No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Vomita.

Es increíble todo lo que puede pasar en una hora, todas las cosas que se pueden hacer añicos en sesenta minutos. Es increíble todo lo que puede pasar en siete horas, una suma de sucesos que te destrocen y ya no sepas qué hacer.

Es impresionante todo lo que puede cambiar en un solo un día.

Todas las cosas que pensabas verdaderas desaparecen como la niebla - de la nada - y aunque el camino se despeje te encuentras a ti misma en un lugar donde nunca antes habías estado: perdida.
Decepcionada con la idea de haber fracasado en eso que ansiabas con tanta necesidad. Con un nudo en la garganta y en ese corazón que me empeño tanto en sacar adelante. Dan ganas de esconderse y no volver a salir, de alejarse y escaparse a un país donde nadie conozca tu nombre y puedes ser y hacer todo lo que desees. Aunque supongo que la tristeza me perseguiría por todo el mundo con la única finalidad de conseguir hacerme llorar. Llorar a mares y que caigan tormentas de un cielo bien iluminado y sé lo absurdo que suena. Porque la felicidad que un día te hace estar en la cima te hace ir de funeral al día siguiente y sentirte la persona más insignificante de toda la humanidad.

Y las repercusiones no son pequeñas, no os creáis esas chorradas de la tele de que el mundo va bien. Todo va mal, tan mal como alguien que está a punto de morir y decide sonreír solo para hacer feliz a alguien. Esas puertas de atrás no llevan a ninguna parte. Acabas en el mismo punto del que querías huir, suponiendo que hubieras conseguido escapar de él antes.

El resultado es catastrófico, como el frío de invierno que se presenta sin avisar mientras vuelves a casa y se te congelan las manos. Esa pequeña ignorancia hará que caigas enfermo y tardes en recuperarte o que te quede una arritmia crónica en tu vida que te haga tener que andar de puntillas sobre una realidad que arde.

Sin embargo, no me esperaba otra cosa. No esperaba otra cosa que está gran sensación de vacío mientras bebo agua helada y cuento los segundos que pasan hasta que mi sangre reacciona y los análisis dan positivo. La tristeza se está ramificando en todos mis tejidos y dará igual cuantos discursos de apoyo me den, la sensación es la misma.

Lo único que puedo hacer es atarme las muñecas y exigirme escribir más rápido, trabajar más rápido, aprovechar un tiempo que no me ha sido concedido para conseguir lo que quiero, lo que necesito. Aunque si hablamos de eso acabaremos naufragando en océanos que aún no han sido descubiertos y tampoco merece la pena.
Solo puedo decir que yo no recordaba haber estado tan acabada desde hacía mucho - y no es un consuelo - pero aún así jamás había esperado vomitar tantas emociones en un mismo día.




PD: Si deseas hacer algo, hazlo. Posiblemente te salga como el puto culo y acabes tan mal como yo pero tendrás la oportunidad de contar cómo te rompiste la aorta mientras sobrevivías.







domingo, 8 de noviembre de 2015

Para los cobardes que solo te leen cuando no saben qué te pasa. (Va por ti).

No sé en qué mundo vives, ni desde cuando estás en esa jodida fantasía tuya pero te puedo asegurar que estás peor que la mayoría: sumergida en esa terrible y falsa felicidad para no enfrentarte a las cosas. Al final has acabado siendo tan superficial como el resto.
Espero que leas esto y que te des cuenta de lo egoísta que eres y de lo poco que sabes. No sabes nada. NUNCA. Pero vas a seguir actuando como que lo sabes todo porque así tu vida es mucho más fácil. Y porque así parece que controlas todas las situaciones por las que te mueves y que todo irá bien. Te equivocas, hace mucho que todo va mal - tan mal que tú ni te has dado cuenta - y lo ignoras.

No tengo claro cuando me di cuenta de que habías desaparecido, pero te puedo asegurar que ya no eres tú. Eres una sombra que ni si quiera sabe en qué escala de grises está. Vas a tientas por todos tu caminos, buscando algo que te traiga de vuelta. No prestas atención. No tienes esa sensibilidad ya; te has quedado ciega. Tan ciega que las personas a las que solías conocer ahora son para ti como cuadros de arte abstracto: no sabes por donde empezar a mirarlas.

Jamás se me ocurrió pensar que acabarías así, que acabaríamos así. Por extraño que parezca no me importa. Creo que hace mucho que dejó de importarme. Me he cansado de esperar algo más de todos vosotros. Estoy harta.

Eres tan cobarde que después de años de amistad tienes que leer una puta página web para saber cómo me siento. Si a eso le llamas ser amiga mía estás muy equivocada.

Y sí, si alguien más a parte de esa persona lee esto, sí es una directa ( no una indirecta). No os sintáis ofendidos, no va por vosotros. Va por ese tipo de gente que ya no merece la pena.


PDT: Ahora que lo he dicho me siento mucho mejor.





miércoles, 4 de noviembre de 2015

El cartero ya está aquí. Tú también.

El teléfono no ha parado de sonar toda la mañana. Quiere respuestas y las quiere ya. Yo lo único que soy capaz de hacer es de esconderme en la cama intentando sentirme mejor. Fuera llueve como si el mismísimo Lucifer estuviese llorando la pérdida de un ser amado - puede que él también se haya dado cuenta de lo solo que está - eso o es que le ha vuelto a dar a la bebida y ha dejado de ver las cosas con claridad.
El momento se está complicando, me piden respuestas a preguntas que no he oído en mi vida y todos tiene esa estúpida sonrisa, como si de verdad supiesen lo que están haciendo. Aunque puedo asegurar que no lo saben. ¿Quién coño iba a saberlo?

Ayer recibí tu carta. Esa que debiste de haber enviado mucho antes y que ahora sirve de tan poco. En ella decía que me querías. Que me querías y estabas dispuesto de darlo todo por mí; pero supongo que esa es una promesa demasiado bonita para ser real y nunca he sido romántica. No me lo he creído. Como tampoco me he creído todas las líneas donde describías un futuro prometedor en algún lugar donde nadie nos conozcan. Todavía me acuerdo de cuando decías que te gustaría ser anónimo, solo para no tener que saludar a nadie por educación cuando te encontrabas a alguien por la calle. Recuerdo eso y que después tú siempre eras el primero que se acercaba para hablar, para mantener un dichoso diálogo con sabor a incertidumbre.
En eso también eras muy hipócrita. La única cosa que vi que quisieses de verdad era ese viejo tomo de la biblioteca que se caía a pedazos, lo cogías una vez cada dos meses para asegurarte de que su filosofía todavía controlaba tu vida. Hablabas con más pasión de ese libro que de cualquier otra cosa. Que de mí.

De mí nunca hablabas; te escondías por cualquier esquina solo con tal de no tener que hacerlo.

La última vez que te vi también llovía. Llevabas tu jersey de color verde y sonreías de forma cansada mientras te tomabas una cerveza. Le echaste la culpa al cansancio cuando en realidad lo que te ocurría era que eras enormemente infeliz. Justo antes de que nos despidiésemos dijiste que no podías más con las cosas y que no valíamos tanto la pena. Y puede que fuese cierto. No valíamos la pena pero yo había luchado con todas mis fuerzas para que no te fueras (fue inútil).

Tú también te fuiste y luego me fui yo. De qué servía quedarse.

Hoy también llueve, retumba mi garganta contra el cielo y el teléfono no hace más que sonar. Creo que eres tú. Jamás te gustó que te ignoraran deliberadamente. No voy a descolgar. Lo he sabido desde que empecé leyendo tú carta por el final, por ese "te quiero" tan insípido con el que lo terminas todo. Otra mentira, una de tantas.


Me habría encantado decirte que yo también te quería y por desgracia, no habría sido mentira; pero no pienso perder tiempo en decirle a un estúpido que todavía queda algo.



- A ver que haces esta vez sin todos tus truquitos.