No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

sábado, 20 de abril de 2013

Merecemos decir mentiras porque así reconocemos que tenemos cosas que esconder.

El mundo siempre ha sido duro con todos.
A algunos les arranca lo que más quisieron, a otros les congela el corazón con susurros que nadie más puede escuchar, a otros solo les destroza y les deja indefensos frente a una vida entera. Se esconden tan bien que desaparecen incluso para ellos mismos y no queda absolutamente ninguna prueba que diga que algún día estuvieron aquí, entre toda esta tristeza palpable que nadie se atreve a escuchar porque cada uno ya tiene su propio infierno.
Conozco a gente tan fría que lleva sin reír años muy largos, también a otros que cuando les miras a los ojos ves una pupila dilatada que te enseña un vacío inmenso. Conozco a gente tan fría que la miras y no ves vida en ellos, son sombras cansadas de respirar entrecortadamente.

Tenemos secretos que acaban con nosotros si permanecen en silencio y nos destrozan del todo si nos atrevemos a pronunciar.
Son dolores tan hondos que nadie sabe que decir, ni hacer, ni a donde mirar. A si que no miramos , ni nos atrevemos a sentir nada porque hacerlo sería como una muerte súbdita acelerada; y la gente se olvida de que está ahí pero sigue ahí. La gente queda arruinada, muerta de miedo. Nunca encuentra a la persona indicada para poder confiar y soltar todo su dolor. Este sigue creciendo más y más a cada instante.
Podría decir que hay un final para todas historias desconsoladas, no lo sé. Me encantaría saberlo pero no lo sé porque a toda persona que observo la veo tan destrozada que no sé que decirles.
La gente necesita sinceridad, algo que les diga que la verdad, que todo lo que temen no lo ven solo ellos.
Y por eso, precisamente por eso, cada persona que dice una verdad es como una llama encendida en medio de una terrible tormenta. Se acaban apagando, pero a veces, solo a veces pueden llegar a decir algo que haga que el corazón de alguien reaccione ante su alrededor y vuelva respirar profundo.

Por eso mentimos. Quiero decir, por eso intentamos mentir. Porque estamos asustados: cada uno de algo que le atormenta, que no le deja dormir; pero solo es miedo comprimido. Secretos que en algún momento de nuestra vida se volvieron demasiado importantes y nos hicieron volver de hielo, pero incluso las personas de hielo tienen frío.
Sí, lo tienen. Por eso conozco a gente que tiene una mirada con pupila dilatada y un vacío inmenso y aún así puedes ver que debajo de todo eso hay más, mucho más.
Por eso me gusta observar a la gente, porque debajo de ella, debajo de una mirada o una palabra, o una sonrisa forzada, una pose incluso esa manía que tiene de comerse las uñas hay mucho más. Hay tanto que puedes saber su verdad a base de ello y eso te convierte en un peligro para el mundo, en una sinceridad a la que todos temen. Te conviertes en una mentira, porque debes tener cuidado de que nadie descubra que sabes la verdad. Escondes lo que todo el mundo puede observar a simple vista pero nadie puede llegar a comprender del todo.
Te tendrán miedo,el mundo entero lo hará porque tu eres la verdad en su estado puro. Serás todo aquello que les atormenta , todo lo que no les deja dormir, la causa de su mirada vacía y de esa sonrisa fingida y pese a ello serás su única esperanza de sobrevivir.

A si que seas quien seas, si eres una verdad sobrevive. Hay un mundo entero atormentado, cámbialo.
Se un mentiroso y di la verdad.













sábado, 6 de abril de 2013

En realidad, hoy me siento efímera.

Me pesa el cuerpo. Algo dentro de mi hace que me cueste respirar y cada vez que me pare mi cuerpo pida quedarse quieto para siempre.
En las calles de mi pequeña ciudad hace frío, ese frío al que un día se le ocurre volver para que sepas que jamás morirá. El viento arrebata sentimientos a su paso. Todo va demasiado rápido y despacio a la vez. Los recuerdos te visitan a cada paso lleno de tristeza que das. No encuentras fines prácticos.
La música suena sorda en tus oídos, hace que todo parezca mentira .
Sin saber como estás medio corriendo, escondiéndote en un callejón lo suficiente oscuro para reprimir ese nudo en la garganta. Tengo algo en el pecho que me hace preguntarme el porque de todo.
En ese momento el frío no importa, ni el nudo en la garganta, ni no encontrar fines prácticos. Solo no importa, en algún momento desaparecerán sin que te des cuenta.
La realidad es así.
Me pregunto que pasará dentro de unos meses, cuando todo cambie con el verano, cuando todo se olvidé.
Me pregunto si habrá una tarde en la que salga a por un libro y todas las librerías estén cerradas. También si me encontraré de nuevo con almas a las que un día aprecié, si tendré el sentimiento de culpa y vacío en el pecho, si él desaparecerá, si volveré a sentir frío durante los meses de calor.
Porque todo está ahí hasta que un día se esfuma. Y la regla se cumple con todo. Eso es lo más triste.

Tengo la sensación de vivir en algo a lo que no pertenezco y a lo que no puedo controlar. Todo se reduce a una verdad estúpida y a palabras que siempre acabas olvidando, porque olvidas, todos lo hacemos; entre otras cosas.
Imagino que me siento así porque yo también terminaré en algún momento, como los libros, como aquellos finales de ellos que te rompen el alma y no puedes cambiarlo porque las palabras han acabado.
Yo soy tan efímera como tú, como el tiempo, como un invierno que volverá el año que viene, como el frío, como los nudos en la garganta, como la realidad que hoy nos habita y mañana nos abandona.