No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

viernes, 30 de agosto de 2013

Querido Morgan:

Prometo guardar los secretos que susurres en la oscuridad, escuchar las mentiras que me cuentes y no preguntarte porque ocultas la verdad. Prometo apoyarte en todos los mundos paralelos que se te ocurra, viajaré contigo a Nunca Jamás todas las veces que necesites sentirte niño otra vez. Prometo que jamás te dejaré solo cantando una canción cuando todos miren expectantes. Me tiraré desde los puentes si tu te caes, inventaré escusas para salvarte de las torturas de la vida, compartiré mi copa de helado todos los día que tu te olvides de que la vida cuesta. Te protegeré de tus peores pesadillas cuando estés muerto de miedo, te leeré cuentos hasta que consigas dormirte. Te daré la calma en la tormenta cuando no puedas más, llenaré tus vacíos. Si te destrozan te recompondré. Haré que sonrías en los funerales más tristes y que no puedas respirar de la risa cuando peor te sientas. Prometo acompañarte al hospital , aunque me muera de miedo cada vez que entre. Detendré incendios por ti, haré que nieve el día que quieras hacer muñecos de nieve. Te respaldaré en tus planes fallidos, coseré tu corazón cada vez que alguien lo dañe.
Somos un pac que nadie separa. Velaré por ti, cantaré nanas hasta que se te agoten las lágrimas, curaré tus heridas más profundas con buenos recuerdos. Compartiré aventuras que nadie más conocerá.
Prometo no cansarme cuando tu estés derrotado, caminar por los dos cuando tu desaparezcas, salvarte de los fantasmas siempre que vayan a por ti. Prometo que gritaré defendiéndote cuando intenten hacerte daño, que me reiré de ti por las cosas que más te molesten, que tendré cuidado cada vez que tu estés en ruinas.
Prometo cuidar de ti como a los libros, no dejando que ninguna hoja se arrugue o rompa. Tendré en cuenta los detalles que nadie vea, jamás olvidaré los días importantes para ti. Nadaré por océanos para encontrarte y poder alejarte del hielo frío. si te pierdes en bosque pasaré la noche en vela hasta llegar a ti. Haré que no te sientas tan perdido cuando ya no sepas que decir. Lo apostaré todo por ti, por tu alma, por tu vida. no me rendiré contigo en ningún momento, no dejaré que abandones.
A si que escribo esto con el corazón en un puño, ofreciéndote mi esperanza cuando la necesites, sellando el pacto con toda la lealtad que corre por mis venas, respirando por ti cuando no te quede aliento. Prometo prometer que las promesas que diga sean de verdad, lo pongo por escrito.
A cambio no me olvides, no me dejes en un rincón, regálame alguna sonrisa de vez en cuando yo intentaré que mi corazón no se convierta en hielo.

Con cariño, Ann.

Pdt: Te quiero Morgan.







domingo, 25 de agosto de 2013

Y así, tras varias noches de insomnio, florece Abril.

El río está a punto de desbordarse, nadie lo ha visto así desde el 99. El suelo estaba lleno de pétalos rosas de los almendros ya florecidos pero la lluvia se lo ha llevado todo y ha dejado un aroma a húmedo, a mojado.
El cielo está algo apagado, no sabe como estar. Un rato está azul, por la mañana morado y al instante siguiente ya se ha vuelto a nublar. El viento sigue en pie, frío, nunca se marcha. Todo parece una gran película que va a cámara rápida, en algún momento se acabará, hasta entonces yo sigo sentada frente a la venta , pensando.
Todo pasó fugazmente, un discusión sin importancia, un grito, un portazo y al final del libro un cuaderno más destrozado. Me sigue sorprendiendo lo frágil que puede llegar a ser el mundo. Incluso el más duro diamante con un leve roce en el lugar oportuno puede hacer que quiebre.Y así tras noches y noches de dar vueltas en la cama, de pensar sobre un destino que nadie escribe en realidad, tras café con demasiado azúcar (aunque me de igual), tras todo eso sigo con una sensación extraña en la garganta.
Creo que he dejado de tener cosas importantes que decir. Me paso horas y horas en silencios y empiezo a creer que el tiempo me gasta una broma pesada.

Querido Abril:
si te queda tráeme más lluvia, y si no tráeme un poco más de paciencia. Creo que se me está acabando.




Cuentas de dos en dos y me saltas a mi.

Saltaste desde acantilados más altos que rascacielos, perseguiste a las sirenas hasta las profundidades de los océanos, caíste en madrigueras muy profundas y siempre conseguiste salir, te rompieron el corazón y tu mismo te lo cosiste con hilo de plata y mucha paciencia. Nadie se a atrevido a derribarte. Nada es capaz de hacer que te rindas.
Hay algo en tu organismo que te hace ser un superviviente y algo que a base de eso te ha hecho ir perdiendo cosas.
Perdiste la delicadeza, la dulzura, también las ganas de decir la verdad y esas sonrisas que echabas al aire y que parecían iluminar mundos enteros.
Eres capaz de aguantar la respiración todo lo necesario para que no te descubran las sombras, de guardarte los gritos todas las noches pero tu alma se ha quedado a medias y ya nadie se atreve a mirarte a los ojos.
Te gustaba cantar en la ducha todo lo alto posible, lo recuerdo muy bien, lamento que eso cambiara. Tampoco soporto que tu recuerdo cada segundo sea más difuso, que ya no sobrevivas, que hayas perdido ese valor que te representó hace no mucho.
Lamento que hayas desaparecido tan rápido, que te hayan destrozado. Lo siento mucho, fue culpa tuya olvidarme.
Recuerdalo.



viernes, 23 de agosto de 2013

Razones equilibradas de no pensar.

Estaba harta de tanta falsía y cobardía que habitaba las calles que paseaba. Harta de las miradas hipócritas, los destartalados rostros que juzgaban a cada transeúnte al pasar.
Estaba harta de lo que me rodeaba porque representaba una de las mayores mentiras del mundo. Un complot a mis espaldas sobre como dominar mi mundo y mi destino; algo ingenioso y retorcido.
Y allí estaba yo, sentada en un gran lugar lleno de baldosas de piedra desgastadas, perpleja por el destino que me obligaban a vivir, que asumía vivir.
Era tan ridículo, las palabras de cortesía eran hechos sin importancia, la música de fondo no tenía sentido, la gente era fantasmas. Yo estaba en medio de todo aquello, sobreviviendo con bocanadas de aire profundas, contando mentalmente los destrozos de alma que veía según pasaban.
De repente no importaba nada, ni el más mínimo detalle de la escena todo desaparecía después de un grito agudo que se expandía en ondas de sonido en apenas instantes. Todo caía como un castillo de naipes. Nada conseguía mantenerse de pie pasado aquel extraño sonido.
Lo más extraño de todo era que aquella arruinada voz sonaba muy lejana a mi, podría haber jurado que estaba a infinitos de mi posición, habría puesto los restos de mi corazón en el fuego por ello; pero el grito era mío. Había salido limpio de mi garganta dejando un reseco dolor de agradecimiento, como si hubiese estado guardado en lo más profundo de mis cuerdas vocales desde hacía ya mucho tiempo atrás.
Mi cuerpo se estremeció tras darme cuenta de mi acto incomprensible pero algo en mi cerebro susurraba que volviera ha hacerlo, que me dejara la voz en ello, que deshiciera aquella mentira tan absurda en la que vivía minuto a minuto.
A si que me levanté y empecé a gritar con todas mis fuerzas, lo más alto posible, el mayor tiempo que me permitían mis pulmones. En aquel grito estaba todo mi terror, todos mis fracasos, todas las lágrimas que jamás derramaría, en aquel grito dejé mi vida entera y cuando ya no pude más, cuando ya no podía ni mantenerme en pie, cuando incluso el suelo bajo mis pies parecía desaparecer y todo parecía más brillante que anteriormente empecé a reírme como una psicópata.
Desequilibre un mundo entero tanto que lo hice desaparecer delante de las narices del universo.
Desde entonces me parece que la mejor opción cuando todo esta perdido y ya no sabes que hacer es gritar.


sábado, 3 de agosto de 2013

Demasiadas emociones para unos adolescentes acabados.

Llegué allí cuando el sol aún estaba bajo y el aire de la mañana hacia cosquillas; en cada mirada había un brillo especial, uno de esos que solo salen cuando eres tremendamente feliz. Aquel  lugar simbolizará para siempre nuestras libertad a distancia, nuestro corazón vibrante de felicidad en el pecho, significará un hogar al que no podrás volver jamás una vez que te vas y aún así volverás.
Cada día las emociones que florecían en aquel lugar hacía que te sintieras alegre y descompensado, hacia que flotarás cayeras a plomo y te quedaras a centímetros del suelo; nadie contaba las horas ni los instantes solo dejábamos que se nos escaparan de los dedos haciéndonos cosquillas en la piel desgastada por el sol.
Las risas se intensificaban y retumbaban por los techos dejando un eco lleno de ganas de vivir. Cada noche nos abordaba un misterio y nos reservaban las horas extra de la madrugada para poder salir a besar al frío y la adrenalina. Un día se filosofaba y al siguiente alguien gritaba la verdad.
En los ratos libres se dormitaba sobre la realidad y lo que nadie debía saber y cuando alguien caía todos le dejaban sitio para recuperarse, la regla de oro : Nadie se queda atrás. 
Y así pasaron los días; unas veces me encerraba y otras veces salía a correr con ganas de más, al final acabé con un nudo en la garganta por culpa del recuerdo perfecto y la pérdida, una sonrisa triste y a la vez brillante y una de las mayores decepciones de toda mi vida. La historia salió bien, lo sé porque no tengo pensado olvidar un solo instante y me han hecho creer que eso salva a la gente. No echaré de menos la música y mucho menos cuando me dolía todo tanto que casi no podía moverme; pero en algún lugar de mi frío pecho hay un álbum de recortes de esos días y por mucho que pasen los instantes seguirá allí para siempre.


                                 -La gente salió de allí tan hecha polvo que sonreía.-