No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Visitas.

Si llamaras a mi puerta, si consiguieras llegar después de haberte bebido todos esos chupitos a esta ciudad, tendría por lo menos veintiséis razones por las que no abrirte la puerta. Te dejaría solo, delante de ese gran trozo de madera, tocando el jodido timbre hasta que se fundieran o los vecinos te echaran.

Sobretodo porque si te abriera la puerta yo no sería capaz de echarte.




jueves, 21 de septiembre de 2017

Confesión de una artista falsa:

No sé dibujar una línea recta sin que me tropiece a la mitad contigo o enumerar mis colores favoritos sin sacar a relucir tu tono de sombras. Tampoco me gusta llegar a casa con las manos vacías, he llegado a la conclusión de que por lo menos los escritores te rompen el corazón con alguna mentira que les puedes tirar a la cara.
Y no me hables de las texturas que tiene mi piel cuando llueve; llego tarde y a ti solo te apetece tocarme los cojones con alguna frase que me saque de quicio. Me he roto la garganta en esa esquina de atrás, aparta, busco soluciones que pillen a menos de quince minutos y no hagan que me ahogue - lo sé, eso hoy en día es difícil -.

Que no, que no sé nada de ninguno de esos pintores, no tengo ni puta idea de donde conseguir ese pincel y tampoco sé cómo demonios se llama esa puta técnica pero siento algo en mi pecho a punto de estallar que quedaría muy bien en un lienzo.

- Así que si te gusta mi farsa y la forma que tengo de dibujar sonrisas torcidas, encantada, si no vete a tomar por culo.



miércoles, 20 de septiembre de 2017

Sobran cosas.

No siento nada. Encuentro vacíos en todas las guerras que estallan cada vez que dices que me quieres, no sé por qué no conseguimos estar al mismo nivel. Damos vueltas alrededor de la misma ventana abierta sin conseguir ver lo que hay al otro lado. La distancia nos ha convertido otra vez en dos críos que no saben estar sin el otro y que tampoco pueden mantener una conversación seria sin romper a llorar - o sin romperse -.

Hace poco decidí que no leería tus cartas de odio antes de dormir porque me creaban pesadillas; ahora las leo por la mañana y me acuerdo de que en algún lugar de otra ciudad tú piensas menos en mí de lo que yo lo hago en ti. Es casi como beber tequila sin el limón del final; la sensación es parecida (porque es alcohol) pero no consigo que me guste.

Pero me quedo aquí - espero que no vengas porque me echaría a llorar -.





martes, 19 de septiembre de 2017

Enfermedad.

Todos hemos tenido gripe alguna vez. Todos hemos sentido la desorientación de la fiebre, el dolor punzante en músculos que no conocíamos y la sensación de ahogo que te deja una noche demasiado lenta. Todos hemos llorado echando de menos a alguien que no podíamos tener y hemos deseado que estuviera allí, en la misma cama, y también hemos sabido que algo así jamás sucedería, he ahí la decepción. Todos sufrimos alguna enfermedad crónica impronunciable o que te hunde, o simplemente que ni si quiera tú conoces. Todos tenemos un puto problema, una puta enfermedad, algo.

O un alguien.

Aún no sé qué me da más miedo, si un virus o una persona.


jueves, 14 de septiembre de 2017

Observaciones.

Te observo desde cerca,

a tres centímetros,

porque siempre he tenido la sensación
de que
si miras a alguien de cerca y te sigue pareciendo alucinante,

lo es.

Desde cerca ves los detalles,
el error
que se te escapa 
cuando ya no consigues enfocar sentimientos
y
besas labios lleno de cinismo.

También quitas magnitud,
visión,

cierta alma que 
tienen las personas cuando los miras al completo.

Los miras pero sin ver
Sin ver que dentro
ya no queda nada

Miras el todo
que
al final
es un nada sin detalle.

Miras lo que inútil
y
,a la vez,
desastroso
hace que encuentres un camino a casa
donde, de repente,
la mierda se hace ver.

Ves.

Y al final no observas nada.



martes, 12 de septiembre de 2017

- Tres tazas de café, por favor.

El ser humano es un ser sociable, sus hábitos de conducta varían dependiendo de su entorno y su genética pero los patrones básicos prevalecen, al fin y al cabo la raza es la misma. Es una buena simplificación para empezar a decir que aunque algunos seamos más bajos y otros un poco más tontos en esencia somos la misma clase de mierda biológica que espera cambiar el mundo y que al final no lo hace. Cuestión de principios. Puedes llamarlo mala suerte si eso te hace sentir mejor contigo mismo pero estoy convencida de que en realidad somos gilipollas y ya está.

Porque da igual a quien le quieras romper un brazo por romperte el corazón o quién es más bestia en eso de acabar a mordiscos por las noches. La métrica de las palabras que se dicen con impulsividad llegan más lejos, por eso te duelen más cuando te gritan al oído o te arrebatan una noche. Duele más porque es intencionado, porque es real, porque el impulso hace que te llegue toda esa mierda a algún órgano vital.
No sé, movidas.
Movidas que hacen que te de un vuelco a la garganta y acabes vomitando alguna parida por teléfono a casi cien kilómetros de distancia. Eso si que es hacer de tripas poca razón.
Te destroza a ti y al receptor del mensaje pero oye, es la verdad, qué reclamación pueden hacerte.

Por eso intento no ir a tomar café sola, por si al final acabo borracha, rodeada de la misma sensación vacía que tenía en la otra puta ciudad - porque aunque la eche de menos es otra puta ciudad - y no quiero reconocer esa debilidad. La gente se aprovecha de cosas como esa. Así que aunque el café ha sido mi vía de escape desde hace ciento doce décadas, no puedo permitirme acabar en esas condiciones.
Lo hago por mí.
O por él.
O porque somos humanos sociables llenos de mierda biológica que necesitamos cafeína.






viernes, 25 de agosto de 2017

La declaración que no me renta.

Puedes beber lo que quieras,
decir lo que quieras,
cantar tan alto como desees.

Pero recuerda que todo tiene un precio,
que el dolor a cuotas hace que durante meses no quieras salir de la cama.
Recuerda que las facturas que llegan tarde pueden dejar agujeros negros.

Pero sí,
puedes ir donde quieras,
amar tanto como quieras
y
gritar hasta quedarte sin pulmones.

Pero no derrames mi café,
es lo único que me mantiene.