No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

lunes, 27 de junio de 2016

Historias de verano.

Me gustaban sus escusas. El veneno concentrado que eran pero (que después de meses mirándole a los ojos como si fuera a lanzarse sobre mí) me acabé acostumbrando.
No era bueno. Me arrancaba de mis ensoñaciones, interrumpía en mis sueños y me mordía en el cuello cada vez que quería un poco de atención.

Sí, definitivamente era horrible. Y como cosa horrible de alma oscura y encantadora yo estaba prendada de su forma de caminar entre ruinas con el paso firme y esa sonrisa que rompía platos. Me gustaban sus acertijos a altas horas del precipicio; sus convers rotas, el tatuaje de su costado que tanto se molestaba en esconder y el resto de tatuajes que no se veían pero enseñaba orgulloso. Su indiferencia cuando le llamaba su madre diciendo que estaban en el hospital - que había habido un accidente - y la risa que brotaba poco después de sus labios crueles.

Es una de esas tantas personas que lo han perdido todo y nadie se ha  molestado en recordarle que puede volver a construir sus órganos internos - aunque yo tampoco tendría los cojones de hacerlo -. Bebía. Mares, peceras y a personas. Arrasaba por allí donde dejaba su magia.

"Tenía el cuerpo deformado por la tristeza y le quedaban secuelas de sonreír".







jueves, 9 de junio de 2016

Hostia.

Si te despistas un poco puede que un día te levantes y te quede solo un año de instituto, tengas una montaña de apuntes que estudiar encima de la mesa de tu cuarto y tus amigas tengan la típica crisis de  "necesito un novio, estoy muy sola". La perspectiva no es nada romántica. Se basa en hechos de tu vida que, sin saber por qué, se han establecido así.

Me encantaría ver a muchos intentando dirigir mi vida, decidiendo todos los días que lo correcto es levantarse de la cama e intentar ser realista - porque intento serlo - , contando las horas de dos en dos para conseguir una libertad condicional. Intentando seguir el ritmo de algo que no puede ser controlado.

Perdiendo el control cada viernes por la noche, justo antes de las doce. Cuando me llama. 
Teniendo que soportar un mente contaminada, con las palabras agarradas demasiado fuerte a la garganta, sin un pizca de delicadeza.

Cansada.

No tanto de correr como de respirar pero con los pulmones aún en marcha, con sobresfuerzos. Con las gafas sucias y llegando tarde (como siempre).

No eres consciente de lo inmensamente difícil que resulta salir adelante hasta que te toca a hacerlo.

Esto puede reducirse a una sola frase.

La vida sigue.