No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

viernes, 5 de julio de 2013

Perdiendo instantes con olor a mar y humo.

Me despierto rodeada de una luz acaramelada que deja ver el ático sobre el que duermo. Todo sigue igual que el día anterior, que la noche anterior, pero la escena penetra en mi corazón de forma más concisa y me deja ver cosas que antes no veía. El tiempo ha ido estropeando los muebles de la vieja habitación, el oxígeno a oxidado las cerraduras, el suelo cruje con cada paso.
Es conmovedor todo lo que es capaz de hacer el tiempo, y eso que desconozco la forma anterior de esta casa.
Cuando lo vi no supe donde empezaba y donde terminaba, solo veía una gran masa de miles de tonos de azul sobre bruma y bruma; el viento hacía que se te congelara el corazón con cada latido y pude percibir la sensación que produce el ronroneo del mar a gran altura. Aunque fue precisamente la altura lo que hizo que volviera a la realidad, donde todas las palabras escondidas y no dichas siguen en el mismo lugar que siempre esperando y sabiendo que jamás cambiarán nada.
A mi alrededor todo es confuso, el humo que observo me cautiva, me adormece lentamente mientras escucho como anochece entre estrellas y pájaros de última hora. La tristeza que se creó en el aire alejaba a la oscuridad y su misterio y poco a poco comprendí que los instantes de verdad surgen en medio de sentimientos extraños y lugares equivocados, a si que no me permití seguir soñando porque podría haberme matado y eso, si que fue triste.