No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Querida Yo:

No controlo sobre temas de política, ni sé como pueden encajar todas las piezas de un motor para hacer funcionar un coche. Tampoco sé cómo se le ocurrió la disparatada idea de ir a la Luna a un hombre. No conozco el amor de primera mano, no calculo la cantidad de azúcar en el café y suelo estar perdida en mis clases de Matemáticas. No se me da bien decir la verdad, ni sonreír ampliamente, ni confiar en la gente. No sé hablar de sentimientos en persona, ni recordar los nombres de los desconocidos, ni acordarme del cumpleaños de alguien que verdaderamente me importa. No sé llorar en los días tristes , ni sacar un tema de conversación que no sea estúpido, ni defenderme de miradas de color avellana tan peligrosas como la mía. No sé hacer pasta fresca, ni encontrar la emisora correcta en la radio, ni dar los dos besos a saludar. No entiendo nada de pintura, no conozco el nombre de flores bonitas, ni soy la persona adecuada para consolar a nadie. Todos los años olvido como se hacen las líneas paralelas, dejo las palomitas demasiado tiempo en el microondas y nunca me acuerdo del nombre de las películas.
No me gustan los días de lluvias con gafas, ni las impresoras y me he cargado muchas persianas. No recuerdo qué diferencias hay entre el Paracetamol y el Ibuprofeno, de pequeña sufría vértigo y estoy condenada a tener cicatrices en la piel el resto de mi vida.

Soy bastante idiota, a menudo. Siempre.

No recuerdo cuándo es luna creciente y cuando es menguante y nunca he terminado de entender eso de las mareas. Los pasteles de chocolate siempre se me queman por la parte de abajo, he perdido la costumbre de mirar a los ojos a la gente y hablo demasiado alto cuando no debo y demasiado bajo cuando quieren escucharme.
No sé Historia, ni he leído nada sobre revoluciones; en general, leo basura comercial. No me gusta mi nombre, ni mis manos - están muy jodidas y calculo que a los veinte las tendré más arrugadas que las de un anciano-. Soy terriblemente cabezota y perfeccionista, aunque ya me gustaría a mi que las cosas que hago salieran la mitad de bien de como quiero. Odio que mi pelo esté perfecto justo cuando voy a ducharme y que mi madre se empeñe en comprar plantas que no duran ni un mes vivas. No sé de ordenadores, ni de informática, ni de física, ni de química. Ni de la vida, ni de nada.
No me gusta usar posits porque todo lo que escribo en ellos siempre se me olvida , y suelo acabar perdiendo el condenado papelito.
No distingo entre el malva y el magenta, no me gustan las aceitunas y cuando estoy agotada me tomo un vaso de agua fría porque el café ya no me hace efecto.
No soy divertida, ni simpática, ni leal, ni optimista, ni delgada, ni callada, ni si quiera soy feliz. Tengo miedo a los hospitales y a las iglesias; y a la jodida sensación de que has perdido algo que nunca has llegado a tener.
Me invento respuestas después de terminar conversaciones, siempre llego siete minutos antes que el autobús y acabo los bolígrafos demasiado rápido.
No soy buena en nada, ni tengo detalles que puedas encontrar interesantes y solo tengo dos pintauñas. Me obsesiona el frío y tengo una ridícula colección de gorros amorfos ( de esos que todo el mundo lleva, soy así de original). Me muerdo la lengua comiendo palomitas y tengo una lista de música que no profundiza sobre ningún grupo. No me quedan bien los anillos, ni los vestidos y no aguanto ni dos minutos seguidos corriendo. Nadie es capaz de enamorarse de alguien como yo ( que lo comprendo); cuando voy por la calle voy con los cascos y nunca saludo. No me gustan las guitarras, ni el libro de La isla del Tesoro.
Soy insensible, cruel, cínica, frívola y una auténtica estúpida. Y no soy capaz de cambiar de perfume. No me llevo bien con mi hermana y todos mis mejores amigos me han traicionado. No me sé ninguna poesía de memoria y fracasé como actriz en teatro. Odio que me digan que me parezco a mi madre y que me digan que tengo los ojos bonitos ( cuando simplemente son un fallo genético, un órgano que no llegó a desarrollarse al completo). Soy dura con los niños pequeños, les acabo haciendo llorar y he tenido que hundir a varios de mis amigos para que vieran que eran una mierda de persona y que yo era aún peor.


Y nunca estaré cuando me necesites por qué soy egoísta, una condena más. Que más dará...












viernes, 12 de septiembre de 2014

Segunda ronda.

Estamos en la barra de ese bar que a ti tanto te gusta y que a mi me gusta tanto evitar. Aunque hoy te he dado el gusto, dijiste que había sido un mal y tu nunca sueles decir ese tipo de cosas en voz alta.
Bebemos alcohol como si fuera zumo de naranja y la música de ambiente se amplifica cada vez que te ríes. Estamos borrachos de tristeza y drogados por culpa del desamor. Hablas de una mirada que te ha estado rompiendo durante los últimos cinco años y yo asiento y finjo que no me duele el pecho ahí donde se supone que debería estar mi corazón.

Mi gran secreto es que fue extraído hace unos meses, en un día de invierno donde la niebla no te deja ver ni tus propios pies. Dijeron que colapso por culpa del frío y la humedad. Ahora mi organismo funciona con los engranajes de un viejo reloj y el aire del molino de mis pulmones. Por la noche cuando estoy a punto de dormirme siento un leve ronroneo cuando el mecanismo se ralentiza.

A si que, imagínate la escena : los dos borrachos sentados delante de un camarero al que llaman Bob, tú con el corazón hecho pedazos y yo sin corazón. Delante de nosotros hay una botella vacía de ron y una a medias de whisky. Has empezado a recitar un viejo poema que no conozco y tu voz parece que para el tiempo. Se me cae el vaso de las manos y poco después caigo yo. Tu ni te inmutas, lo comprendo tu sistema nervioso está estropeado y eso los engranajes de un reloj no lo pueden arreglar.

Me quedo en el suelo, no me desangro, ni pierdo la consciencia, ni olvido mi nombre o donde estoy. Solo me quedo en el suelo, tirada boca arriba observando un lámpara rota llena de polvo a la que le falta una bombilla. La gente no me mira, hace mucho tiempo que soy como un fantasma; el ser humano no reconoce a aquellos que ya no tienen corazón. Ventajas de ser tan patéticamente sensible al frío.

Mi amigo pide otra botella cuando se acaba el alcohol y cuando por fin pierdo la cuenta de las rondas que ha pedido se levanta y se va olvidándose de mí.

La escena no es real, creo que se puede entender fácilmente,pero la mayoría de nosotros nos sentimos como cuerpos abandonados sin corazón a las once de la noche. Yo por lo menos.




lunes, 8 de septiembre de 2014

Malas rachas.

Caídas libres o reflejos de algo que creíamos que había desaparecido. Está claro que las decepciones no se esconden, prefieren mostrarse cada vez más maquilladas y con sus mejores galas. ¡Qué coño, que las observen! Porque estamos destinados a una soga al cuello y una caída en seco, al igual que las películas de piratas y esas grandes frases de la humanidad que nadie termina de entender del todo.

Diluyete con la lluvia y deja de envenenar cada cosa que rozas, deja de escribirme poemas sobre sobrevolar ciudades encendidas y beber en bares escondidos. Tu ya no existes lo suficiente, no te llega el aire. Te consumes como un recuerdo justo antes de dormir y no puedes parar de cantarme nanas tristes de marineros que se ahogaron en alta mar.

Déjate de delicadeces y palabras bonitas, no me mires con esos ojos tan brillantes y siniestros, escupe la verdad de una vez. No me dejes tomando chupitos sola en una de tus esquinas.

¿No te das cuenta de que no pienso caer de nuevo en tu trampa? ¿No ves que estoy a punto de dispararte a quemarropa? Ya no eres lo que eras, yo tampoco.
Por eso estoy aquí, decidiendo si te disparo ya o espero a los créditos finales.













domingo, 7 de septiembre de 2014

Ni si quiera puedo irme, no tengo a donde.

 Pienso.Todo parece desbordarse, estar a punto de perder la paciencia y romper en chillidos. Se asemeja a mis meses de otoño con las entrañas llenas de hojas secas y soledad. Me acostumbro al nuevo clima y mi piel vuelve a sufrir las consecuencias, estoy condenada a ello.
Pero la música y esa risa tan falsa que suelto últimamente intentan salvarme, hacen de salvavidas en esos momentos donde creo que mi mente se nubla y caigo sin ser sujetada a tiempo (nadie te sujeta a tiempo nunca). Te acostumbras a todo, a respirar sin pensarlo demasiado o a evitar las miradas de colores fríos en los días de lluvia y tormenta.
Y a veces, las cosas que te gustan te acaban haciendo daño , como las tazas de café caliente a las cinco - de madrugada - o esa sonrisa que me dedica cada vez que le veo y los dos parecemos fantasmas.
Por eso hago lo que hago y por eso no puedo evitar evitarlo. Sigo allí, juro que sigo en ese campo de batallas donde hablábamos de futuros incondicionales y ventanas de áticos en París. Te desvaneces, como se desvanecía la voz de mi padre cuando me contaba cuentos de pequeña y acababa quedándose dormido antes de que yo o mi hermana lo hiciéramos. No sé, me atrapas. Me estas rompiendo cada hueso intentando convertirme en mariposa - lo que tu no sabes es que yo en mi interior solo guardo monstruos negros con carcajadas huecas -, Te parece fácil lesionarme una y otra sin recibir una sola queja de mi parte, al fin y al cabo ese era el trato. Me hice a la idea de que ese sería pero sigues cambiando las condiciones cada vez que el viento del Norte se va y vuelve el del
Sur.
Déjame morir en paz, estoy acabada. Ya no soporto pronunciar poemas de amor o cantar canciones a pleno pulmón. Incluso eso me mata, se introduce en mi piel quebrándola y dejando en su lugar un reguero de tinta azul. Se me quema la voz con solo suspirar. Me tropiezo al caminar, la ligereza de mis pisadas se ha escondido de ti. Todos te tienen miedo, yo también.
Lo hago porque recuerdo que te quise mucho. Te quería tanto que a veces me costaba controlarme para no salir volando a contárselo a cada desconocido que pasaba.

A si que, por favor, solo por esta vez; de aquí hasta que el frío vuelva definitivamente, deja de perseguirme entre las sombras y cada noche en mis pesadillas. Ni si quiera te quedaste lo suficiente como para destruirme entera, me dejaste a medias. No me claves más espadas con hojas ardiendo, dame el último golpe de gracia. Deja que me vaya al fondo del lago. Termina conmigo.
Ten la bondad de hacerlo.





















viernes, 5 de septiembre de 2014

Te romperé el corazón,

Con cada palabra, cada frase que dejé caer como si fuera una gran bomba que destroza ciudades y deja miles de muertes. Yo soy así: tóxica. Para ti, el mundo e incluso para mí misma. No sé vivir de otra manera. Supongo que caí en algo de donde ya nadie puede salvarme, fue culpa de todos y un nadie en concreto. Soy demasiado y nada en todo. No sé respirar sin soltar veneno por mis labios. No sé dejar que mi corazón lata con tranquilidad, no puedo dejar a mis manos quietas. No puedo parar a mi cruel cerebro, no dejo que se apague su frivolidad. Mis venas rebosan de un veneno tan mortal que llegarías a suicidarte por probarlo.
Tengo esa mirada que parece que lo sabe todo y que le falta todo también, como si fuera un acertijo que nadie a conseguido descifrar. Me escondo en las sombras las noches que tu caminas solo a casa y miras hacia atrás cada dos minutos para ver si alguien te sigue. Te sigo.
Soy invisible, la parte más oscura de la noche. El error que produce que bebas demasiado vodka y esa sonrisa hueco que sueltas cuando ya no te queda nada dentro. El humo de tus pulmones cuando están completamente contaminados por ese asqueroso aire lleno de verdad.
Soy la cara mala de la moneda, la que hará que tu alma se desangre. La que te enamorará solo para joderte un poco más.

Yo soy eso.
Un corazón roto o una soledad rodeada de nostalgia. La mentira convertida en verdad que te repites cada noche al dormir o el gran amor de tu vida que jamás conocerás. La esperanza de saber que no volverás nunca a ser feliz, la pesadilla que va a romperte una y otra vez - cada vez más-.
Una bala perdida en mitad de una gran guerra y el fantasma que te sigue en tu propia casa. Una mancha de tinta en un papel en blanco.
El detalle que se te escapa.

Me querrás y te querré, pero lo dejaré de lado todo porque jamás conseguiré estar en el nivel que quiero y no vale la pena luchar por un amor que no fuera bueno para ti. No soy buena para nadie pero tampoco soy lo suficiente mala para que me olvides. No podrás olvidarme nunca.

Lo siento, no te dejes llevar por los sentimientos. Será lo mejor para todos.
Porque, de todos modos, te romperé el corazón. Y te gustará y yo estaré encantada. En eso se resume mi existencia. Será mejor aprovecharla porque creo que la cicatriz de siempre vuelve a abrirse. ¡No te preocupes! Se acerca el frío, todo dejará de importar cuando llegue.

Aunque me sigue preocupando que nadie lo vea pero, en fin, yo soy eso. Eso o nada. Lo que prefieras.