No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Sálvame. Si puedes.

No lo tengo claro. Ni eso ni ningún detalle, es confuso. Me consume. Está acabando conmigo como cuando el Octubre se fue sin avisar - y dolió, dolió mucho porque yo quería que se quedara - .
Pero siempre se van, se desvanecen, la canción se acaba. Dejas de preguntarte el por qué de las cosas y un día te levantas y ya no existe la razón; ya casi no existes ni tú.
Y creo que a veces debería preocuparme mucho más y otras simplemente debería dejarme llevar por todas las pesadillas que me rodean, ir contracorriente siempre hace que tu alma acabe cansada, hace que los rotos se te estiren y las palabras se te consuman en la boca. Te conviertes en óxido e hidróxido y después ya nadie quiere mirarte, y te olvidan. Y te preocupas, pero no tienes claro por qué o por qué no, Y se te escapa Octubre, y el aire y las fuerzas. Y todo. Acabas en una  semi-inconsciencia terminal, como en los antagonistas de las películas. Atrapados en un mundo maligno lleno de dolor del que solo conseguirán salir a base de venganza - y por desgracia, los cuentos siempre tienen finales felices-.

Pero eso, todo eso, no es lo que me hace sentir demasiado pequeña esta noche. Es el dolor, la calma prolongada, mi propio fracaso, la incapacidad para amar algo lo suficiente, mi crueldad y esa mentira que llevo encima desde hace muchos años. Podría elegir escusas de un gran repertorio, pero hoy solo quiero que me salven. Que me despierten, que me revivan, que me amen, que me hagan sentir algo.

A si que, por favor, salvadme.





jueves, 25 de septiembre de 2014

Querida Yo:

No controlo sobre temas de política, ni sé como pueden encajar todas las piezas de un motor para hacer funcionar un coche. Tampoco sé cómo se le ocurrió la disparatada idea de ir a la Luna a un hombre. No conozco el amor de primera mano, no calculo la cantidad de azúcar en el café y suelo estar perdida en mis clases de Matemáticas. No se me da bien decir la verdad, ni sonreír ampliamente, ni confiar en la gente. No sé hablar de sentimientos en persona, ni recordar los nombres de los desconocidos, ni acordarme del cumpleaños de alguien que verdaderamente me importa. No sé llorar en los días tristes , ni sacar un tema de conversación que no sea estúpido, ni defenderme de miradas de color avellana tan peligrosas como la mía. No sé hacer pasta fresca, ni encontrar la emisora correcta en la radio, ni dar los dos besos a saludar. No entiendo nada de pintura, no conozco el nombre de flores bonitas, ni soy la persona adecuada para consolar a nadie. Todos los años olvido como se hacen las líneas paralelas, dejo las palomitas demasiado tiempo en el microondas y nunca me acuerdo del nombre de las películas.
No me gustan los días de lluvias con gafas, ni las impresoras y me he cargado muchas persianas. No recuerdo qué diferencias hay entre el Paracetamol y el Ibuprofeno, de pequeña sufría vértigo y estoy condenada a tener cicatrices en la piel el resto de mi vida.

Soy bastante idiota, a menudo. Siempre.

No recuerdo cuándo es luna creciente y cuando es menguante y nunca he terminado de entender eso de las mareas. Los pasteles de chocolate siempre se me queman por la parte de abajo, he perdido la costumbre de mirar a los ojos a la gente y hablo demasiado alto cuando no debo y demasiado bajo cuando quieren escucharme.
No sé Historia, ni he leído nada sobre revoluciones; en general, leo basura comercial. No me gusta mi nombre, ni mis manos - están muy jodidas y calculo que a los veinte las tendré más arrugadas que las de un anciano-. Soy terriblemente cabezota y perfeccionista, aunque ya me gustaría a mi que las cosas que hago salieran la mitad de bien de como quiero. Odio que mi pelo esté perfecto justo cuando voy a ducharme y que mi madre se empeñe en comprar plantas que no duran ni un mes vivas. No sé de ordenadores, ni de informática, ni de física, ni de química. Ni de la vida, ni de nada.
No me gusta usar posits porque todo lo que escribo en ellos siempre se me olvida , y suelo acabar perdiendo el condenado papelito.
No distingo entre el malva y el magenta, no me gustan las aceitunas y cuando estoy agotada me tomo un vaso de agua fría porque el café ya no me hace efecto.
No soy divertida, ni simpática, ni leal, ni optimista, ni delgada, ni callada, ni si quiera soy feliz. Tengo miedo a los hospitales y a las iglesias; y a la jodida sensación de que has perdido algo que nunca has llegado a tener.
Me invento respuestas después de terminar conversaciones, siempre llego siete minutos antes que el autobús y acabo los bolígrafos demasiado rápido.
No soy buena en nada, ni tengo detalles que puedas encontrar interesantes y solo tengo dos pintauñas. Me obsesiona el frío y tengo una ridícula colección de gorros amorfos ( de esos que todo el mundo lleva, soy así de original). Me muerdo la lengua comiendo palomitas y tengo una lista de música que no profundiza sobre ningún grupo. No me quedan bien los anillos, ni los vestidos y no aguanto ni dos minutos seguidos corriendo. Nadie es capaz de enamorarse de alguien como yo ( que lo comprendo); cuando voy por la calle voy con los cascos y nunca saludo. No me gustan las guitarras, ni el libro de La isla del Tesoro.
Soy insensible, cruel, cínica, frívola y una auténtica estúpida. Y no soy capaz de cambiar de perfume. No me llevo bien con mi hermana y todos mis mejores amigos me han traicionado. No me sé ninguna poesía de memoria y fracasé como actriz en teatro. Odio que me digan que me parezco a mi madre y que me digan que tengo los ojos bonitos ( cuando simplemente son un fallo genético, un órgano que no llegó a desarrollarse al completo). Soy dura con los niños pequeños, les acabo haciendo llorar y he tenido que hundir a varios de mis amigos para que vieran que eran una mierda de persona y que yo era aún peor.


Y nunca estaré cuando me necesites por qué soy egoísta, una condena más. Que más dará...












viernes, 12 de septiembre de 2014

Segunda ronda.

Estamos en la barra de ese bar que a ti tanto te gusta y que a mi me gusta tanto evitar. Aunque hoy te he dado el gusto, dijiste que había sido un mal y tu nunca sueles decir ese tipo de cosas en voz alta.
Bebemos alcohol como si fuera zumo de naranja y la música de ambiente se amplifica cada vez que te ríes. Estamos borrachos de tristeza y drogados por culpa del desamor. Hablas de una mirada que te ha estado rompiendo durante los últimos cinco años y yo asiento y finjo que no me duele el pecho ahí donde se supone que debería estar mi corazón.

Mi gran secreto es que fue extraído hace unos meses, en un día de invierno donde la niebla no te deja ver ni tus propios pies. Dijeron que colapso por culpa del frío y la humedad. Ahora mi organismo funciona con los engranajes de un viejo reloj y el aire del molino de mis pulmones. Por la noche cuando estoy a punto de dormirme siento un leve ronroneo cuando el mecanismo se ralentiza.

A si que, imagínate la escena : los dos borrachos sentados delante de un camarero al que llaman Bob, tú con el corazón hecho pedazos y yo sin corazón. Delante de nosotros hay una botella vacía de ron y una a medias de whisky. Has empezado a recitar un viejo poema que no conozco y tu voz parece que para el tiempo. Se me cae el vaso de las manos y poco después caigo yo. Tu ni te inmutas, lo comprendo tu sistema nervioso está estropeado y eso los engranajes de un reloj no lo pueden arreglar.

Me quedo en el suelo, no me desangro, ni pierdo la consciencia, ni olvido mi nombre o donde estoy. Solo me quedo en el suelo, tirada boca arriba observando un lámpara rota llena de polvo a la que le falta una bombilla. La gente no me mira, hace mucho tiempo que soy como un fantasma; el ser humano no reconoce a aquellos que ya no tienen corazón. Ventajas de ser tan patéticamente sensible al frío.

Mi amigo pide otra botella cuando se acaba el alcohol y cuando por fin pierdo la cuenta de las rondas que ha pedido se levanta y se va olvidándose de mí.

La escena no es real, creo que se puede entender fácilmente,pero la mayoría de nosotros nos sentimos como cuerpos abandonados sin corazón a las once de la noche. Yo por lo menos.




lunes, 8 de septiembre de 2014

Malas rachas.

Caídas libres o reflejos de algo que creíamos que había desaparecido. Está claro que las decepciones no se esconden, prefieren mostrarse cada vez más maquilladas y con sus mejores galas. ¡Qué coño, que las observen! Porque estamos destinados a una soga al cuello y una caída en seco, al igual que las películas de piratas y esas grandes frases de la humanidad que nadie termina de entender del todo.

Diluyete con la lluvia y deja de envenenar cada cosa que rozas, deja de escribirme poemas sobre sobrevolar ciudades encendidas y beber en bares escondidos. Tu ya no existes lo suficiente, no te llega el aire. Te consumes como un recuerdo justo antes de dormir y no puedes parar de cantarme nanas tristes de marineros que se ahogaron en alta mar.

Déjate de delicadeces y palabras bonitas, no me mires con esos ojos tan brillantes y siniestros, escupe la verdad de una vez. No me dejes tomando chupitos sola en una de tus esquinas.

¿No te das cuenta de que no pienso caer de nuevo en tu trampa? ¿No ves que estoy a punto de dispararte a quemarropa? Ya no eres lo que eras, yo tampoco.
Por eso estoy aquí, decidiendo si te disparo ya o espero a los créditos finales.













domingo, 7 de septiembre de 2014

Ni si quiera puedo irme, no tengo a donde.

 Pienso.Todo parece desbordarse, estar a punto de perder la paciencia y romper en chillidos. Se asemeja a mis meses de otoño con las entrañas llenas de hojas secas y soledad. Me acostumbro al nuevo clima y mi piel vuelve a sufrir las consecuencias, estoy condenada a ello.
Pero la música y esa risa tan falsa que suelto últimamente intentan salvarme, hacen de salvavidas en esos momentos donde creo que mi mente se nubla y caigo sin ser sujetada a tiempo (nadie te sujeta a tiempo nunca). Te acostumbras a todo, a respirar sin pensarlo demasiado o a evitar las miradas de colores fríos en los días de lluvia y tormenta.
Y a veces, las cosas que te gustan te acaban haciendo daño , como las tazas de café caliente a las cinco - de madrugada - o esa sonrisa que me dedica cada vez que le veo y los dos parecemos fantasmas.
Por eso hago lo que hago y por eso no puedo evitar evitarlo. Sigo allí, juro que sigo en ese campo de batallas donde hablábamos de futuros incondicionales y ventanas de áticos en París. Te desvaneces, como se desvanecía la voz de mi padre cuando me contaba cuentos de pequeña y acababa quedándose dormido antes de que yo o mi hermana lo hiciéramos. No sé, me atrapas. Me estas rompiendo cada hueso intentando convertirme en mariposa - lo que tu no sabes es que yo en mi interior solo guardo monstruos negros con carcajadas huecas -, Te parece fácil lesionarme una y otra sin recibir una sola queja de mi parte, al fin y al cabo ese era el trato. Me hice a la idea de que ese sería pero sigues cambiando las condiciones cada vez que el viento del Norte se va y vuelve el del
Sur.
Déjame morir en paz, estoy acabada. Ya no soporto pronunciar poemas de amor o cantar canciones a pleno pulmón. Incluso eso me mata, se introduce en mi piel quebrándola y dejando en su lugar un reguero de tinta azul. Se me quema la voz con solo suspirar. Me tropiezo al caminar, la ligereza de mis pisadas se ha escondido de ti. Todos te tienen miedo, yo también.
Lo hago porque recuerdo que te quise mucho. Te quería tanto que a veces me costaba controlarme para no salir volando a contárselo a cada desconocido que pasaba.

A si que, por favor, solo por esta vez; de aquí hasta que el frío vuelva definitivamente, deja de perseguirme entre las sombras y cada noche en mis pesadillas. Ni si quiera te quedaste lo suficiente como para destruirme entera, me dejaste a medias. No me claves más espadas con hojas ardiendo, dame el último golpe de gracia. Deja que me vaya al fondo del lago. Termina conmigo.
Ten la bondad de hacerlo.





















viernes, 5 de septiembre de 2014

Te romperé el corazón,

Con cada palabra, cada frase que dejé caer como si fuera una gran bomba que destroza ciudades y deja miles de muertes. Yo soy así: tóxica. Para ti, el mundo e incluso para mí misma. No sé vivir de otra manera. Supongo que caí en algo de donde ya nadie puede salvarme, fue culpa de todos y un nadie en concreto. Soy demasiado y nada en todo. No sé respirar sin soltar veneno por mis labios. No sé dejar que mi corazón lata con tranquilidad, no puedo dejar a mis manos quietas. No puedo parar a mi cruel cerebro, no dejo que se apague su frivolidad. Mis venas rebosan de un veneno tan mortal que llegarías a suicidarte por probarlo.
Tengo esa mirada que parece que lo sabe todo y que le falta todo también, como si fuera un acertijo que nadie a conseguido descifrar. Me escondo en las sombras las noches que tu caminas solo a casa y miras hacia atrás cada dos minutos para ver si alguien te sigue. Te sigo.
Soy invisible, la parte más oscura de la noche. El error que produce que bebas demasiado vodka y esa sonrisa hueco que sueltas cuando ya no te queda nada dentro. El humo de tus pulmones cuando están completamente contaminados por ese asqueroso aire lleno de verdad.
Soy la cara mala de la moneda, la que hará que tu alma se desangre. La que te enamorará solo para joderte un poco más.

Yo soy eso.
Un corazón roto o una soledad rodeada de nostalgia. La mentira convertida en verdad que te repites cada noche al dormir o el gran amor de tu vida que jamás conocerás. La esperanza de saber que no volverás nunca a ser feliz, la pesadilla que va a romperte una y otra vez - cada vez más-.
Una bala perdida en mitad de una gran guerra y el fantasma que te sigue en tu propia casa. Una mancha de tinta en un papel en blanco.
El detalle que se te escapa.

Me querrás y te querré, pero lo dejaré de lado todo porque jamás conseguiré estar en el nivel que quiero y no vale la pena luchar por un amor que no fuera bueno para ti. No soy buena para nadie pero tampoco soy lo suficiente mala para que me olvides. No podrás olvidarme nunca.

Lo siento, no te dejes llevar por los sentimientos. Será lo mejor para todos.
Porque, de todos modos, te romperé el corazón. Y te gustará y yo estaré encantada. En eso se resume mi existencia. Será mejor aprovecharla porque creo que la cicatriz de siempre vuelve a abrirse. ¡No te preocupes! Se acerca el frío, todo dejará de importar cuando llegue.

Aunque me sigue preocupando que nadie lo vea pero, en fin, yo soy eso. Eso o nada. Lo que prefieras.












domingo, 10 de agosto de 2014

Pintauñas rojo.

Cuando era pequeñas solía irme de vacaciones a un pueblo en el que no había nada. No había gente agradable de esa que te sonríe por las mañanas, ni tampoco una preciosa fuente o una preciosa plaza. No había nada, pero no me gustaba aquel pueblo por lo que no había en él, me gustaba por lo que sí.
Nuestra casa era de piedra, una vieja construcción  fruto de una familia que acabó a kilómetros de distancia de ella, ahí es cuando entramos nosotros, cuando entro yo.
Me críe en ella como lo hacen los niños que aún no saben andar y aprenden a dar sus primeros pasos a tropezones, tenía algo que te atrapaba, un olor distinto, una forma distinta.... Algo que te hacía apreciar los pequeños detalles de forma distinta.

Los sábados por la mañana desayunábamos tarde y después de hacerlo salíamos a la terraza; en ella había tres árboles siempre descuidados y un suelo de piedrecitas que conseguía que te dolieran los pies si andabas descalzo. Nos sentábamos en la sombra, en círculo - con aquel tarro tan pequeño de color azul - e íbamos pasando ese pincel tan desgastado por nuestras uñas.
No tiene nada de especial , diréis. Y es cierto, no lo tiene, es algo sin importancia cuando tienes ocho años. Pero ya ha pasado mucho, lo suficiente como para mirar a atrás de vez en cuando y verlo todo con perspectiva. Y ahora cada vez que recuerdo ese lugar y las cosas tan cotidianas que hicimos allí se me escapan los suspiros de nostalgia.

¿Por qué?  No lo sé realmente, solemos idealizar los recuerdos cuando ya ha pasado lo suficiente, eso o he terminado sacándole cosas buenas a aquellas mañanas de mi infancia en verano, en una casa que no era mía y a la vez siempre lo será.

Hoy lo he recordado por el pintauñas, por algo común, porque antes me pintaba las uñas  de azul siempre (solo teníamos ese color), no había donde elegir.  Lo recuerdo porque ahora me las pinto de rojo.









































sábado, 12 de julio de 2014

Bajo amenaza.

Me extingo como se extinguen los sueños sobre Peter Pan o la niebla helada de Enero en mi ciudad, por culpa del oxígeno.
Doy por perdida la posibilidad de poder contar el resto de la historia.













miércoles, 25 de junio de 2014

Sabes a café.

Como esos libros filosóficos que hasta que no terminas no entiendes  o esas llamadas anónimas que piden ayuda desesperada a las cuatro y cincuenta y dos minutos de la mañana. Eres voluble, te dispersas en el mar de la inconsciencia y terminas en puertos lejanos sin siquiera quererlo. Tienes en la mirada ese constante toque amargo que hace que quieras saber mucho más de lo que sabes, aunque después cuando te pregunte sobre lo que realmente te preocupa acabas mintiendo diciendo que hoy la luz del sol te hace daño al alma y que por eso evitas las miradas. Eres cálido. Utilizas la sutileza de tus manos para darle fragilidad a todo, incluso aunque lo que tengas en tu poder sea un cuchillo de acero inoxidable.
Tu sabor es fuerte, a veces se dulcifica con una sonrisa pero por lo general tus labios están en constante tensión pensando en su siguiente adivinanza invertida. Despiertas, asombras a cualquiera que se digne a regalarte una mirada, se te podría comparar con una rayo de luz en medio de la noche de seis meses del Polo Norte.

Vuelves adicto a todo el que te toca, a todo el que te prueba. Me volviste adicta con esas historias tuyas sobre niños perdidos que acaban ahogados por culpa de un princesa con vestido destrozado; conseguiste que necesitara tus ojos de color marrón profundo cada tarde antes de las "buenas noches" y cada mañana en el lado izquierdo de mi cama.
Te convertiste en mi debilidad, en mi pasión en una semana;  y después de un año ya no hay forma de sacarte de mis lápices de colores.

Y a veces me susurras que no entiendes que haces hablando conmigo en medio de la calle sobre por qué la gente sonríe tan poco cuando va por la calle o comentas de la nada que te encantaría llevarme al mar, a dar una vuelta, aunque el mar esté a más de 400 kilómetros de nosotros.

No entiendo tu forma de vivir, tan homogénea y a la vez tan extrema. Porque un día estás aquí y al siguiente ya has desaparecido en busca de una de tus peligrosas aventuras. Me asustas. Me recuerdas al café. A la taza con tres cucharadas de azúcar que me tomo cada mañana para poder seguir con consciencia un poco más. Ayudas a mi organismo a continuar cuerda y a la vez me vas volviendo un poco más adicta cada día a tu sabor amenazador.

Pero me gustas. Me gusta cuando susurras que todo va a salir terriblemente mal y después sonríes de lado o cuando llamas al timbre de mi casa solo para preguntarme si hoy me encuentro bien. Suelo mentir y tu sueles seguirme el juego invitándome a tomar algo. Y también me gusta cuando más tarde me besas y tu dices: sabes a café.





















viernes, 18 de abril de 2014

No soy la elección adecuada en ninguna situación.

No sé como expresarlo sin que se me traben las miradas, o sin querer gritarle a mi escala de desastres que no quiero más colecciones de amores incompletos. Porque no sé que siento, ni que digo, ni que debería decir en todas las situaciones que me rodean intentando abrazarme. Me resisto a la lluvia porque sé que si acabo empapada una vez más el castigo no será nada bueno, no saldré de mi agujero. Ese que construimos hace siglos para escondernos de las fantasías fallidas y las pesadillas de madrugada. Donde me escondía cada vez que las alturas hacían de las suyas y nada era suficiente para continuar con el plan B.
Y estábamos bien cuando te fuiste. Cuando nos abandonaste. Cuando me abandonaste y te olvidaste de mencionar que no volverías.

Pero ese no es el problema, lo sé muy bien. El problema soy yo y esa maldita manía de querer hacer lo correcto, de pensar las cosas dos veces antes de saltar encima de las luces de una ciudad a oscuras. Arriesgo sin arriesgar y arrastro conmigo toda la tristeza que un día dije que jamás sentiría. No es nada malo. Solo un error que ya he decidido asumir y llevo a cuestas con la poca dignidad que mis labios apretados conservan.
Me acuerdo de mis cuentos, esos sobre hadas malvadas y monstruos que no dudaban ni un momento en rescatarte cuando lo necesitaras, era un favor que se saldaría con otro un poco más grande. Lo recuerdo como si fuera la música de fondo de una película que sabes desde el principio que te hará llorar. El sentimiento de resignación no se te separa de la garganta pero eres incapaz de apagar la tele y pensar que todo fue una equivocación.
Y me hundo, sin querer y sin pensarlo, porque el agua fría me atrapa con inocencia y cuidado. Está al tanto de todas mi heridas en las rotas muñecas y hace que no sienta nada de lo que me rodea. Me confunde el olor del veneno que el aire de verano lleva hasta aquí.
Todos me miran esperando a que una vez más les salve sin darse cuenta de que estoy muerta desde hace tres primaveras, y les sonrío con la esperanza de que alguien me coja la mano y me diga que no pasa nada, que mi muerte será recordada. Me preocupa que aún no haya pasado.

Salto de tejado en tejado, voy detrás de los gatos negros de ojos azules que susurran la promesa de libertad cada anochecer. Es una bonita mentira para distraerte entre semana - si lo sabré yo- .Nunca les alcanzo pero las golondrinas insisten en que antes de que ellas se hayan vuelto a ir, yo caeré de nuevo en esa sensación de euforia al alcanzar a las sombras y que todo volverá a la normalidad. Supongo que ellas tampoco se han dado cuenta de que una vez muerta las posibilidades de euforia son nulas. No pasa nada.

Pero lo que verdaderamente me preocupa es la presión que empiezan a ejercer las palabras sobre mis pulmones, lo difícil que se me hace pronunciar una sola frase sabiendo que luego va otra y otra, y que yo puedo terminar en el suelo de un momento a otro sin poder hacer nada para evitar lo inevitable.
Romper a llorar.
Porque romper a vivir ya no puedo.









sábado, 15 de marzo de 2014

In this moment, you know...

Era todo tan hermoso, tan inalcanzable, tan impecable en cada escaso detalle. Era una pesadilla convertida en sueño perfecto. Un desastre consecutivo que salvamos por los pelos aún llegando tarde. Fue todo eso que un día prometimos fingir y todo lo que jamás quisimos ser en realidad.
Era precioso. No, en serio.  Lo era. Lo fue.
Lo fue cortamente y en escasos instantes, pero lo fue lo suficiente como para segurar que aun no he llegado a la realidad de todo el asunto y que jamás despertare de todo lo que me rodea.
No fue nada : un cosquilleo desde dentro que tomamos con poca importancia porque sabemos que debemos olvidar. Fue un pensamiento que persigue , que conquista, que enamora, que tortura, que masacra . Que embelesa y atrapa tanto que despiertas con las mejillas sonrojadas y sabor dulce en la boca.
Fue todo eso, y a la vez, no fue jamás nada. Se quedo un suspiro en el aire o un miércoles en autobús, en algo que estuvo en medio pero jamás pudo significar nada.
Y fue desgarrador, porque la belleza de sus pupilas parecía conquistar a mi organismo empezando por cada nervio y terminando por el corazón. Y yo temblaba.
Fue como sentir el roce final , el que te hace perder la cordura o aquel que te la devuelve.

Y allí estaba yo, en medio de todo el asunto, mirándolo todo de arriba abajo porque aún no podía creerme esa realidad.



-¿Eres esa clase de chica?
-No. No soy esa clase de chica.
-Entonces, ¿ de qué clase eres?
-De la más peligrosa.




































domingo, 23 de febrero de 2014

Batallas desde dentro.


El entró una mañana en mi cuarto sin ninguna escusa aparente.
-Estaba ocupada.
-¿En qué?
-Fingía que vivía.

Después de medio año martirizándome aún no lo he asumido, no creo que pueda llegar a controlar a mis sentimientos bajo ninguna circunstancia, así que actúo de modo racional como se espera de la gente que ya no tienen corazón o que lo tiene demasiado destruido como para ver nada más haya. No respiro hondo, ni sonrío demasiado, ni río tontamente, no doy la mano, ni los dos besos al saludar y evito dar abrazos al despedirme. Me mantengo muy recta en clase, miro al profesor: sin ser una amenaza pero sin evitar su mirada. Lo hago en silencio y no suelo hacer comentarios sobre nada.
Espero a que todo pase rápido- aunque no lo haga después- y aún así lo intento. Sigo siendo un desastre, demasiado descuidada para estudiar lo suficiente, ser simpática con todo el mundo y decir lo que debo cuando debo, pero aún así: aunque lo odie y desee gritarle a todo el mundo que se vaya a joder a otra, lo intento. Realmente lo intento.
Y puedo asegurar que me desespero, me dan ganas de romperle el alma a alguien y no tener que pasar por ninguna de estas gilipolleces que la vida nos pode por delante porque considera conveniente.
¿Pero que clase de persona sería si no lo hiciera? Al fin y al cabo todos pasamos por lo mismo y pocos optamos por la parte de quejarnos hasta que alguien nos escuche, nos diga que no hay otro remedio y nosotros volvamos ha hacer que no pasa nada.
Nos duele a todos y es duro para todos. Unos optamos por fingir y otros por echarse a llorar a ver si alguien les hace una pizca de caso( no suele ocurrir, todo suele ser falso) pero todos intentamos seguir vivos al día siguiente sea como sea.
Eso es lo que cuenta.






lunes, 10 de febrero de 2014

Vértigo, ignorancia, vida.

Me descompongo entre témpanos de hielo, me deshago en cada palabra, con cada mirada que me lanza este maldito invierno, está todo el día pendiente de si me caigo o no. Me encantaría decirle que estoy cansada pero que aún puedo permitirme caminar con la vista puesta en las nubes y el corazón vacío, no espero que se lo crea, pero puedo intentar mentirle otra vez.
No me alejo demasiado de las puestas de sol porque temo que si me adentro en la oscuridad de la noche acabe perdida entre sentimientos encontrados y decepciones de varios años. Nadie me encontraría, ni si quiera aunque alguien intentara buscarme, ya me a pasado más veces y cuando por fin renazco de mis cenizas todo a mi alrededor parece tan caótico y miserable que vuelvo al mismo agujero del que he salido. No destaco por mi valentía, todo habrá que decirlo. Al igual que ellos no destacan por poder ver algo más allá de sus tambaleantes manos. Ni si quiera me permito quejarme del tema, hace mucho tiempo que caí en la cuenta de que todos estamos completamente solos y que por mucho que lo intentemos una vez que todo se derrumba pocas cosas pueden hacer que todo vuelva a la normalidad, creo que eso es lo que me pasa a mi. Me han deshecho demasiadas veces y ni si quiera yo sé como soy en realidad para poder arreglarme de nuevo; y es irónico.

Tampoco tengo esperanzas en despertar y ser feliz de repente como todo el mundo promete y promete cuando más desesperado estás, la verdad es que eso no hay quien se lo crea.
A menudo asemejo la vida a una carta muy mal escrita, como esas que nunca sabemos como empezar y al terminarla nos damos cuenta de todo lo que nos hemos olvidado escribir.
Nuestra vida es parecida, al principio no sabemos que hacer, como movernos entre todo el oxígeno contaminado que se nos permite respirar y cuando por fin empezamos a escribir algo importante nos damos cuenta de los detalles, de las cosas que en un principio quisimos escribir y al final no pudimos. Lo redactamos todo mal, escribimos demasiado deprisa en algunos párrafos , y demasiado despacio en otros. El final es deprimente, encabezado por alguna frase que nosotros creemos elocuente pero que en realidad es estúpida como esas despedidas que hacemos a medias cuando no nos atrevemos a abrazarles pero no nos queremos ir sin hacerles saber que nos importan.
Y luego está la firma, nuestro apretado nombre que a menudo carece de significado, porque ni siquiera nosotros sabemos muy bien quienes somos; lo escribimos apretando fuerte - con la esperanza de que se quede allí durante mucho mucho tiempo -  nos esmeramos en cada letra dibujándola delicadamente.
Olvidamos lo más importante, la verdadera despedida, la que merece la pena escribir.
Ni si quiera nos molestamos en releer todo lo que hemos escrito, doblamos la carta rápido para no recordar que ha sido todo un desastre, y la metemos en el sobre esperanzados de que les guste ( al fin y al cabo es nuestra obra).
No recibiremos respuesta, es una de esas cartas que se acaba perdiendo, esa carta está destinada a no llegar, a no importar realmente, como nuestra vida. Pero pese a todo esto: aunque la carta haya salido mal, nadie la reciba y jamás vaya a tener respuesta, es importante escribirla y mucho más enviarla. Porque era nuestra carta, nuestro pequeño desastre, era nuestra vida.


                                    Simplemente, nuestra historia merece ser contada.

















miércoles, 5 de febrero de 2014

La verdad sobre los monstruos.

Es cierto, son tan terroríficos, tan manipuladores y lunáticos como cuentan. No os engañéis, lo son. También son terriblemente hermosos, tienen algo que nos conquista a todos.
Son los ojos con demasiado misterio, o las sonrisas maliciosas que te recuerdan que no sabes nada sobre el mundo. Tienen el alma de los ángeles caídos, de esas oscuras criaturas que cayeron desde el más brillante cielo.
A veces lo intentan, intentan mejorar, no incendiar todo hasta los cimientos por diversión (la mayoría de las veces ni si quiera consiguen deshacerse de las ganas de destruirlo todo). Ellos también se sienten como monstruos, sociópatas demasiado cínicos, frívolos, calculadores, racionales. No tienen ninguna esperanza sobre si mismo, se dedican al mal por el simple impulso de poder hacerlo. La mayoría de las veces que se parar a pensar sobre lo que han hecho sonríen, no es culpa suya, son así.

No son inocentes de nada, sus mentes son abismos oscuros que podrían atraparte demasiado pronto, sus muñecas están llenas de cicatrices y sus labios son ágiles mentirosos, embaucadores de secretos. Un peligro en potencia.
Pero deberíamos recordar que todos los monstruos que en el día a día lo son, antes fueron humanos de carne y hueso, nadie nace monstruo sin más. Los monstruos se crean, poco a poco, en silencio y entre mucha oscuridad. En lugares llenos de tristeza y soledad, rodeados de susurros acusadores y ojos con miradas duras.
Han sentido tanto frío en sus cuerpos que han acabado con corazones congelados, pupilas dilatadas y palabras tan afiladas como el cristal. Fueron destruidos.
¿Irónico , no?
Están sumidos en una oscuridad completa por culpa de lo que les hizo convertirse en monstruos despiadados. Y se enamoran, y siguen sufriendo; pero son monstruos - su mejor cualidad es la de fingir bajo cualquier alternativa - nadie llegaría a entenderlo. Al fin y al cabo solo son monstruos, ¿verdad?


                                    Pero la verdad es que incluso el monstruos más cruel fue humano.
                                               Y eso , por mucho que no nos demos cuenta,
                                                 los convierte en más humanos que nosotros.











jueves, 30 de enero de 2014

Perdona, ¿de qué estábamos hablando?

Estoy cansada. tan cansada que simplemente por el hecho de que me hablen me encantaría gritar a todo el mundo sin sentido ni concierto hasta quedarme sin voz. Podría hacerlo.
He llegado a la conclusión de que soy lo suficiente valiente para hacerlo - lo digo en serio- me encantaría gritarte a ti, y a ti. Gritarle a todos, a todo.





Y vivo en una ciudad donde cada día que te despiertas  ya sabes exactamente todo lo que va a pasarte.

domingo, 26 de enero de 2014

Te conocí el día que salté por aquella ventana.

Se abre el telón.
Aparecen las sombras chinescas de un abismo inconfundible y las ruinas de las almas que un día se quisieron querer. Allí arriba todo parecía más frágil de lo habitual y el temor de los metros a caída libre era infinito. Nos acercamos al borde de todo aquello porque teníamos suficiente suelo al que agarrarnos. Miramos abajo, pensando en todos los corazones que habían dejado su mirada allí durante demasiado tiempo. Intentamos irnos hacia atrás, coger suficiente carrerilla para pasar al otro lado incluso sabiendo que la oscuridad nos absorbería.

-No hay nada que temer- dice una voz desde una esquina.

Nadie confía de palabras marchitas y actos borrosos, pero saltamos, tan fuerte y tan alto que cuando la negrura nos atrapa nos deja una sensación de tranquilidad en el pecho. Estamos salvados. Salvados por la tristeza y las lágrimas que un día se derramaron en todos los escenarios a los que nos subimos.
Aún podemos morir, huir de una vida con muchos riesgos y ninguna certeza contratada, pero ya hemos saltado. Hemos asegurado cada milímetro de nuestra memoria con cicatrices tan hondas que el suelo del mundo que nos sostiene tiembla y esta vez somos nosotros quienes lo sostenemos.

-¡Estamos perdidos!- dice él rompiendo a reír, dejando cada parte de su ser en una carcajada.

De eso se trata siempre: de romperse, hacerse polvo y volver a reconstruirse desde los cimientos sin nada en las manos a parte de heridas que aún sangran. Estamos diseñados para saltar con demasiada ilusión y rompernos con la inútil esperanza de que algo conseguirá atraparnos y salvarnos.
Y esta vez no voy a decir que es triste, porque  no lo es. Cada uno elige su salto, su vacío, las ganas de vivir cada instante aunque estés destrozado tras capas de pintura brillante; nadie te manda estar triste o contento. Nadie te impulsa a saltar o a no saltar.
La elección de caer hacia la oscuridad es solo nuestra.














martes, 14 de enero de 2014

Drink up baby.

Los días se acortan, como si fueran cerillas que se consumen cuando el oxígeno ya no puede revivirlas más. Es lo que pasa con todo nuestro corazón, al final- sin darnos cuenta siquiera - ha acabado de un gris enfermizo: consumido.
La ilusión hizo oídos sordos a todas tus súplicas y se fue volando hace ya muchas primaveras, el sentimiento sigue rebotando contra las paredes de la habitación que compartimos esperando que el dolor lo cosa todo.
Pero no pasa, y yo me siento en el suelo esperando encontrando valor suficiente una vez más para levantarme e irme dejando a mi corazón en esa habitación de la que tu ya no puedes salir.
Te has fundido con la pintura, derretido con la penosa luz que intenta mantenerse encendida.
Nos hemos consumido mirando a las estrellas, dando vueltas sobre nosotros mismos en los bares más oscuros, gritando cada vez más alto para ver quien podía despertar a la luna.
Ya no nos funciona eso de quedarnos despiertos toda la noche intentando hablar sobre el amor y las historias de libros sin final; no dejaba que nada fuera a más, y al final todo fue a menos.

Me di cuenta de que la habitación era un capricho que compartíamos sin pensarlo porque no teníamos con quien más hacerlo. Dejamos que cada uno divagara imaginando un cuento perfecto con final impecable.
Y todo fue bien. El resultado de todo aquello estaba asegurado al cien por cien.
Se nos acabó escapando el pequeño detalle de que las noches se convierten en días donde la luz nos cegaba a los dos ( nos perdimos por igual), los dos desarmamos a las palabras tanto que las letras se acabaron tatuando en las paredes (no quedaba sitio para nada más) .
Me besaste una vez como después fuera a desaparecer, y luego todo desapareció.

Es hora de que bebamos un vaso detrás de otro para poder seguir adelante, bebamos hasta que los ojos se nos nublen de alegría y consigamos salir de esta habitación , en la cuál tu estás atrapado y yo deseo salir.
Porque yo ya salgo y te pienso dejar aquí.




sábado, 11 de enero de 2014

I think we should run.

Eran dos idiotas, enamorados. Pero igual de idiotas.


Se condenaron a vagar por los alrededores de las noches profundas y los suspiros perdidos.

viernes, 10 de enero de 2014

Es fácil.

No me preocupa, no sé; un día me desperté salí de la cama y todo me pareció tan igual y desesperado que puse el control automático. Ni me molesto en mirar a los ojos, hablar es desperdiciar aliento.
Todo el mundo está como loco por saber su futuro, lo tienen todo tan planeado. Cada instante está calculado para ellos.
Hablan del dolor como si fuera una gripe que viene y a la semana se va sin dejar estragos. Lo hacen como si nos fuera a afectar, como si olvidar cada recuerdo fuese la solución a cualquier problema. Creen que escapar de una realidad demasiado dañina para vivirla será la mejor forma de sobrevivir.
Lo olvidan todo, lo dejan todo atrás, dejan a parte las cosas importantes, los detalles y luego caen.
Caen tanto que se quedan agazapados en la oscuridad, esperando a que alguien les salve. Porque se suponía que todo era muy fácil, que si lo calculaban todo saldría bien, que si olvidaban las cosas irían mejor.

-¿Qué es fácil?
-La vida.
-La vida es un asco de cualquier manera.



sábado, 4 de enero de 2014

Me despiertas porque tus pesadillas no te dejan dormir. Eso es injusto.

Es cierto, tu egoísmo, tus incontrolables ganas de más, de mucho más de lo que cualquier ser humano sería capaz de darte. Yo no tengo poderes mágicos, carezco de dones ilusionistas y sonrisas engatusadoras. Y no puedo darte lo que anhelas, no quiero hacerlo, no pienso hacerlo.
Tus ganas de riqueza se hunden en tu corazón-que se está haciendo pequeño- y no dejan respirar a nadie que te rodea. Solo creas nuevas decepciones y miradas que piden, que suplican, ayuda ; pero tu sigues exigiendo porque no sabes que más hacer.
Tu alma está distraída, me habla sobre como conquistar el mundo que hay ahí fuera, yo te hablo de otras almas perdidas que también buscan sus lugar en este estúpido universo, pero haces oídos sordos, respondes con evasivas, sigues queriendo engatusar a la vida, sigues queriendo demasiado.
Hablas como un niño pequeño, pidiendo entre sollozos y berreos el juguete que tanto quieres, o en tu caso, o el futuro que tanto quieres. Pero no lo tendrás, me aseguraré de ello, el mundo se asegurará de ello, de que ese egoísmo que crece bajo tu pecho desaparezca y vuelvas a tener el brillo en los ojos que tanto parece caracterizarte.
Hasta entonces te tropezaras con abismos, sombras, monstruos y vientos tan fuertes que podrán llevarse consigo tu identidad con una simple brizna.
Te destruirán tanto que tu egoísmo será convertido en cenizas, simples cenizas que se perderán en el tiempo.
Y dejarás de llamarme a gritos cuando tu persona está llena de ira, de mirarme con cara de pena cuando no puedes conseguir por ti mismo algo, dejarás de olvidarte de nuestras quedadas a las seis en punto para tomar café donde siempre, porque últimamente solo haces más que olvidarlo. Olvidar que, de vez en cuando, yo también necesito egoísmo, necesito ser salvada.
A si que, lo siento mucho - bueno en realidad ya no lo siento tanto- mi existencia no puede basarse en complacer a tu egoísmo, ya estoy muy cansada como para hacerlo.
Y por eso:  Adiós.
Sobretodo porque eres insoportable.


PDT: Ah, y por cierto, que no se te vuelva a ocurrir despertarme a las cuatro de la mañana porque una pesadilla no te deja dormir. Yo también tengo pesadillas, y no te despierto.
                                                 
                                                         Sin cariño ( porque mentiría):
                                                                                                                      Ann