No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Las cosas oscuras que se esconden en mis ojos.

Te levantas con ganas de algo, con ansia infinita de vida, de sed de sentimientos, de verdad. Sigues tu rutina con una sonrisa maliciosa, una pose confiada y un paso lo más lento posible. Quieres observar a el mundo de tu alrededor, quieres saberlo todo. Pasas de largo los reflejos, los cristales con doble fondo donde los colores agua puedan alcanzarte.
Te tropiezas, típico. Te levantas sacudiéndote el polvo de las manos y de tu garganta empiezan a salir carcajadas. Nadie te molesta, nadie te interrumpe. Eres la excepción peligrosa del mundo, la que puede matarte con una mirada, jamás se atreven a desafiar una palabra tuya. Así sigues, viajando por esquinas con demasiados recuerdos acumulados ajenos a ti, te da igual. Dejaste de controlar sobre sombras e idiomas desesperados hace mucho. Da igual el lugar donde te encuentres siempre acabas jugando con un poco de frialdad, arañando los corazones sanos de tus victimas.
Pones el control automático. Relajas tus músculos, dejas que tu mente divague a oscuras, que tus pestañas te hagan cosquillas en las mejillas. Sientes lo poco que te queda en las venas. El ayer queda muy lejano para pararte a memorar y bailas a ciegas en una habitación demasiado vacía, no tiene sentido,y eso te gusta.

Conviertes a tu alma en una escala de negros brillantes desafiando a todo aquel mentiroso que se tope contigo, nadie te alcanza. Absolutamente nadie consigue decirte cual será tu próximo destino. Te cansas de los amores de carretera y alcohol , todos buscan la verdad que puedes darle para poder seguir respirando con normalidad. Las noches se han frías y largas, adoras poder respirar hondamente hasta colocarte de oxígeno. Vas de fiesta en fiesta reuniendo gente lo suficiente perdida para darle un repaso de tristeza, acabas con la esperanza, con esas sonrisas torcidas, con los éxtasis de mentiras. Consigues que todo el mundo te abandone al final del día para poder irte a tu casa abandonada y cantar. Cantas melodías rotas, llenas de la tristeza que todos te dejan. Ríes sin autocontrol para sobrellevarlo, arrancas páginas y páginas de libros más abandonados que tú, corres a los bosques más profundos, los quemas sin explicaciones dejas que el fuego se propague.
Vuelves a tu escondite sin aliento, con una sonrisa tan triste que dan ganas de llorar. Te desmoronas en el suelo con los ojos cerrados, sabes lo que vendrá después de todo esto. Abres tus ojos , fijas tu mirada en la escena que se dibuja sobre el espejo de tu cabeza, en el techo, unos ojos verdes te miran críticamente, evaluando cada detalle de tu rostro, de tu piel, cada cicatriz invisible a los ojos de los demás. Hay algo en ellos que te asusta, un vacío incomprensible, más grande de lo imaginable. Tienen un brillo demasiado frágil, podría romperse en cualquier momento y dejar al verde desbordarse; tus pupilas están dilatadas, buscan una salida a la trampa mortal que tu misma te has impuesto.

Tu verdad. La misma razón por la que la gente huye de ti. Hay una dureza en tu rostro que se reconoce después de la pérdida y decepción, algo así como un énfasis añadido en tus pómulos para recordarte que estás destruida. En tu mirada no hay nada, solo se encuentra la historia de tu escalas de fracasos en las cicatrices.

Y allí te quedas, con un pulmones con dificultad respiratoria por culpa de la escapada a la realidad, un dolor punzante en el corazón que es casi insoportable y esa mirada que no consigues reconocer que te atormenta recordándote todas las cosas horribles que has hecho.
No te queda más remedio, te ríes, intentas quedarte sin aire para no notar el dolor, evitas las sensaciones que el mundo te proporcionan porque te arruinan. Apagas el interruptor de las emociones y te quedas en el suelo repitiendo una y otra vez en voz alta que estás vivas y que sobrevivirás, porque cada vez que escuchas música te gusta ir a cámara lenta, porque a nadie se le ocurriría descubrirte. Se realista, jamás se atreverán a enfrentarse a un demonio de tu calibre, y por eso te fundes con la mirada de ojos verdes que te observa y sonríes hasta que te duele.

No te preocupes, tranquila. El mundo te perdona tus destrozos, puedes volver mañana. Tal vez puedas dar                                                        la destruir la ciudad un poco más.