No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

sábado, 10 de junio de 2017

Antes me asfixio

Cuando era pequeña me encantaba bailar bajo la lluvia, la tarta de mi abuela en los cumpleaños, columpiarme hasta que el frío era insoportable por la noche. Me gustaba el color naranja, era mi favorito. El olor a fresas, a tierra mojada, los bosques que no conoces, las librerías.
Coger mucho aire cuando estaba agotada. Las mañanas de sábado con la ventana abierta. Las visitas de los amigos de mis padres y las fotos de cuando eran jóvenes. Las historias que no me pertenecen.
Cantar en el coche de mi madre con el volumen a tope y los pulmones deshinchándose mientras suelto mi estribillo. Subir cuestas, porque después hay que bajarlas. Dar abrazos mientras me escondo en el hueco que se crea entre el cuello y el hombro. Beber café por la noche, aunque la gente me siga repitiendo que estoy loca ( me da igual, dejadme beber en paz, otros toman éxtasis y os quejáis menos). Salir de casa tarde y llegar antes, caminar por calles estrechas rodeada de edificios antiguos. Saludar sin mirar, que nadie me interrumpa cuando llevo la música puesta.
Ser borde; porque a veces lo disfruto enormemente. Tener un buen día y darme cuenta de que todo se ve extremadamente mejor. Dar consejos borracha, sobria o medio dormida. Decir la verdad. Guardar secretos pero saber toda la información.

No saber a dónde demonios voy pero que no importe. Escucharle hablar cuando está tan concentrado y sabes que te está contando algo que no le contaría a nadie más. Que él sea un desastre, que tú también. Que de igual.

Me gusta ver a mi padre trabajar y que parezca que es capaz de arreglar cualquier cosa. Tener razón en las mismas chorradas de siempre. Dormirme pensando en que hoy he hecho algo que ha valido la pena. Leer hasta que no pueda más.

Respirar. A veces me gusta mucho respirar. Los detalles.


Me gustan todas esas cosas que confundes cuando miras a alguien, lo imperceptible, la esquina de la escena, el error, lo que queda, el recuerdo, la decepción, la sensación de haberlo vivido todo después de decir una frase.


Lo que vengo a decir es que tengo un humor de perros por las mañanas, estoy enganchada al café y ni si quiera cuando esté borracha te reconoceré que te quiero - aunque lo haga-.

Y aún así no renunciaría a nada de eso.
Antes me asfixio.






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