No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

martes, 22 de enero de 2013

Hoy escribo. Escribo para que todo el mundo se de cuenta de que no todo está perdido.

Impulsos. La vida solo son impulsos. Impulso a amar, a odiar. Impulso a reír a carcajadas, a caminar con los ojos cerrados. A gritar. A no saber que decir. Impulsos a llorar de forma estúpida. A mentir sabiendo la verdad. Impulsos a bajar la mirada, a no pestañear. A mirar al mar y sentirte minúsculo. Impulso a perder la cabeza. A saltar desde lo más alto, de caer en lo más bajo. Impulsos de alegría, de tristeza. De aquello que nos mata... de aquello que nos revive. Impulsos, solo eso.
Con cada sentimiento el ser humano cree que se acaba el mundo, sería realmente triste que fuese así, y aunque no lo sea, así lo sentimos.
De forma ingenua observo al mundo con unos ojos grisáceos por culpa de la lluvia y el mal tiempo, a cambiado mucho, o eso creo ver.

La gente de mi alrededor es hipócrita, nunca se da cuenta de lo que tiene delante de sus narices. Nunca.
Y lo peor de todo es que yo cada vez me doy más cuenta de ello, de que la gente va como fantasmas por la calle, que sonríe, pero que en realidad no lo hace. Que todo son mascaras sobre mascaras. Y que el cielo azul se vuelve de muchos colores pero no precisamente azul.

Soy joven, sé que aún no he vivido lo suficiente como para poder juzgar nada, como para poder verlo todo, si es que debo de llamarlo así. Pero hay cosas que sí sé. Sé que ver llorar a una persona no es bueno, ni para ti, ni para la persona. También sé que demasiado frío trastorna al alma, y que si alguien miente tiene alguna razón para ello, aunque ni si quiera sea buena. Y sobre todas las cosas, sé que a nadie le gusta arriesgar para ganar y como cada vez que lo hacemos algo acaba saliendo mal siempre estamos muertos de miedo.

"Alguien acabará sufriendo."  Dice nuestra mente, después de eso ya no movemos un dedo.

Yo conozco a gente que lo arriesgó todo, y todo salió mal, peor que mal. Y aún así sigue en pie, viviendo con llamadas telefónicas mientras escribes rápido, con las mejillas empapadas y los ojos dorados locos por vivir. Esa gente existe, está en peligro de extinción pero existe.
¿Qué quiero decir con esto? Ni yo misma lo sé, pero me da igual. Solo me alegro de conocer a gente que sigue teniendo impulsos, impulsos por hacer algo más que quedarse quieto, por vivir aunque eso signifique acabar con cicatrices por todas partes.

A si que, queridos momentos, hoy escribo. Escribo porque hoy he tenido impulsos y me han hecho sentir un cosquilleo por todo el cuerpo. Escribo porque no es fin del mundo por mucho que hagan noticias sobre ello. Y quien diga lo contrario miente . Miente tanto para el como para todos los de su alrededor.

Para terminar todo esto digo que tengáis impulsos. Que lloréis,  que rías hasta no poder hacerlo más, que mintáis, que digáis la verdad, que os equivoquéis, que caigas, que os levantéis, que os enfadéis, que cantéis bajo la lluvia, que no entendáis nada, que nunca intentéis entenderlo. 
                
              Que viváis...
                      
                   ... que no se os acabe el mundo.







martes, 15 de enero de 2013

Amaban cometiendo crímenes, matando con los ojos.

Caminan de la mano, yo solo veo la escena desde atrás pero aún así me sigue pareciendo preciosa. Creo que sonríen, que hablan de todas las cosas que harán un futuro en común. O tal vez no, tal vez solo sonrían y caminen juntos porque eso, precisamente, es lo que más desean hacer.

Nieva, es extraño que lo haga, sobretodo en esta ciudad donde lo normal no es normal y lo extraño nunca pasa. Pero hoy pasa. Hoy está nevado, nevando de verdad. Hace siglos que no veía la ciudad tan bonita.
Ellos juegan con los copitos de nieve que van cayendo del blanco cielo. Da la sensación de que a su alrededor todo va muy despacio, que a su alrededor todo es muy infinito.
A ella eso solía gustarle. No sé si sigue siendo así porque hace mucho tiempo que no hablamos sobre ello, creo que no lo hacemos porque lo considera parte de un pasado muy difuso. Yo creo que no lo hacemos porque a veces se nos olvida lo que significa para nosotras.

El la mira. Parece asustado, me preocupa, más incluso que las palabras que le sugerí sin darme cuenta. Tal vez la escena llena de felicidad que me imagino no exista porque el sentimiento en si ya no exista, que se haya extinguido porque ellos lo han hecho con el.
Me resulta extraño ser sincera , sobretodo porque cuando lo soy no soy consciente de ello.

A veces creo lo que observo en esta escena se rompería en mil fragmentos si ellos lo vieron, no sé, que perdiera su encanto, su verdadero significado.
Espero no acabar sintiéndome mal por decir la verdad.


La escena tiene un fallo. Casi no me doy cuenta, pero lo he hecho, aunque eso signifiqué un fin, un desastre absoluto del cual soy la única culpable, pero aún así voy ha decir el error en todo esto.
Al principio solo hacían que mirarse a los ojos, que decírselo todo mirándose el uno al otro, como si esperaban que el otro viera la verdad en sus ojos. Ahora miran hacia delante, hablan observando lo que hay delante, mirando al futuro. Ya no se miran a los ojos, ya no esperan ver la verdad en los ojos del otro. Creo que es porque la verdad se a acabado , la otra opción es que me equivoqué (Dios no creo en ti pero, por favor, que me equivoque) , que en realidad solo miren hacia delante de la mano porque no necesitan nada más que eso: una mano a la que agarrarse y lo mismo que ver hacia delante.

De todas formas solo estoy detrás de ellos, observando la escena. ¿Qué voy a saber yo? Solo veo lo que ellos no, y eso no suele contar.
 Ojalá que en este caso tampoco porque la escena sigue siendo preciosa.
 La mentira sigue siendo preciosa.





miércoles, 2 de enero de 2013

Mírame. Después de ser destruida me cargué a unos cuantos como tu.

A crujido mi pecho después de tanto frío comprimido, se a vuelto todo negro a mi alrededor, ni siquiera distingo lo que es respiración y lo que es llanto. Me descubro de todas mis máscaras, me quedo indefensa ante este destino feroz que intenta hacerse con mi mente. Temo que lo consiga.
No me atrevo a mirar hacia arriba, cualquier expectativa está demasiado alta, cualquier palabra puede hacerme tropezar sin querer, me he vuelto de un cristal enfermizo, mis ojos se han oxidado cansados de tantas mentiras a las que mirar.
Me chillan los libros apilados en mi rota estantería, dicen que debería luchar contra todo lo que se me cae encima, pero es imposible, me han caído tantos venenos que el mínimo movimiento me produce pinchadas en lo que parece quedar de mi corazón.
Podría decirse que estoy acabada, arruinada después de todas mis frívolas palabras y mis gestos de hielo. Por culpa del frío me he agrietado y me he convertido en una sombra.

Palpo la suave frialdad del acero escurriéndose de mis dedos. Es como si mis venas estuviesen a punto de estallar por toda la adrenalina que llevo dentro, me transformo en un monstruo que nadie controla, que se muere por hacer daño sin tocar. Mis palabras suenan como ecos sin fondo, como ruidos sordos sin más. Destrozo al aire con solo una mirada. Lo peor de todo ellos es que aún así no consigo sentirme mejor. Mi alma sigue vagabundeando entre las pesadillas, mis manos están destrozadas después de toda la culpabilidad. Siembro el miedo de formas tan espeluznantes que ni el más valiente se atreve a mirarme de frente, yo evito mirarme al espejo. No puedo conseguir nada bueno haciéndolo.

La gente cree que algún día me arrepentiré de todo esto, de haberme convertido en un espectro que solo maltrata al tiempo hasta que se desvanece. Lo que no saben es que en un tiempo ya lo hice, y que ahora, no me paro ni un segundo a pensar en lo que será de mi. No vale la pena hacerlo. 


                                 - Soy una causa perdida. Quizá la mejor de todas....-