las pequeñas cosas que a veces atrapan a los humanos. En ese momento solo existía ella y su egoísmo por respirar todo lo fuerte que pudiera. Tenía un brillo especial en los ojos, de esos que te hacen ver dentro de las personas. Su miraba mostraba todo lo que había ocultado, todo lo que en un pasado le importó tanto y sin embargo ahora para ella todo eso era niebla. Tenue niebla que estaba desapareciendo.
A su derecha se encontraba un chico que la miraba intensamente sin que esta se diera cuenta. Tenía una profunda e intensa mirada azul, como esas que tiene la gente cuando ya lo ha vivido todo. Un pelo negro le caía sobre ellos de forma desordenada. Estaba de un pálido casi enfermizo pero sonreía, sonreía como hacía mucho que no lo hacía. Se sentía tan vivo allí arriba junto a ella. 
La observaba respirar hondamente mientras el viento le revolvía su largo cabello. Estaban sentados en un borde de la muralla que debía de medir más de quince metros de altura, pero ella no había vacilado en ningún momento al decirle que quería sentarse allí. A si que lo habían hecho. Se habían sentado en silencio, observándolo absolutamente todo, una ciudad llena de luces antes del anochecer. Era precioso. El momento en sí lo era.
Estaban tan conmocionados por lo que se levantaba bajo sis pies, mirando lo que miraban, se sentían tan capaces de hacerlo todo, de darlo todo para seguir estando allí viéndolo todo.

-¿Crees qué algún día el mundo se dará cuento de lo hermoso qué es? - Pregunto ella fijando sus verdes ojos en el rostro del chico.
-Creo que el mundo jamás se dará cuenta de lo hermoso que es, perdería su encanto si lo hiciera. De eso trata el mundo, debe demospreciarse a si mismo para no destruirse a sí mismo.- Respondió el mirando hacia el horizonte.
-Eso suena tan triste... Llegará un momento en que toda su belleza desaparezca, en que nosotros lo hagamos. ¿Qué pasará entonces?
-No lo sé. Ni creo que lo valla a saber nunca... Pero me gusta pensar que el mundo es así porque debe ser así, que no desaparecerá; y que cuando nosotros lo hagamos quedará un rastro nuestro en el.

Ella río a carcajadas porque lo entendió, entendió la verdad sobre todo, sobre el mundo. El se le unió porque sabía que tenía razón y así simplemente continua el recuerdo de ellos. Sigue allí, esperando. Esperando a que alguien vuelva y les recuerde, y recuerde todo sobre el mundo, y que después se ría.












miércoles, 6 de febrero de 2013

Hablo sobre ello porque yo sé la verdad.

La miro, habla absorta en sus recuerdos, observando a un presente que pasa desapercibido desde una esquina. Decimos verdades. No nos damos cuentas y seguimos en un entramado de palabras rotas, momentos inesperados, suspiros de terror y algo a lo que yo suelo llamar nostalgia. Mi café está frío, lo sé porque llevo más de media hora sentada mirándolo, ella sigue hablando, yo sigo escuchando.

Recuerdo lo que dije, lo decía enserio. Eso es lo que más me preocupa. Yo siempre supe la verdad sobre todo. Conozco a todas las almas que les he arrancado el corazón sin piedad. Conozco todos los nombres de mis victimas. Me acuerdo de todas mis frases llenas de odio, de algo que podría llegar a romper a cualquier ser de piedra.

Camino por la calle con la cabeza muy alta, mirando hacia el frente mientras escucho las historias que un día reviviremos. Parece cansada, últimamente siempre lo parece. A veces me asusta pensar en ello. Luego pienso en mis secretos y sonrío mientras ella dice que todo es confuso y ha cambiado. Es cierto, todo ha cambiado.
Sonreímos. Las dos sabemos la verdad, la historia oculta entre la falsedad, lo que realmente pasó, quien tiene la culpa realmente. Estoy exhausta de ocultarlo todo, de mentir, de no poder volver ha decir las palabras adecuadas en el momento adecuado. Hay cosas que no cambian pese a que todo lo haga. 


Quizás me equivoque pero esto parece ser siempre cierto: Si te enfrías te congelas.

Eso fue lo que me enseñaron de pequeña.



martes, 22 de enero de 2013

Hoy escribo. Escribo para que todo el mundo se de cuenta de que no todo está perdido.

Impulsos. La vida solo son impulsos. Impulso a amar, a odiar. Impulso a reír a carcajadas, a caminar con los ojos cerrados. A gritar. A no saber que decir. Impulsos a llorar de forma estúpida. A mentir sabiendo la verdad. Impulsos a bajar la mirada, a no pestañear. A mirar al mar y sentirte minúsculo. Impulso a perder la cabeza. A saltar desde lo más alto, de caer en lo más bajo. Impulsos de alegría, de tristeza. De aquello que nos mata... de aquello que nos revive. Impulsos, solo eso.
Con cada sentimiento el ser humano cree que se acaba el mundo, sería realmente triste que fuese así, y aunque no lo sea, así lo sentimos.
De forma ingenua observo al mundo con unos ojos grisáceos por culpa de la lluvia y el mal tiempo, a cambiado mucho, o eso creo ver.

La gente de mi alrededor es hipócrita, nunca se da cuenta de lo que tiene delante de sus narices. Nunca.
Y lo peor de todo es que yo cada vez me doy más cuenta de ello, de que la gente va como fantasmas por la calle, que sonríe, pero que en realidad no lo hace. Que todo son mascaras sobre mascaras. Y que el cielo azul se vuelve de muchos colores pero no precisamente azul.

Soy joven, sé que aún no he vivido lo suficiente como para poder juzgar nada, como para poder verlo todo, si es que debo de llamarlo así. Pero hay cosas que sí sé. Sé que ver llorar a una persona no es bueno, ni para ti, ni para la persona. También sé que demasiado frío trastorna al alma, y que si alguien miente tiene alguna razón para ello, aunque ni si quiera sea buena. Y sobre todas las cosas, sé que a nadie le gusta arriesgar para ganar y como cada vez que lo hacemos algo acaba saliendo mal siempre estamos muertos de miedo.

"Alguien acabará sufriendo."  Dice nuestra mente, después de eso ya no movemos un dedo.

Yo conozco a gente que lo arriesgó todo, y todo salió mal, peor que mal. Y aún así sigue en pie, viviendo con llamadas telefónicas mientras escribes rápido, con las mejillas empapadas y los ojos dorados locos por vivir. Esa gente existe, está en peligro de extinción pero existe.
¿Qué quiero decir con esto? Ni yo misma lo sé, pero me da igual. Solo me alegro de conocer a gente que sigue teniendo impulsos, impulsos por hacer algo más que quedarse quieto, por vivir aunque eso signifique acabar con cicatrices por todas partes.

A si que, queridos momentos, hoy escribo. Escribo porque hoy he tenido impulsos y me han hecho sentir un cosquilleo por todo el cuerpo. Escribo porque no es fin del mundo por mucho que hagan noticias sobre ello. Y quien diga lo contrario miente . Miente tanto para el como para todos los de su alrededor.

Para terminar todo esto digo que tengáis impulsos. Que lloréis,  que rías hasta no poder hacerlo más, que mintáis, que digáis la verdad, que os equivoquéis, que caigas, que os levantéis, que os enfadéis, que cantéis bajo la lluvia, que no entendáis nada, que nunca intentéis entenderlo. 
                
              Que viváis...
                      
                   ... que no se os acabe el mundo.







martes, 15 de enero de 2013

Amaban cometiendo crímenes, matando con los ojos.

Caminan de la mano, yo solo veo la escena desde atrás pero aún así me sigue pareciendo preciosa. Creo que sonríen, que hablan de todas las cosas que harán un futuro en común. O tal vez no, tal vez solo sonrían y caminen juntos porque eso, precisamente, es lo que más desean hacer.

Nieva, es extraño que lo haga, sobretodo en esta ciudad donde lo normal no es normal y lo extraño nunca pasa. Pero hoy pasa. Hoy está nevado, nevando de verdad. Hace siglos que no veía la ciudad tan bonita.
Ellos juegan con los copitos de nieve que van cayendo del blanco cielo. Da la sensación de que a su alrededor todo va muy despacio, que a su alrededor todo es muy infinito.
A ella eso solía gustarle. No sé si sigue siendo así porque hace mucho tiempo que no hablamos sobre ello, creo que no lo hacemos porque lo considera parte de un pasado muy difuso. Yo creo que no lo hacemos porque a veces se nos olvida lo que significa para nosotras.

El la mira. Parece asustado, me preocupa, más incluso que las palabras que le sugerí sin darme cuenta. Tal vez la escena llena de felicidad que me imagino no exista porque el sentimiento en si ya no exista, que se haya extinguido porque ellos lo han hecho con el.
Me resulta extraño ser sincera , sobretodo porque cuando lo soy no soy consciente de ello.

A veces creo lo que observo en esta escena se rompería en mil fragmentos si ellos lo vieron, no sé, que perdiera su encanto, su verdadero significado.
Espero no acabar sintiéndome mal por decir la verdad.


La escena tiene un fallo. Casi no me doy cuenta, pero lo he hecho, aunque eso signifiqué un fin, un desastre absoluto del cual soy la única culpable, pero aún así voy ha decir el error en todo esto.
Al principio solo hacían que mirarse a los ojos, que decírselo todo mirándose el uno al otro, como si esperaban que el otro viera la verdad en sus ojos. Ahora miran hacia delante, hablan observando lo que hay delante, mirando al futuro. Ya no se miran a los ojos, ya no esperan ver la verdad en los ojos del otro. Creo que es porque la verdad se a acabado , la otra opción es que me equivoqué (Dios no creo en ti pero, por favor, que me equivoque) , que en realidad solo miren hacia delante de la mano porque no necesitan nada más que eso: una mano a la que agarrarse y lo mismo que ver hacia delante.

De todas formas solo estoy detrás de ellos, observando la escena. ¿Qué voy a saber yo? Solo veo lo que ellos no, y eso no suele contar.
 Ojalá que en este caso tampoco porque la escena sigue siendo preciosa.
 La mentira sigue siendo preciosa.





miércoles, 2 de enero de 2013

Mírame. Después de ser destruida me cargué a unos cuantos como tu.

A crujido mi pecho después de tanto frío comprimido, se a vuelto todo negro a mi alrededor, ni siquiera distingo lo que es respiración y lo que es llanto. Me descubro de todas mis máscaras, me quedo indefensa ante este destino feroz que intenta hacerse con mi mente. Temo que lo consiga.
No me atrevo a mirar hacia arriba, cualquier expectativa está demasiado alta, cualquier palabra puede hacerme tropezar sin querer, me he vuelto de un cristal enfermizo, mis ojos se han oxidado cansados de tantas mentiras a las que mirar.
Me chillan los libros apilados en mi rota estantería, dicen que debería luchar contra todo lo que se me cae encima, pero es imposible, me han caído tantos venenos que el mínimo movimiento me produce pinchadas en lo que parece quedar de mi corazón.
Podría decirse que estoy acabada, arruinada después de todas mis frívolas palabras y mis gestos de hielo. Por culpa del frío me he agrietado y me he convertido en una sombra.

Palpo la suave frialdad del acero escurriéndose de mis dedos. Es como si mis venas estuviesen a punto de estallar por toda la adrenalina que llevo dentro, me transformo en un monstruo que nadie controla, que se muere por hacer daño sin tocar. Mis palabras suenan como ecos sin fondo, como ruidos sordos sin más. Destrozo al aire con solo una mirada. Lo peor de todo ellos es que aún así no consigo sentirme mejor. Mi alma sigue vagabundeando entre las pesadillas, mis manos están destrozadas después de toda la culpabilidad. Siembro el miedo de formas tan espeluznantes que ni el más valiente se atreve a mirarme de frente, yo evito mirarme al espejo. No puedo conseguir nada bueno haciéndolo.

La gente cree que algún día me arrepentiré de todo esto, de haberme convertido en un espectro que solo maltrata al tiempo hasta que se desvanece. Lo que no saben es que en un tiempo ya lo hice, y que ahora, no me paro ni un segundo a pensar en lo que será de mi. No vale la pena hacerlo. 


                                 - Soy una causa perdida. Quizá la mejor de todas....-