No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Nos iba bien.

No sé, me gusta pensar que todo cambió porque tenía que hacerlo. Es una excusa bastante pobre y de lo más estúpida - sobretodo porque yo siempre he buscado el por qué de todo - pero hay veces que es suficiente, que debemos conformarnos con eso. Yo no habría pedido más, me fue suficiente, secretamente siempre me fue bastante suficiente. A mi no me gustan las cosas difíciles, solo las personas difíciles. Me gusta la gente que tiene demasiados fondos, una sonrisa que echa humo porque está a punto de explotar y su color favorito es el color que tiene el cielo cuando está inmensamente triste.

Lo que más me gustaba de ti eran los detalles, me hacías sentir diferente en ese sentido; como si cualquier cosa que yo dijera importara, aunque seamos sinceros, no lo hacía. Me gustaba.

De vez en cuando me sorprendo a mi misma recordando ese tipo de cosas. Cómo olías cuando pasabas por casa a buscarme y se colaba en mis fosas nasales ese olor dulce que desprendía tu cuello al abrazarte. Hubo abrazos que me hubiera gustado que duraran una eternidad, que muriéramos en ese instante, que estaba todo hecho.

Creo que jamás terminaré de contar del todo esta historia porque siempre me acabo entreteniendo con las cosas que me hacían feliz cuando tú estabas.

Ahora me curo a mí misma con canciones tristes y el pequeño recuerdo que me asegura de que estarás bien. Tú siempre estabas bien. Tenías esa facilidad para encontrar siempre el camino de vuelta a casa; aunque fuera llorando y con un dolor terrible de sentimientos. Volvías.
Hubo muchas veces donde yo no sabía que hacer. Llegaba a la cafetería de siempre y tú tenías la mirada cristalizada y te temblaban las manos. Esos días no te molestabas en hablar. Te tomabas un café solo, con demasiado azúcar y suspirabas intentando enfriar aquello que te atormentaba. Eso también lo aprendí de ti. Aprendí muchísimo.


Y por eso es ahora el momento de dejar constancia de ello, de escribir que yo siempre estuve enamorada de tus frases con suspense y tu mirada de complicidad, aunque te olvidaras de la hora de volver al mundo real y tuvieras que repetirme varias veces que no había nada como perderse un poco.


"El día que te fuiste no lloré. Todavía no sé muy bien por qué no lo hice. Me gusta pensar que fue porque yo ya lo sabía. Sabía que tendrías que irte, como todos. Sabía que no ibas a volver y también sabía que sería imposible enfadarme contigo por eso. Mi consuelo es pensar que el día que te fuiste, yo también me fui. Todavía no he vuelto. "


martes, 29 de diciembre de 2015

Saber de ti,saber de mí.

Échame la culpa otra vez, como todas las veces que discutíamos en el medio de tu salón y acababas rompiendo algún jarrón a voces. Reviéntame las tripas con una mirada y luego intenta arreglarme con esas manos de pianista que tienes. Dime alguna mentira que sepa a café y tenga el mismo tomo amargo que tus ojos. Terminemos en el mismo abismo que todos los fin de año anteriores.

Eres un idiota. Bueno, yo también, pero esta vez mereces que incluso lo escriba. Que deje constancia de ese infantilismo que tienes cada vez que llora alguno de los gatos callejeros de tu tejado. O de todas las veces que te has negado a salir de la cama porque no te gustaba el color del cielo.

Nos hemos convertido en la sombra del otro, en ese vértice que todo el mundo quiere observar alguna vez en su vida. Pues mira, yo lo tengo. Aquí. En este costado tan dolorido y de color púrpura. Duele tanto que hay veces que me parte y no encuentro ni un solo sitio al que agarrarme.

Ahí es donde entra él; en esas esquina frontal que hace que el dolor disminuya - solo un poco - aunque odie la lluvia y tenga la sonrisa más torcida de toda la ciudad.


"Te acariciaría hasta desgastar todas las capas de tu piel y aún no tendría bastante".


PD: No creo nunca tenga bastante,


sábado, 26 de diciembre de 2015

La reseña de mi vida.

El invierno siempre termina siendo una putada porque me recuerda muchas cosas que siempre olvido. Me recuerda que aun soy una cría, que sigo enamorada de  las mismas frases que parece que te salvan el alma y en realidad te hunden el corazón. Me recuerda que tengo la cabeza en otra galaxia demasiado lejana como para conseguir una conexión lo suficiente fuerte con esta. Me recuerda que se me da mal hablar delante de la gente porque todo el silencio expectante recae sobre mi. Me recuerda que no soy tan fría como la niebla y que en realidad cualquier cosa podría destrozarme. Incluido tú. Y es terriblemente curioso porque a simple vista parezco a prueba de bales, diseñada para matar con la lengua bífida y plata en la mirada: una máscara como otra cualquiera.
La diferencia es que - en mi caso - la máscara a pasado a convertirse en una segunda piel que no hay dios que la separa de mis entrañas. La maldad está metido en mi ADN de todas las formas posibles, no hay pensamiento capaz de destruir esa realidad.
Es tristísimo. No tanto como todas las gilipolleces que puedo llegar a decir o todas las sonrisas que finjo a lo largo del día pero si lo piensas tantos años mintiendo y siendo tan joven resulta triste. Tampoco es que vaya a romper a llorar de repente por algo como eso, sé controlarme, he aprendido a saber controlar todos mis sentimientos. He aprendido a ordenarlos, clasificaros, archivarlos y dejarlos congelados en una parte de mi cerebro donde solo yo puedo entrar y nadie ha visto jamás. La gente se asustaría si lo viera, estoy segura. Nadie sospecha del animal que llevo dentro, de esa monstruosidad que no me deja dormir por las noche y que cada mañana consigue ganar más y más terreno.
Es horrible y soy consciente de que un día no podré retenerlo más y todo acabará salpicando. Explotando de forma tan desastrosa que la onda expansiva no llegará a desaparecer jamás. Ojalá alguien me hubiera avisado de todo esto cuando estaba a tiempo, cuando aún podía evitarlo. No es que lo sienta, no me malinterpretéis, llevo haciéndolo toda la vida - mentir - no existiría mucha diferencia a estas alturas, crecí demasiado deprisa, sé demasiado, hice demasiado. Nadie podría haber evitado eso aunque a veces intento convencerme a mí misma de que si alguien me hubiera salvado a tiempo la mitad de las cosas horribles que he hecho no habrían pasado. Quién sabe.
Tampoco sirve de nada lamentarse, cuanto antes aceptemos esta mierda antes se pasará el efecto de desilusión que crea a la larga.


Pero que sirva como aviso a un mundo tan contaminado como mi conciencia : estoy cansada de mentir y mi paciencia se está acabando a si que no creo que aguante mucho más.






jueves, 24 de diciembre de 2015

Espero que estés bien, yo estoy intentando mejorar.

Estamos tan atontados que hemos perdido la chispa, la gracia que nos da la vida, la sonrisa carismática de alguien que está enamorado de su vida. Hemos acabado siendo ese tipo de adultos que miran al suelo cuando caminan o se fuman un paquete de cigarrillos diario; tristes. Tan acabados por nuestra propia culpa que no sabemos apreciar las luces de colores o el olor a pastel de la abuela que llena toda la casa.
Ojalá la gente se diera más cuenta de los detalles - que es lo único que verdaderamente importa - y de que aunque todo esté hecho una mierda todavía te queda la esperanza de pensar que podemos arreglarlo.

Siempre he odiado la Navidad. Me  parece una falsía que envenena la imaginación de los críos y arruina a los adultos, pero también soy consciente de que todo el mundo necesita un poco de esperanza de vez en cuando. Todos necesitamos pensar que durante un pequeño espacio de tiempo todo es mucho mejor de lo que lo es normalmente. Aunque cenes con gente de tu familia a la que odias y no quieres ver, o aunque prefieras estar en tu cama durmiendo todo la noche.
Necesitamos un poco de ilusión, un poco de esa chispa que nos hace permanecer a todos vivos.

A si que espero que os regalen un libro que queríais desde hacía demasiado tiempo, y que os encontréis a vuestro vecino de toda la vida y os invite a un café y a una charla de forma gratuita. También espero que vuestra abuela os mande poner la mesa mientras ella no deja de repetir que la gente debería estar ya aquí y que llegan tarde ( como siempre). Espero que al menos os dure la felicidad una semana, aunque sea una fiesta absurda. De verdad que lo espero.

Y sonreír, porque dentro de poco volveréis a la misma rutina a la que estamos todos acostumbrados y volveréis a preguntaros qué coño estáis haciendo con vuestras vidas.

¡Feliz Navidad!


martes, 22 de diciembre de 2015

Me frustra la vida. Pero lo superaré.

Tengo dos manos llenas de cicatrices y los dedos congelados de tanto tratar con espectros. Tengo la garganta reseca, el corazón encogido, el cerebro inutilizado de tantos números complejos, la vista cansada de quien no para leer entre líneas que el mundo se está desmoronando.

Es mi peor época, y también es Navidad, todo a la vez. A veces creo que es adrede eso de no hacerme café por las mañanas y obligarme a enfrentar a monstruos durante siete horas seguidas ( diez si los astros se alinean para tocarme un poco más de la cuenta la moral). A lo mejor es que después de darle tantos bandazos a la vida me las está devolviendo con esa crueldad que me caracteriza que le jodan  , sigo esperando a que dispare de verdad y me de en algún lugar que cause verdaderos daños. Sería divertidísimo ver cómo me desangro en el suelo y darme cuenta de que nadie va a hacerme un torniquete para que las emociones no se desparramen por todas partes - qué coño más dará -.

Últimamente mantengo a la felicidad a flote mientras me veo rodeada de gente, las sonrisas radiantes atontan a las personas hasta tal punto que se creerán cualquier cosa que les digas; otra muestra de su infinita estupidez. Las capas de mentiras que se acumulan bajo mi pupila me permiten seguir jugando a que no te conozco a la perfección y no pretendo probar el roce de tus labios cuando me halle a apenas un pestañeo de ti. No pienso evitarlo.


sábado, 19 de diciembre de 2015

He visto fantasmas.

Me encontraron una noche, yo estaba de paseo con todas mis causas perdidas e intentaba pasar desapercibida entre toda la muchedumbre. Las luces difuminadas de las farolas parecían perseguirme por todas las esquinas por las que pasaba y la sensación de ser perseguida se escuchaba en cada paso sin rumbo que me atrevía a dar. Borracha como una cuba y con los sietes sentidos de encontrarte inutilizados, aquella noche yo era más inservible que una linterna sin pilas.
Habíamos discutido - como si hubiera sido la primera vez, de tantas - y yo me había autoconvencido de que la ginebra podía curar cualquier conciencia en mi cabeza y dejarme olvidar durante lo suficiente la clase de horrible monstruo que era. Ya sabéis lo que se suele decir sobre el amor y todo lo que le rodea; es una jodida enfermedad que no te deja respirar pero sin la que puedes conseguir aire. Suene casi tan absurdo como nuestra discusión. No sé por qué te dio por pensar que yo ya no te necesitaba y no sé qué coño se me pasó a mi por la imaginación cuando dije lo que dije. Le echaremos la culpa al calor del momento, a esa estúpida presión que hace que mi corazón se deshinche cada vez que me miras a los ojos fijamente. No puedo controlarlo.

Salí corriendo de tu casa porque dejarte atrás hacia más fácil eso del dolor de mi pecho y bebí hasta borrarme la marca de tu mirada en mi piel. ¡Qué estúpida fui!

Ni si quiera recuerdo que parte de la ciudad era, solo sé que todo lo que habían sido llamas y calor pasó a ser frívolo y condescendiente, como todas nuestras Navidades...
Me acorralaron contra una pared y me agarraron la garganta para que no se me ocurriera decir ningún discurso de supervivencia; soy demasiado tendiente a eso.
Al final me quitaron lo que quería y lo último que vi fue a forma fantasmagórica de aquello que pierdes y amas y no puedes volver a recuperar jamás. Algo como tú con tu mejor sonrisa de recién levantado y la voz ronca.

Me pillaron.



martes, 15 de diciembre de 2015

Almas cansadas.

Me pregunto cómo es posible izar la bandera blanca con el enemigo y aceptar que las causas perdidas pueden salvarse. Me pregunto cómo encajo yo en todo eso que pasa tan de vez en cuando y no debería de pasar. A veces intento convencerme de que son daños colaterales - como en los terremotos - que han acabado en mi vida como podría haber acabado algún hijo de puta más que estuviera dispuesto a prometerme la luna para después bajarme al Infierno. Yo habría aceptado encantada.
En vez de eso tengo una mirada rota que susurra ayuda entre sollozos y amistades que intentan deshacerse de sus obligaciones lo antes posible.
Si he de confesarlo, lo haré: yo también estoy cansada. Cansada de tantas cosas que sería inútil numerarlas o hacerme la heroína del libro y salvar al mundo entero con palabras inteligentes. Se me han acabado las palabras inteligentes y las ganas de superarlo. No quiero superarlo. No quiero superarle. No quiero olvidar por qué estoy tan cansada y por qué de vez en cuando tengo que mantenerme callada para no romper a llorar. Supongo que hay heridas que se hacen adrede para que sangres siempre y recuerdes que eres humana, que respiras y que eres tan débil como intentas ocultar.

Y siguiendo mi filosofía yo debería estar terriblemente feliz por joderle la existencia a alguien, pero estoy cansada.

Tan cansada que ya no siento por las mañanas el frío o la sonrisa que se cuela en mi boca cada vez que alguien me hace reír. Estoy tan cansada que estoy inutilizada. Harta de no poder controlar las horas de un reloj que no permite tregua.

"Cansada de una vida que pocos soportamos y otros no llegamos a aceptar. Aceptarla significaría morir en los pocos sentidos que aún nos mantenemos vivos".




miércoles, 2 de diciembre de 2015

Corazones contaminantes.

Conozco a gente presionada, gente que se ha visto obligada a convertirse en monstruos, gente que cuenta las décimas de segundo para conseguir sus objetivos y salir corriendo. Conozco gente que se rompe la espalda intentando ser algo que odia, que detesta.
Conozco la tristeza que eso produce.

Por desgracia, algunos de nosotros hemos sido diseñados con unas medidas que no nos dan tregua, no nos permiten error. Vivimos en una caja de titanio - no puedo explicaros quién nos ha colocado ahí pero no es una historia bonita -  siempre pendientes de cuantos gases venenosos surgen cuando reacciona nuestro metal con la realidad. Os sorprenderíais de lo tóxicos que resultamos para la humanidad. Tenemos esa parte insensible que nos ha producido el dolor, la inminente pérdida de cosas que jamás hemos tenido la posibilidad de tener.
Tenemos esa mentalidad de desastre que crea guerras mundiales y arranca sonrisas rodeadas de lágrimas. Nuestras palabras no son bonitas, hemos perdido la delicadeza, la esperanza de cierta parte de la vida. Tomamos demasiado café, somos demasiado fríos y no dormimos bien.

Son miles las historias sobre pesadillas que tienen hielo de por medio y alguno de estos corazones. La enfermedad acaba propagándose como una plaga. Destruye todo lo que encuentra a su paso: contamina.

Hay gente que ha tenido muy mala suerte, ha acabado con un corazón de mierda y una mirada perdida - la de: sálvame, no puedo más - y no tienen remedio.








sábado, 21 de noviembre de 2015

Vomita.

Es increíble todo lo que puede pasar en una hora, todas las cosas que se pueden hacer añicos en sesenta minutos. Es increíble todo lo que puede pasar en siete horas, una suma de sucesos que te destrocen y ya no sepas qué hacer.

Es impresionante todo lo que puede cambiar en un solo un día.

Todas las cosas que pensabas verdaderas desaparecen como la niebla - de la nada - y aunque el camino se despeje te encuentras a ti misma en un lugar donde nunca antes habías estado: perdida.
Decepcionada con la idea de haber fracasado en eso que ansiabas con tanta necesidad. Con un nudo en la garganta y en ese corazón que me empeño tanto en sacar adelante. Dan ganas de esconderse y no volver a salir, de alejarse y escaparse a un país donde nadie conozca tu nombre y puedes ser y hacer todo lo que desees. Aunque supongo que la tristeza me perseguiría por todo el mundo con la única finalidad de conseguir hacerme llorar. Llorar a mares y que caigan tormentas de un cielo bien iluminado y sé lo absurdo que suena. Porque la felicidad que un día te hace estar en la cima te hace ir de funeral al día siguiente y sentirte la persona más insignificante de toda la humanidad.

Y las repercusiones no son pequeñas, no os creáis esas chorradas de la tele de que el mundo va bien. Todo va mal, tan mal como alguien que está a punto de morir y decide sonreír solo para hacer feliz a alguien. Esas puertas de atrás no llevan a ninguna parte. Acabas en el mismo punto del que querías huir, suponiendo que hubieras conseguido escapar de él antes.

El resultado es catastrófico, como el frío de invierno que se presenta sin avisar mientras vuelves a casa y se te congelan las manos. Esa pequeña ignorancia hará que caigas enfermo y tardes en recuperarte o que te quede una arritmia crónica en tu vida que te haga tener que andar de puntillas sobre una realidad que arde.

Sin embargo, no me esperaba otra cosa. No esperaba otra cosa que está gran sensación de vacío mientras bebo agua helada y cuento los segundos que pasan hasta que mi sangre reacciona y los análisis dan positivo. La tristeza se está ramificando en todos mis tejidos y dará igual cuantos discursos de apoyo me den, la sensación es la misma.

Lo único que puedo hacer es atarme las muñecas y exigirme escribir más rápido, trabajar más rápido, aprovechar un tiempo que no me ha sido concedido para conseguir lo que quiero, lo que necesito. Aunque si hablamos de eso acabaremos naufragando en océanos que aún no han sido descubiertos y tampoco merece la pena.
Solo puedo decir que yo no recordaba haber estado tan acabada desde hacía mucho - y no es un consuelo - pero aún así jamás había esperado vomitar tantas emociones en un mismo día.




PD: Si deseas hacer algo, hazlo. Posiblemente te salga como el puto culo y acabes tan mal como yo pero tendrás la oportunidad de contar cómo te rompiste la aorta mientras sobrevivías.







domingo, 8 de noviembre de 2015

Para los cobardes que solo te leen cuando no saben qué te pasa. (Va por ti).

No sé en qué mundo vives, ni desde cuando estás en esa jodida fantasía tuya pero te puedo asegurar que estás peor que la mayoría: sumergida en esa terrible y falsa felicidad para no enfrentarte a las cosas. Al final has acabado siendo tan superficial como el resto.
Espero que leas esto y que te des cuenta de lo egoísta que eres y de lo poco que sabes. No sabes nada. NUNCA. Pero vas a seguir actuando como que lo sabes todo porque así tu vida es mucho más fácil. Y porque así parece que controlas todas las situaciones por las que te mueves y que todo irá bien. Te equivocas, hace mucho que todo va mal - tan mal que tú ni te has dado cuenta - y lo ignoras.

No tengo claro cuando me di cuenta de que habías desaparecido, pero te puedo asegurar que ya no eres tú. Eres una sombra que ni si quiera sabe en qué escala de grises está. Vas a tientas por todos tu caminos, buscando algo que te traiga de vuelta. No prestas atención. No tienes esa sensibilidad ya; te has quedado ciega. Tan ciega que las personas a las que solías conocer ahora son para ti como cuadros de arte abstracto: no sabes por donde empezar a mirarlas.

Jamás se me ocurrió pensar que acabarías así, que acabaríamos así. Por extraño que parezca no me importa. Creo que hace mucho que dejó de importarme. Me he cansado de esperar algo más de todos vosotros. Estoy harta.

Eres tan cobarde que después de años de amistad tienes que leer una puta página web para saber cómo me siento. Si a eso le llamas ser amiga mía estás muy equivocada.

Y sí, si alguien más a parte de esa persona lee esto, sí es una directa ( no una indirecta). No os sintáis ofendidos, no va por vosotros. Va por ese tipo de gente que ya no merece la pena.


PDT: Ahora que lo he dicho me siento mucho mejor.





miércoles, 4 de noviembre de 2015

El cartero ya está aquí. Tú también.

El teléfono no ha parado de sonar toda la mañana. Quiere respuestas y las quiere ya. Yo lo único que soy capaz de hacer es de esconderme en la cama intentando sentirme mejor. Fuera llueve como si el mismísimo Lucifer estuviese llorando la pérdida de un ser amado - puede que él también se haya dado cuenta de lo solo que está - eso o es que le ha vuelto a dar a la bebida y ha dejado de ver las cosas con claridad.
El momento se está complicando, me piden respuestas a preguntas que no he oído en mi vida y todos tiene esa estúpida sonrisa, como si de verdad supiesen lo que están haciendo. Aunque puedo asegurar que no lo saben. ¿Quién coño iba a saberlo?

Ayer recibí tu carta. Esa que debiste de haber enviado mucho antes y que ahora sirve de tan poco. En ella decía que me querías. Que me querías y estabas dispuesto de darlo todo por mí; pero supongo que esa es una promesa demasiado bonita para ser real y nunca he sido romántica. No me lo he creído. Como tampoco me he creído todas las líneas donde describías un futuro prometedor en algún lugar donde nadie nos conozcan. Todavía me acuerdo de cuando decías que te gustaría ser anónimo, solo para no tener que saludar a nadie por educación cuando te encontrabas a alguien por la calle. Recuerdo eso y que después tú siempre eras el primero que se acercaba para hablar, para mantener un dichoso diálogo con sabor a incertidumbre.
En eso también eras muy hipócrita. La única cosa que vi que quisieses de verdad era ese viejo tomo de la biblioteca que se caía a pedazos, lo cogías una vez cada dos meses para asegurarte de que su filosofía todavía controlaba tu vida. Hablabas con más pasión de ese libro que de cualquier otra cosa. Que de mí.

De mí nunca hablabas; te escondías por cualquier esquina solo con tal de no tener que hacerlo.

La última vez que te vi también llovía. Llevabas tu jersey de color verde y sonreías de forma cansada mientras te tomabas una cerveza. Le echaste la culpa al cansancio cuando en realidad lo que te ocurría era que eras enormemente infeliz. Justo antes de que nos despidiésemos dijiste que no podías más con las cosas y que no valíamos tanto la pena. Y puede que fuese cierto. No valíamos la pena pero yo había luchado con todas mis fuerzas para que no te fueras (fue inútil).

Tú también te fuiste y luego me fui yo. De qué servía quedarse.

Hoy también llueve, retumba mi garganta contra el cielo y el teléfono no hace más que sonar. Creo que eres tú. Jamás te gustó que te ignoraran deliberadamente. No voy a descolgar. Lo he sabido desde que empecé leyendo tú carta por el final, por ese "te quiero" tan insípido con el que lo terminas todo. Otra mentira, una de tantas.


Me habría encantado decirte que yo también te quería y por desgracia, no habría sido mentira; pero no pienso perder tiempo en decirle a un estúpido que todavía queda algo.



- A ver que haces esta vez sin todos tus truquitos.








viernes, 30 de octubre de 2015

Desconectando corazones.

Me he cortado el corazón para ver si así me crece otro y se que quita todo este mal que tengo encima. Me he cortado el corazón y no he pensado en ninguna de las consecuencias que eso significaría. No he pensado en las palabras hirientes que empezaría a decir sin más, ni en las risas irónicas y las miradas indiferentes. No pensé en que la última vez que lo hice desconecté mi humanidad - me desconecté entera - y tardé más de un año en volver a estar en contacto con la realidad.
Son cosas que me pasan a menudo, pienso que una vez que me desconecte voy a poder controlarlo a mí antojo, pero la verdad es que no.
Si decides desconectarte lo dejas todo atrás. Dejas atrás todos tus sentimientos, todos tus secretos, tus motivaciones y pequeños momentos de felicidad. Te sumes en una nada absoluta, en un vacío sobrecogedor que te persigue por todas las habitaciones por las que pasas - como un fantasma que intenta avisarte de que vas a morir - y mueres. Tan de repente y sin causa que ni si quiera te preguntas un por qué y te limitas a seguir adelante.

Si te desconectas dejan de importar cosas muy importantes, cosas que quieres. Personas que quieres. Les rompes el corazón a una detrás de otra y ni siquiera te importa, no lo sientes. No sientes nada.
Decides dejar de hacerlo.

Lo decides. Tú lo decides. Tú y tu jodido cerebro. Y una vez que lo haces dejas de tener el control de todo. Se te acaban los derechos, empiezas a convertirte en una sombra que se deja llevar por el único sentimiento que le queda: supervivencia.
Todo el mundo pasa a ser tu enemigo. El mundo en general, con un todo tan grande incluido que si de verdad lo pensaras te darías cuenta de que es imposible ganar. Pero no piensas, eso es precisamente lo que intentas evitar constantemente: pensar. Pensar solo te lleva a darte cuenta de lo jodida que estás y de lo poco que te ayudan a seguir adelante,

Si apagas el botón todo se vuelve más fácil. Eres tú en contra del mundo - sí - pero tú eres un jodido ángel caído con el poder de arrasar con todo lo que intente tu fracaso.
Y sí, acabas con todo. Con todo lo que te importa, todo a lo que le importas y todo lo que te rodea y entonces si que estás de mierda hasta el cuello y dejas de querer sobrevivir. Sobrevivir deja de tener sentido. Por desgracia, de eso solo te das cuenta de eso al final, cuando ya la has jodido tanto que no se puede hacer nada.

A si que cuando vuelves a la realidad, cuando tu corazón vuelve a crecer y tú vuelves a sentir y ser consciente, te das cuenta de que has perdido demasiadas cosas en la batalla y que no hay forma alguna de solucionarlo.


Me he cortado el corazón. No estaba pensando cuando lo hice. Solo quería librarme de todas las lágrimas que caían por mis mejillas y de la sensación de estar fracasando. Pero, ¿qué más da? Ahora he vuelto a mi origen y estoy derrotándolos a todos. Ayer conseguí fingir delante de mi ilusionista y que un recuerdo de amistad me acompañara al Infierno a casa. Podría hacer cualquier cosa.


Podría destruir a cualquiera y que me diera lo mismo. Estoy desconectada.

                                               Ni si quiera importa.








miércoles, 21 de octubre de 2015

Querido Otoño:

Estoy aprendiendo a ver cosas. No me refiero a ver que un coche va demasiado deprisa y está a punto de atropellarme. Me refiero a ver cosas. Ese tipo de cosas. Las cosas que nadie ve - o las cosas que nadie quiere ver - porque si no lo hiciese la realidad se difuminaría mucho más de lo que ya lo hace actualmente.
Pues sí, a ese término me refiero, a algo tan triste como eso me refiero.

Nuestra sociedad nos enseña un modelo de vida que debemos seguir: qué debemos ser, cómo debemos ser, qué debemos vestir, cómo debemos comportarnos, lo que está bien, lo que está mal. Nos meten en un perímetro tan pequeño que al final la variedad se transforma en fotocopias. Nos limitan. Nos neutralizan. Nos neutralizamos.
Aprendemos que las personas tristes no deben estar triste, que estar triste es malo y que debemos estar felices constantemente; lo que nos crea un gran complejo de felicidad. Nadie es feliz constantemente. Puedes ser feliz por la mañana y sentirte terriblemente mal por la tarde, y no creo que tenga nada de malo. No somos un ser diseñado para ser feliz todo el tiempo. Sería aburrido,

La cosa es que cuando crecemos ( cuando nos hacemos adultos y nos joden la infancia) empezamos a pasar de largo cuando vemos ciertas cosas y con la práctica, después de unos cuantos años ni si quiera lo vemos. Ante nosotros desaparece un mundo entero de cosas que nuestro cerebro desecha porque le han enseñado que son incorrectas. Empezamos a actuar con lógica ( no soy la más adecuada para quejarme de esto), y una vez que tenemos que razonar la vida para vivirla todo a nuestro alrededor se vuelve de alguno forma insípido.

La gente deja de ver que su compañero de clase, el que se sienta en su lado izquierdo se siente triste o que la mujer que hay delante de ti en el autobús está llorando. Lo ignoramos. Nos hacemos los locos. Hacemos cualquier cosa para engaña a nuestro cerebro y convencernos de que eso no es real, no es importante y no es de tu incumbencia.


Nos transformamos en máquinas, gente con sentimientos superficiales y sin humanidad, sin curiosidad. Nos transformamos en eso que la sociedad quiere fervientemente: adultos.
Unos muy gilipollas y la mayor parte del tiempo con una moral que se tambalea, pero adultos al fin y al cabo.


Ahí es donde entra mi gran logro.

Me gusta observar. Llevo odiando toda mi vida los detalles porque son los que marcan la diferencia. Observar significa darte cuenta de las cosas, de lo que ocurre. Y no es bonito. A veces es una verdadera mierda. Ves que el mundo va mal - en el peor sentido de la palabra - y que tampoco hay mucho que se pueda hacer para mejorarlo. Te das cuenta de que el chico al que odias esta solo, aunque siempre esté sonriente y rodeado de personas; y que tu padre tiene problemas; y que el mundo real es muy duro y está ahí fuera esperándote para darte de hostias en cualquier momento.

Observar significa ser consciente de lo que la sociedad intenta ignorar,

Pero también significa darte cuenta de que a tu profesora de lengua le encanta la ópera y siempre se anima cuando le preguntas algo sobre ella, o que tu compañera de laboratorio sonríe si le dices que le gusta su camiseta, o que incluso el chico que odias puede ser amable si le haces entender que no necesita fingir delante de ti. Te das cuenta de que el ser humano es un verdadero asco pero tiene salvación, que todos estamos muy perdidos y tenemos muchas ganas de encontrarnos. Al final ver lo que los demás no ven hace que tengas una perspectiva más grande y que aunque estés decepcionada con la mayor parte de lo que observas, una mínima parte te haga darte cuenta de que vale la pena.

Querido Otoño:

está empezando a hacer frío y ya hemos empezado las prácticas de laboratorio. No tengo tiempo casi ni para dormir pero sigo sacando tiempo para enviarle cartas a Morgan. La gente empieza a estar triste y los niños del parque empiezan a tirarse hojas secas a la cara - niños -. Aquí todo sigue más o menos igual.
Mucho trabajo, poco tiempo.
Me estoy haciendo adulta.
La sociedad intenta cegarme.

Sigo intentando con todas mis fuerzas mandarles a todos a tomar por culo.

                  Con cariño,

                                                                  A.-

                                        






















miércoles, 16 de septiembre de 2015

Nuevo Hogar.

Me he mantenido en la misma línea de tren durante años, siguiendo las señales que la carretera me dejaba según pasaba por cada desvío. He visto amanecer en lugares a los que nadie aprecia y he conseguido sacarle una sonrisa a las vidas que hace mucho que están abandonadas.
Sigo con las mismas ideas de bombero que cuando tenía cinco años y decía que quería irme de casa y convertirme en algo más grande. Quiero ser algo más grande, algo mejor, algo que valga la pena lo suficiente. Quiero ser alguien que cierre los ojos y no se arrepienta de nada de lo que ha hecho o dicho. Prefiero soltar palabras a la nada y quedarme sin nada que decir que acabar como todas esas personas de papel que no saben como configurar una frase.

Me equivocaré, tendré que redirigir mi vida en la dirección adecuada y pararme a preguntar cada vez que me pierda, pero llegaré a algún lugar donde haga falta - o dónde no haga falta y yo decida quedarme -, viviré en un paraíso imaginario rodeado de panaderías y tiendas de libros que huelen a historia sin contar.

Acabaré lejos.
Lejos de ti. De mí. De todas esas personas que creen tenerme muy bien amarrada.

Quedaros con el recuerdo, la idea,el sueño que deseáis cumplir y no hacéis por miedo. Desearlo con todas vuestras fuerzas, arriesgar vuestras últimas células y luchar contra todas vuestras pesadillas. Si no conseguiréis un resultado nefasto, el futuro que todos os desean, el plano de vida que te imponen. La condena de tu vida.

Esfuérzate por salir de aquí, por volver a unos orígenes más luminosos y por sonreírle a los desconocidos. No te conocen pero a menudo te devolverán la sonrisa.


¿Qué puede ser mejor que un hogar? Uno de verdad. Uno real. Uno que no te abandone.






martes, 8 de septiembre de 2015

No creo en fantasmas pero tampoco creo en mí.

Tienes que parecer mil veces más dura de lo que te aconsejan por fuera y un millón más por dentro. Bueno, si te pones muy crítica, millón y medio. La cosa es que jamás estarás lo suficiente preparada para el invierno, para el otoño, para la lluvia, para un corazón roto, un funeral, una pérdida, una sonrisa. Para la vida.
No significa que estés destinado a morir nada más nacer. Significa que acabarás muriendo de todas formas.
Lo sé, no tiene mucho sentido. Es cruel, la vida lo es. 
Por esa misma razón me gusta pensar que las sombras y todo lo que esconden están mejor en su incógnita que en su práctica y que es mejor sonreír mientras estás llorando desconsoladamente que quedarte con las ganas de romperle a alguien el corazón.




jueves, 20 de agosto de 2015

Rememorando cosas del pasado.

He acabado descubriendo muchas cosas. Supongo que observar a la gente al final tiene recompensa y en esos casos a mi siempre me encanta hacerlo.

Hay algo que siempre me ha costado mucho aceptar y de lo que siempre he tenido mucho miedo. El problema de querer a alguien es que por mucho que le quieras a veces no será suficiente. Pasará algo que siempre lo estropeará todo. A veces querer a alguien no es suficiente. Esa persona no conseguirá quererte; o aún peor: no te querrá lo suficiente y fingirá hacerlo. 
Eso si que duele.

La pregunta es: ¿Qué debemos hacer?

Yo, en mi caso, voy a volver a mis tiempos de témpano de hielo y dolor en las muñecas. o a levantarme de la cama sin saber donde me encuentro y salir corriendo hacia la ciudad para entrar en cualquier librería e intentar animarme a mi misma. No es un plan perfecto pero tengo la esperanza de que me distraiga el tiempo suficiente como para olvidarme de que nunca nadie me quiere lo suficiente y quien lo hace al final siempre se acaba largando.

Patético.

Ya he sufrido este tipo de cosas muchas veces. Es como si estuviera empeñada en equivocarme una y otra vez en la misma cosa aún sabiendo que me vana romper el corazón. La naturaleza humana y su gran estupidez... No soy ninguna excepción en esos temas.

Espero superarlo pronto y poder dormir bien porque las pesadillas me persiguen durante todo el día y no puedo soportarlo.
Tampoco puedo soportarle a él.



sábado, 8 de agosto de 2015

Estábamos a punto.

Hay veces que me pierdo. Me disperso. Se me escapa el momento delante de tus ojos y soy incapaz de hacer nada para retenerlo. La vida, lo llaman. Yo siempre les respondo que incluso en el mejor de mis infiernos tú jamás desaparecerías. Y es curioso porque me recuerdo a mi misma repitiendo una y otra vez que no caería por alguien como tú. Por un monstruo de hielo y sonrisa barata. Debe de ser que los de nuestra especie estamos hechos para matarnos los unos a los otros; porque no puedo deshacerme de ti. Y no puedo decir que no lo haya intentado, que no haya saltado todos los abismos posible, que no te haya intentado disparar a quema ropa para borrarte esas ganas inhumanas de amargarme la vida.

Pero sigues ahí, como el café de cada tarde - porque ya no puedo despertarme por la mañanas -. Ha llegado un momento tan crítico en mi presente que me dedico a contar todas las flores que asesino mientras camino hacia algún lugar alejado de ti. Creo que podría destruir a primaveras enteras si hiciera recuento.

¿No es curioso? Nadie daba un jodido instante por nuestra historia, ni nosotros mismos, pero permanecemos a la espera de que alguno de nosotros reaccione y haga algo. Somos dos hijos de puta tan asustados por el amor que no estábamos dispuesto a ceder terreno en ningún momento.

No sé que te pasó, pero sé que te dieron. Te dieron tan fuerte que decidiste que era mejor darse uno mismo a conciencia que dejar a los demás que estrujaran tu corazón cada vez que desearan abandonarte. ¡Maldito idiota! Yo pienso igual.

La verdad es que la humanidad se avergüenza de nosotros pero no puede echarnos de un mapa que tenemos completamente conquistado. A si que prepara tu artillería porque por mucho que me importen todos tus misterios y esos ojos tan fríos que tienes, voy a disparar con todas mis ganas. Voy a intentar matarte a verdades. A ver si consigo descubrir qué ocultas y por qué nuestros destinos están tan mezclados en esta mierda que llaman vida.

No te preocupes, cuando acabe la guerra estaremos los dos tan acabados por culpa de la realidad que no harán falta las palabras.


- Puedo asegurar que los golpes en seco no rompen el corazón pero estoy muy segura de que con una mirada tuya me desmoronaría en segundos. Ten cuidado con lo que dices, yo también quiero acabar contigo.






miércoles, 29 de julio de 2015

El verano también juega con nosotros.

Vamos a ir dando tantos pasos que al final será otro el que se tropiece en el camino.
Vamos a estar tan preparados para la lucha que ganaremos antes de salir al campo de batalla.


Como se puede observar en las frases anteriores, depende mucho de lo que tú estés dispuesto a hacer por ti mismo. Implica todos tus pensamientos en uno y todas tus malas intenciones. Rendirte depende de muchos factores que la mayoría de nosotros pasamos de largo normalmente.

"¿Qué puedes perder si no posees nada?"  En realidad, la pregunta es : ¿Qué puedes perder si no estás dispuesto a contraatacar?  Puede que no tengas mucho o que estés tan en bancarrota que ya se te haya olvidado que se siente al poseer algo de verdadero valor, pero lo que de verdad importa es qué decides hacer cuando tu peor pesadilla se te vaya a tirar al cuello - a morderte en tu punto débil - , a arrebatarte aquello que aún te importa.

Esa es la pequeña diferencia entre las frases o entre todas las formas que tienes de apuntar a alguien a la cabeza.

Sigo esperando que esta vez sea yo la que maneja el arma y tiene todo bajo control porque no pienso rendirme ante tu mirada gris llena de esqueletos y malas intenciones; ese es un capítulo de mi diario que ya he dejado muy atrás y no pienso revivir.


No esperes que vaya a salvarte o que me tire por un puente por ti, pero voy a darlo todo por mi misma, por mi lucha. Por mi causa. Solo por la mía. Voy a ser infinitamente egoísta esta vez porque pienso sobrevivir.














sábado, 25 de julio de 2015

Podrían poner ya los créditos finales.

No sentir nada a veces nos ayuda a recordar que estamos muy jodidos. Jodidos como cuando te vas de fiesta y después de beberte tres botellas y soltar todas las risas falsas que te quedaban caes en esa especie de oscuridad llena de tristeza que te rodea continuamente y tu eres incapaz de ver.
No sentir nada te ayuda a recordar que en realidad le importas a mucha menos gente de lo que esperas y que a la que le importas no piensan salvarte - no saben nada sobre ti- , no saben que llevas en un pozo sin fondo años enteros.
No sentir nada te ayuda a levantarte y no tener que pensar que es lo correcto y que no lo es. Te ayuda a decir las cosas sin pensar, te ayuda a no sonreír cuando toda tu familia habla de él y tu tienes una ganas inmensas de verle otra vez, de mirarle a los ojos y soltarle alguna cosa que sea verdad y que le duela de verdad.
No sentir nada te va a ayudar a apagar tu móvil y no querer volver a encenderlo porque ¿a quién coño le importa que lo hayas apagado?

La lista continua. Os lo juro. Hacía tanto que no me sentía así de vacía que todavía no sé por qué el café ya no funciona o por qué me termino libros en apenas horas y aún así no distraen a mi mente. La verdad es que el vacío no me tranquiliza, no me ayuda, no me consume del todo pero estoy segura de que debo de tener una ojeras enormes. Ya sabéis, eso de desintoxicarte a ti misma sin ayuda de nadie es mucho más fácil el primer día que te lo propones y mucho más difícil después de tener todas las noches pesadillas y no poder hablar con nadie para contárselo.

¡Uy, y no quiero hablar de los amigos! Me rio yo en su cara. Esa gente no te conoce, no sabe una mierda de ti. No sabe por qué estás tan jodida o por qué no puedes permitirte amar a nadie. Já. Que si lo sabré yo... Los amigos son los primeros que actuarán como si no pasase nada porque creen que así desaparecerá el problema. Pero el problema va a seguir ahí. No se darán cuenta, o peor, lo ignorarán, pero puedo aseguraros que el problema empezará a hacerse tan grande que será imposible dormir en la misma cama que él.

Ya no se trata de que no creas en el amor, de que tu ciudad apeste y tengas ganas de salir corriendo hacia cualquier parte cambiarte de nombre y no volver, se trata de que estás tan jodidamente asustada hasta la médula que no podrás salir de casa a ver los rayos del sol y nadie te hará preguntas de por qué no sales o por qué te ves tan consumida en esa mierda. Lo van a ignorar. y eso si que duele. Duele casi tanto como darte cuenta de que el verano se te está haciendo mucho más cuesta arriba que la mayoría de las cosas que había antes en tu vida. Te darás cuenta de que todo lo que esperabas hacer se convierte en humo y al final nadie lo hace. Y después al final del día esa desazón de decepción por ti mismo seguirá en el mismo lugar que la dejaste el día anterior. Eso si que es jodido. Eso si que duele. Eso si que es vacío. Eso si que me está destrozando de verdad.

Y lo siento. ¿vale? Siento no ser tan simple como todo el mundo espera o que todos se crean mis estúpidas mentiras a la primera porque su coeficiente intelectual no les da para tanto. Siento mentir y tener que levantarme cada mañana y no sentir nada. Siento que se me vaya el verano a la mierda y que mis amigos (que no son tan amigos) no se pregunten donde estoy. Siento contar todo esta mierda a alguien si es que alguien lo lee. Me da igual. He llegado a un punto donde me da igual. Me da todo igual.


Así que espero que alguien me invite a emborracharme en medio del bosque cuando está tan oscuro que no puedes ver ni a tu propio corazón. Espero perderme y resurgir de todas mis cenizas - que son muchas- y espero que cuando todo el proceso acabe y yo ya esté como nueva para la sociedad otra vez, en ese momento, espero que la gente se de cuenta de que son una basura y de que las pocas personas que valen algo en este ilógico mundo se están destruyendo a si mismas y a nadie le importa.

Eso si que es triste. Y lo está diciendo alguien que no siente nada.










jueves, 12 de febrero de 2015

Me esconderé en la Luna el resto de mi vida, no me busques.

Podría representar la escena como una obra de teatro demasiado dramática, o como ese dibujo con tanto detalle que llevas mirando sin saber por qué más de lo que te permites a ti mismo. Podría escribir, recitar - incluso - dibujarte entre las nubes todas las esquinas y sus aristas. Solo para que sepas como se siente uno cuando está atrapado en esa clase de lugares.

No tiene un color determinado, puede ser azul - si lo prefieres - o gris si te gusta más el color de las tormentas. Lo único indispensable que debes imaginarte es a un tú justo en el medio, intentando ocultarse detrás de su propia mirada y con las manos llenas de sangre ( no es tuya, no te preocupes).
Llevas allí mucho tiempo, te miras a ti mismo como se miran a los especímenes desconocidos y extraños: con una lupa y cara de circunstancia - y también algo de terror-.

Debes hacer un estudio exhaustivo, nadie sabe que tripa se te ha roto o que parte de tus pupilas sufren inundación, eso solo puedes saberlo tú.

No hay nada fuera de lo común en tus hombros, allí sigue el peso de una vida entera con sus horas y sus días y sus millones de segundos desperdiciados gota a gota; como un dolor imperial que tienes la esperanza de que se esfume. Si sigues por tus brazos verás unos músculos desgastados, unas venas que recorren tus lunares como si de una autopista de éxtasis se tratara. Pasan por cada puerto pero siempre acaban en el mismo lugar. Tus pies tienen ya cierta insensibilidad de pisar tantos caminos ardiendo y correr por encima de rocas con doble filo. Tu ombligo muestra una clara ausencia de amor - te han vaciado al completo - desde hace años.


Después de ver todo eso, solo te queda visitar un tronco casi destruido al completo. Tu pecho es de un transparente casi traslúcido por culpa de las cicatrices. Se amontonan unas encima de otras, como si hubieran pasado el cuchillo en la misma zona desde diferente perspectivas, dejándote claro que allí dentro se coló algo que no debería haber llegado nunca.
Dentro de tu pecho, escondido entre las costillas y ese esternón que está a punto de romperse hay una masa muscular negra, podrida casi en su totalidad. Bombea algo que se asemeja al alquitrán, denso y tóxico - son los residuos que todo el que te toca deja en tu punto de gravedad, solo para que les recuerdes -.

Podría decirse que ya hemos encontrado la causa del problema: te estás pudriendo. Mueres de una forma lenta y dolorosa rodeada de venenos que un día quisiste con todo tu ser. No hay cura. No puedes sustituir un órgano tan dañado. Para hacerlo debes arrancártelo tú misma y buscar uno nuevo en esa sala de torturas.

Sí, esa es la imagen. Te has convertido en una especie en extinción y ahora que ya te has diagnosticado de cáncer de alma no queda nada por hacer, solo esperar. Aunque tampoco sepas a qué esperar.

Podría esperar una última oportunidad, que la crueldad se reduciera a la mitad de la velocidad o, incluso, que apareciera alguien en el último momento con una cura errónea y te dejara la esperanza en la boca.
Podría; pero ahora que ya sabes como está la situación es mejor que salga de esta hospitalización aducida y que me mude a mi antigua casa, a la Luna. Allí por lo menos sé que moriré a la sombra de un estrella mucho más luminosa de lo que fui yo y podré observar mientras tanto como lo demás también se apaga.




- Te prometo que lo siento. He hecho todo lo que he podido pero mi diagnóstico es terminal. No se puede hacer nada.











miércoles, 14 de enero de 2015

En mis finales

"Lo siento". Es lo que suele repetirme mi subconsciente cada vez que pienso que debo dejar de escribir, de recriminarme toda la tristeza a mi misma. A veces creo que en realidad solo busco una manera de que el mundo se entere de que estoy muy jodida. Supongo que lo sabe y le da igual como en la mayoría todos los casos.

Esta vez siento algo más perturbador que de costumbre, los demonios de mi pecho han empezado a salir por una fisura de quién sabe donde y lo inundan todo. Asustan a la gente de mi alrededor - y a mí - aunque no puedo evitarlo, al fin y al cabo son todos productos de mis faltas de empatía.
Es una mierda, lo sé.
Todos los rollos de fantasmas y luces pálidas están acabando conmigo y encima se suman a la lista de condenas sus ojos grises. Ni si quiera le lo soporto.

Se me está yendo todo de las manos, lo reconozco. Cuanto más intento encarrilar mi vida más tumbos da y las miradas fijadas en mi fruncen el ceño en forma de desaprobación ( siempre desaprobación). Es tan cansado eso de mentir que últimamente a veces ni lo hago. Me descubro a mi misma bajando la guardia ante guiris con guitarra, ilusionistas estrelladas y excepciones de existencia. Me da miedo porque sé que si el cristal polarizado se rompe yo caeré de la forma menos bonita que exista.
- No deben enterarse.-

¿Os imagináis?
Yo sin mi escudo, sin niebla, sin nada que oculte la verdad: terrorífico.
No sobreviviría. De todas formas ya no tengo idea de qué coño hago. No creo que a esto se le llame vivir, ni sobrevivir, ni si quiera morir podría ser un buen término. Creo que me extingo, como el fuego. Tan lentamente que resulta doloroso ver como me apago como se apaga la más bonita puesta de sol. Será que ya hice demasiado - mal por supuesto -. No existirá un castigo suficiente para mi persona y aún así me convierto en ceniza fría y gris.

Y fuera todo está tan callado, tan normal, tan: la ciudad de siempre, la gente de siempre y todo como siempre esperamos que no fuera. Me comprimen todos mis costados y me sacan el aire la vida de mi cuerpo.

Yo no debería haber acabado así , y el resto tampoco.