No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Quemando neuronas

Amaneció en pesadillas, jugando con mentes, esperando a los recuerdos. Miró al mundo con tanta tristeza que le dolía el pecho y dejo que su cuerpo se derrumbara porque podía permitírselo. Esa era la vida que elegía un año más, un instante más. 
Vivir con tanta intensidad que todo repercutía en sus manos y acababan llenándose de cicatrices. No era nada malo, desde luego, pero cansaba a su existencia y la dejaba tirada en las peores esquinas del mundo, a oscuras y con a penas unas caladas de realidad en su organismo.
No era una sombra, ni un secreto, solo era humo que se escabullía entre las luces brillantes y las palabras.




No era su intención acabar así.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Relatos de niebla y escarcha.

Ante mi vista se cierne una escena literalmente helada, llena de tonos de blanco y frivolidad convertida en escarcha. En el cielo, pálido y tranquilo, danza la niebla con un lento compás desde hace días ya muy largos. Mantiene su intensidad húmeda y misteriosa ocultando los puntos muertos de las calles más recónditas. Deja escondidos a los secretos entre nubes de agua a ras de sueño, convierte en brillo a la oscuridad que se mantiene viva en cada momento.
Es una escena que demuestra que el invierno ha llegado pisando fuerte en mi ciudad, recordando quien puede a quien, enseñando que el frío puede ser más frío aún y que no hace falta nieve ilusionista para que todo este blanco.
Sobre los árboles una fina capa de hielo recubre los escasos tallos realizando caprichosas formas en forma de cristal; parece azúcar glas espolvoreado, como en un obra de arte muy bien hecha. Hace que mires donde mires cada esquina, cada recoveco parezca distante y acogedor al mismo tiempo, que parezca un gran decorado de Navidad.
Y eso es lo que sientes al caminar entre farolas heladas y suelos resbaladizos, un frío que te recorre la columna y termina en el último nervio de tu ser. El cielo está tan cerca que crees que va a tragarte cuando menos te los esperes. La niebla se te mete por debajo del corazón acomodándose en tus pulmones que acaban resentidos y chirriantes.
La escena es un frío tan puro que resulta incomprensible.

Por la noche. las capas de hielo se amontonan sobre las barandillas, la hierva se queda rígida e inmóvil, hasta los relojes parecen tener miedo de moverse por si el frío se da cuenta de su existencia.
Para las sombras el frío solo es un ser que viene y va a su antojo en busca de cuerpos cálidos a los que congelar; sobre ella no surge efecto el aire invernal de la mañana, ni la niebla espesa que te rodea y no te deja ver. A ella no les afecta, no sienten nada, no consiguen entender el roce del hielo, ni la caricia de menos cinco grados bajo cero. Tampoco entienden la superficial ilusión de los reflejos del invierno.