No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

sábado, 30 de marzo de 2013

Hoy hace un día perfecto. Perfecto para que nada encaje y puedas reírte de ello.

Lluvia, autobuses sin rumbo fijo, palabras que se dicen sin más y se oyen de fondo, paraguas negros rotos, confidencias, susurros en peligro de extinción .
Hoy es uno de esos días en los que todo sale mal y aún así carece de mayor importancia. Donde si se dice algo, se olvida; porque nada es lo suficiente importante.
La gente te miente, te mira y sonríe, tu haces como que no te das cuenta y sigues adelante, así se forjan nuestras vidas. Pero siempre hay algo que rompe la regla, algo que estropea tu metáfora por vida.

Un día te despiertas y llueve, el cielo está gris, la gente te mira, pero no importa. No te importa porque después de muchas historias de terror tu has averiguado la verdad sobre todas sus almas, sobre lo que esconde el fondo de sus miradas. Sabes el dolor, la tristeza acumulada en los oscuros rincones, los recuerdos que no podrán llegar a olvidar jamás por culpa de la felicidad que un día les produjeron. Y sonríes, les sonríes a todos y cada uno de ellos como muestras de complicidad. Como muestra de que aunque no sabrías que decirles les apoyas, aunque no les conozcas, aunque no pienses jamás en conocerles.
Y por un día, por un simple y encantador día eso te es suficiente para sentir el cálido latir de un corazón vivo en tu pecho, porque eso si importa. Sientes como la sangre fluye por tus venas dejando un gusto de esperanza que nadie puede arrebatarte durante ese día, no importa que te digan o que veas ese día, la sensación no desaparece.
Un día te despiertas y casi pierdes el autobús, te dan una mala nota en un examen importante, tu amiga de siempre está rara y llueve a mares, pero nadie es capaz de sacarte esa maldita sensación que te hace sentirte viva y sonreír.

Hoy hizo un día perfecto. Perfecto para que nada encajara, para que nada tuviera sentido, para que nada importara en realidad y puedas reírte de ello.




sábado, 23 de marzo de 2013

Ama, y si no sabes respira. Es casi lo mismo.

Lo he pensado mucho, muchísimo en realidad, supongo que es porque aún no sé lo que es. Tal vez porque no lo veo lógico, pero yo no veo lógico nada a estas alturas. Pero, ¿qué es amar realmente?

Algunos dicen que es una simple reacción química que hace que nuestro corazón bombeé a 130 pulsaciones por minutos, que la presión arterial suba, que se liberen grasas y azúcares para aumentar la capacidad muscular y que se generen mayor número de glóbulos rojos para mejorar el trasporte de oxígeno por la corriente sanguínea. Otros dicen que es el sentimiento más grande del mundo, el más importante y extraño. El que te hace decir, hacer o pensar cosas que en otros momentos podrían llegar a asustarnos.
Otros dicen que es un enfermedad muy peligrosa que te hace caer en un pozo profundo de dolor y al final acabas con el corazón combertido en hielo.

No lo entiendo. Lo digo siendo sincera. No lo entiendo. Tampoco sé si quiero entenderlo todo, pero no lo entiendo.
¿Qué tiene que ver un sentimiento con una reacción química con un corazón helado? ¿Polos de sabor de fresa?

No. Definitivamente no sé nada de amor, no lo he sentido, no sé lo que es. Porque creo que amor podría ser todo, desde el amanecer que te obligan a ver a las ocho de la mañana todos los días, o ese inconfundible olor a tinta y papel que puedes percibir al oler un libro, o ese río cristalino en el que recuerdas haberte bañado miles de veces en tu infancia. O podría ser helado de menta chocolate o el agua fría en los días de calor, o podría ser tu mejor amigo, o tu mejor amiga, o tus clases de teatro, o ese profesor que aunque no es el mejor del mundo te hace reír en los días que no estas muy animada. O podría ser tu serie de televisión favorita o ver a tu padre prepararte el desayuno los sábados por la mañana, o esa libertad que sientes al ir a un bosque a dar un paseo con la bici, o yo que sé. Lo hacemos todo complicado y en este caso voy a llevar a un mundo entero la contraria. No, no tengo ni idea de que es el amor, pero para mi es algo simple, muy simple. Y lo seguirá siendo.

A sí que no he amado, no sé me da bien amar, pero si sé respirar. Respirar me encanta y para mi eso es amar.












jueves, 21 de marzo de 2013

And suddenly, I felt nothing.

Te despiertas, respiras hondo hasta que el aire llega a tus pulmones y después abres los ojos. Te encuentras con la realidad , que no es ni buena ni mala, solo es, y decides levantarte y mirar por la ventana a ver que desgracias se avecinan hoy. Y sonríes. No tienes explicación posible, ni nadie delante, ni siquiera sabes que pensamiento a pasado por tu mente para hacerlo, pero lo haces y acabas riéndote sola en tu habitación .

Caminas, escalas cuestas llenas de terror, corres por terrenos llenos de mentiras y cuando llegas al final puedes verlo todo desde arriba, desde esa perspectiva que tienen las ciudades desde los puntos más altos. Y de repente sin saber porque tienes un nudo en la garganta y desapareces del mundo sin saber como.

Vives, bajo música alta, sobre palabras llenas de nada, ríes con indiferencia. No tienes nada que hacer peor que hablar, a si que hablas. Hablas hasta que las cosas estúpidas se acaban, hasta que tus pensamientos se confunden, hasta que no reconoces a nadie de los que ves, hasta que te cansas. Y de repente estás sentada en una silla sin saber que pensar exactamente y lo miras todo de forma conmovedora.

Esperas dentro de un frío único de invierno, relajas tus músculos para no temblar. Miras a la gente pasar por la calle esperando algo entretenido que observar, solo encuentras a gente vestida de gris, pero tu sigues observando; y pasan los segundos y los minutos hasta que por fin la persona con la que te has citado hace el milagro de aparecer y no sientes alivio o alegría, solo le miras y de repente no sabes que haces allí.

Todo cambia, no para, todo queda atrás, olvidado, escrito, enterrado. Y un día, hablas y no sientes nada. Callas y no sientes nada. Escribes y no sientes nada. Escuchas y no sientes nada. Caminas y no sientes nada.
Y de repente, no siento nada.
Nada suficiente bueno o malo, nada que te haga reaccionar y te preguntas cuánto tiempo pasó desde que sentiste algo. No lo recuerdas, y le dejas de dar importancia porque en ese preciso instante no importa. Tampoco importa reír, o llorar, o sonreír, o respirar. No importa porque no recuerdas nada que te haga sentir viva y acabas en un banco destartalado hecho trizas, congelada, pensando en que pasó para que dejaras de sentir cualquier cosa.
Y lo recuerdas.  Aunque no estás segura de que de verdad importe.