No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

viernes, 20 de octubre de 2017

Expresando noches de borrachera.

Algunas noches se me cruzan un par de cables de más, unas cervezas de más, miradas de más y acabo queriendo que te conviertas en mi nuevo salvavidas cuando la gente grite "fuego" y el fin del mundo - el mío - se acerque. Algunas noches mi impulsividad queda controlada y todos mis pensamientos inconscientes salen a la superficie. Tendré complejo de superhéroe o de super gilipollas, pero a ti también quiero salvarte, compartir mierdas que me hagan mirarte y pensar que aún así - aún con todo esto que no terminamos de entender, todo lo que tu quieres destruir y todo lo que yo ya he destruido - podríamos llegar a tener una oportunidad algún día.
Aún estamos a tiempo de gritarlo en mitad de una calle vacía.

Y sé que no te gusta hablar, por eso agradezco que te apoyes en una pared con mala iluminación y abandones a tus amigos por dedicarme un par de párrafos, incluso aunque después me limites con una frase que no es la mitad de una subordinada.

Voy a volver pronto a casa.

Lo he decidido en cuanto he visto que mi contaminación mental es inminente y no voy a poder mantenerte sin una puta sonrisa.



miércoles, 18 de octubre de 2017

Tour turístico.

Has vuelto.
En realidad, has querido volver y yo no te he abierto la puerta.
Ha tenido que ser duro.Yo he tenido que salir corriendo al baño antes de ponerme a llorar - menudo hijo de puta -.

El caso es que me sustituto ha expirado; no sé dónde coño se ha metido pero también empiezo a echarle de menos. Aunque ya tengo llaves y comparto un poco del desastre donde están todos metidos.
Sé que nada de esto tiene ningún puto sentido, pero es que me he tomado varios cafés sin azúcar y me han sabido casi tan amargos como mi vida, cómo no voy a quejarme.

Por cierto, la lluvia también ha vuelto.¡Menos mal!

Y bueno, eso, que todo vuelve a ser un puto desastre.

Y que te jodan, ¿a que duele?


domingo, 15 de octubre de 2017

- Tío, vete a la mierda.

Es la razón por la que escribo los días de tormenta. Sé que no he dicho el qué; ahí está la gracia, que quede en secreto, como incógnita general en una vida de desastre que acabará por desaparecer. Te contaría el resto de la historia - es un puto drama de mierda de donde no se saca nada en claro - pero no vale la pena. Al final nos reducimos a discusiones que no tienen sentido y palabras que duelen el triple cuando se dicen con un par de grados de más en las venas.

Estoy cansada.
Me despido.
Ojalá te duela el pecho cuando te acuerdes del desperdicio tan grande que pierdes y en ese asqueroso sentimiento de echar de menos no tengas huevos a contárselo a nadie.
Adiós.



martes, 10 de octubre de 2017

Despedidas en bucle.

Hoy he quitado tus fotos de la pared. Mi conciencia dice que ya no quiere verte más así que me he pasado un día entero eliminándote - ha sido mucho más duro de lo que pensaba -. He tenido que esconder todo lo que me unía a ti y aún así siguen quedando vesquijios de que sigues señalando mi vida con rotulador rojo cuando llueve. No debería haberte permitido nunca poder hacer algo como eso.
Es culpa mía.

No sabía que querer a alguien incluía seguir queriéndole incluso cuando desaparecía por completo.

lunes, 9 de octubre de 2017

Te encontraron medio muerta,escrita en una libreta.

- Suenas acojonada, un poco perdida, obsesionada con un recuerdo que ya no es y se quedó atrás hace años. No conseguiste que se cumpliera tu deseo cuando soplaste las velas así que ahora vas detrás del mechero esperando que te preste su chispa el resto de tu vida. Cariño, dalo por perdido; todos estamos destinados a apagarnos.
Pero sí, suenas como la mierda. Como si llevaras sin dormir tres meses y aún tuvieras cicatrices comprometidas en la cintura.
Además, me dijeron el otro día que ya no ves fantasmas - eso o que ya no lo cuentas - y que decías que estabas arreglando cosas en la tu baúl de desperfectos. ¿Te refieres a que estás pintando de negro todo otra vez? Deberías saber que eso no funciona, que tú lo que necesitas es un sustituto al que robarle libros y sonrisas para no sentirte tan sola en tu jodida cama de matrimonio. ¡Qué sigues vacía! Y eso no se soluciona con café a las cinco de la mañana. Madura. Envía un par de cartas de reclamaciones sobre tu historia y empieza a estudiar todo el arte que te queda.
Si es que, vas a morirte igual... Lo sabes, ¿verdad?

No tengo nada más que decir.



domingo, 8 de octubre de 2017

No olvides coger el orgullo, va a hacerte falta.

Nadie sabe lo duro que es irse, o que se vayan, hasta que no tiene la puta maleta al lado de la puerta principal y te gritan que no piensan volver. Dan un portazo y el silencio que le sigue a continuación lo deja todo lleno de ausencias. Es como si la persona que se fuera dejara la mitad del piso en ruinas y con todas las ventanas abiertas esperando a que te mueras de frío y tengas que sobrevivir a un invierno entero con agujeros en los ojos.

El primer síntoma de todo el destierro que se lleva a cabo, casi por inercia, es empezar a hacer café de más. Café que acaba en el fondo de la pila y que supone un sabor amargo que no puedes quitarte de la boca. Así que bueno, dejas el café; después te das cuenta de que no puedes sobrevivir sin él - me refiero al café - y vuelves a tomarlo.
El segundo síntoma es una especie de desacuerdo social que acaba tocándote mucho los cojones. Ya puede ser magia o que tu alrededor se siente muy vacío sin la otra persona pero todo el mundo lo nota. Eso podría no ser malo del todo, significa que la otra persona existía, lo malo es que pidan explicaciones de la desaparición; como si tu fueras Sherlock Holmes y fueses capaz de explicar por qué las personas se marchan cuando tu sistema nervioso acaba en bancarrota. De repente te ves a ti misma resolviendo un misterio que ni tu entiendes y llenando lagunas que no resolvería ni un solo matemático.
Y luego el último. El tercer síntoma es el más duro, el que te deja jodida de verdad, el que te hace plantearte no volver a sentir nada: echas de menos. Sientes que la única parte de ti que iba a superar todo este despropósito sin argumentos se va. Se va de verdad. No te roba espacio de la cama. No te deja notas en los libros. No te llama gilipollas. Ósea, no te llama. Y, además, seguramente ya no te quiere.

Vamos, que el tema está jodido. Tranquilo, empeorará aún más. Siempre lo hace.

                            

- Ahora solo queda que vuelva para restregarme por la cara que no piensa hacerlo.
- Eso sería totalmente contradictorio.

 



sábado, 7 de octubre de 2017

Partes que no me pertenecen.

Podría haber estado contigo allí, echada sobre la hierba, recitando mi canción favorita mientras tú te ríes de mi falta de concentración cuando orbito a tu alrededor. O podríamos haber teorizado sobre que vamos a morirnos - juntos - y que entonces las mudanzas, los cafés a medias y todos los libros que he abandonado tienen alguna justificación. Porque si compartiésemos dolor la tendría. Me rendiría ante cualquier situación real defectuosa, a tus pocas ganas de vivir en un mundo demasiado adulto para tu corazón de niño inmaduro que no quiere ser comprendido.
Podríamos haber vivido en esa fantasía cuatro años, incluso alargarlo un poco más y después saltar a cualquier pozo sin fondo lleno de tiburones que quisieran acabar con nuestra sonrisa.

Podríamos.

Podríamos haber sido tantas cosas que me da vértigo.

Pero no somos. No estamos. Ya casi ni existimos. Y yo me paso las tardes debajo de puentes con personas que empiezo a querer más que a ti - eso es un jodido problema -.


- Creo que ya no voy a poder mirarte a los ojos. Por mi propia seguridad.




jueves, 5 de octubre de 2017

Cosas.

He incumplido muchos contratos, promesas, un par de órdenes de alejamiento por parte de mi conciencia. También he escrito cosas horribles, poemas, cartas, un par de novelas que no van a llegar a nada, millones de frases sin sentido encima de mi cama. He visto películas, museos, árboles, gente llorando, funerales y la declaración de amor más triste de la historia. También he visto como se estrellaba un plato con violencia contra el suelo mientras un matrimonio se rompía.
Todo a cámara rápida. En bucle. Y yo de fondo subiendo cuatro pisos de escaleras sin saber por qué no pueden dejarme en paz.
También me he sentido traicionada. Rota.Vacía. Sola. ¿Quién coño no lo está?

Porque a mí todavía no me ayudan a dormir, ni se interesan por si de verdad lloro en la ducha cuando nadie mira o por qué tomo tanto café.

La persona que descubra por qué lo hago va a sentir el peso del mundo sobre sus hombros.

En fin.

Que durmáis bien.





martes, 3 de octubre de 2017

Tu inconsciencia.

No tengo esperanzas de que vuelva.
Ya no sé si es que no merece la pena o que no quiero que lo haga.

A lo mejor es eso, que en el fondo tengo ganas de que las cosas se jodan de verdad y acabe todo hecho un desastre. Que yo acabe escurriéndome por la pared y te repita diez veces que no es culpa tuya, que es mía, que mi dolor ya no te pertenece.
Será eso.

Quiero que pase algo que te rompa los huesos y te haga darte cuenta de cómo me estás cortando las cuerdas vocales.

lunes, 2 de octubre de 2017

Exigencias en reclamación.

Conozco a mucha gente que compara recordar a alguien con arrancarse una tirita.
Tiras y duele.
Recuerdas y duele.

Símiles de mierda para sensaciones de mierda.

Tal vez sea la necesidad de comparar el dolor y cuantificarlo; decir "mira, me duele todo esto y a ti no".

Y menos mal que a mí no.

Menos mal que a ti te llega algo.
Menos mal porque no soportaría que tu indiferencia se quedara a una ciudad de distancia 
ya no hubiera nada más que hacer.


Menos mal.






domingo, 1 de octubre de 2017

Infancias fallecidas.

No hay infancia más dolorosa que un columpio vacío y una conversación de hace ocho años. O darte cuenta de que ya no le puedes mirar a los ojos porque le quieres demasiado. O que te arranquen un abrazo de las tripas y te digan que te van a echar de menos y tú sepas que es verdad y que no vas a poder hacer nada para impedirlo. O que duela una sonrisa porque cada vez que tu piel se estira se resquebraja, sangras.

No hay peor infancia que la no vivida, la que te quitan de las pestañas, la que recuerdas con inconsciencia mientras te caen trozos de humo encima.

No hay peor realidad que darse cuenta de lo que pierdes, de lo que no puedes tener; de lo que jamás tendrás.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Despedidas de advertencia por si decides irte.

Habría que tener valor, y dinero, sobretodo dinero, para marcharse con ese descaro mientras sonríes y dices que no piensas pensar en mi nunca. Lo único malo es que sería verdad, tienes ese encanto natural, todo lo que sale de tu cerebro se acaba haciendo materia. Pasa lo mismo con tus despedidas de mierda. Ni que no hubiera visto ninguna.

Cuando te fuiste de casa te viniste a la mía y lo único que dijiste cuando llegaste fue que tenías frío y que sí tenía café - cómo no voy a tener café -. Te dejé pasa y acabaste con mi café, aunque después nunca me faltaba uno por la mañana. Eso era bonito.
El caso es que cuando te fuiste de casa te fuiste sin más. Como siempre. Sin preguntarle a alguien qué le parecía o sin plantearte tú si ibas a acabar en un cartón en una esquina de cualquier calle. Te da igual. Estás convencido de que saldrás de cualquier desinfortunio que te encuentres. Lo haces.

Menudo pedazo de hijo de puta.

Por eso no me extrañaría nada que desaparecieras sin decir nada.
Acabaría haciéndome a la idea - siempre lo hago - pero, en cierto sentido, me romperías algún hueso en el proceso.

Asi que bueno, menos mal que no tienes dinero.




martes, 26 de septiembre de 2017

Cargando material bomba.

Me pregunto cuántos textos de mierda escribiré hasta que me canse y deje de hacerlo, o hasta que me muera. O si me moriré pronto. O si ese pincel no es demasiado fino, o demasiado caro. O si en algún momento no parecerá que voy a caerme con esos zapatos, o si dejarán de doler.
De vez en cuando también me pregunto por qué tenemos un presidente tan gilipollas, pero supongo que esa pregunta no sirve.

En realidad, la mayor parte de preguntas no sirven. Se han quedado a medias - sí, como cuando estás follando y te interrumpen- y después da igual lo que pase que no te quedas agusto. Somos un gran a medias; yo también lo soy.
Por eso me pregunto de qué sirve. No el hacer preguntas, si no todo esto: lo que está y lo que ya no. Si lo pienso mientras leo un libro al final acabo mareada. Si lo pienso en la ducha me entran ganas de llorar. Si lo pienso en mi cama de matrimonio me asusto y me tapo hasta las ojeras. Si lo pienso volviendo a casa pierdo el rumbo y ya no sé volver.

Mi única conclusión es que el mundo es idiota y como yo formo parte de él - esta parte nunca ha sido mi intención - yo también lo soy. La vida.

Así que si os preguntáis por qué no sé encuadrar, por qué bebo café por las noches o por qué ahora sonrío más, yo que sé.
Id y preguntadme.
Ya me inventaré una respuesta.



sábado, 23 de septiembre de 2017

Visitas.

Si llamaras a mi puerta, si consiguieras llegar después de haberte bebido todos esos chupitos a esta ciudad, tendría por lo menos veintiséis razones por las que no abrirte la puerta. Te dejaría solo, delante de ese gran trozo de madera, tocando el jodido timbre hasta que se fundieran o los vecinos te echaran.

Sobretodo porque si te abriera la puerta yo no sería capaz de echarte.




jueves, 21 de septiembre de 2017

Confesión de una artista falsa:

No sé dibujar una línea recta sin que me tropiece a la mitad contigo o enumerar mis colores favoritos sin sacar a relucir tu tono de sombras. Tampoco me gusta llegar a casa con las manos vacías, he llegado a la conclusión de que por lo menos los escritores te rompen el corazón con alguna mentira que les puedes tirar a la cara.
Y no me hables de las texturas que tiene mi piel cuando llueve; llego tarde y a ti solo te apetece tocarme los cojones con alguna frase que me saque de quicio. Me he roto la garganta en esa esquina de atrás, aparta, busco soluciones que pillen a menos de quince minutos y no hagan que me ahogue - lo sé, eso hoy en día es difícil -.

Que no, que no sé nada de ninguno de esos pintores, no tengo ni puta idea de donde conseguir ese pincel y tampoco sé cómo demonios se llama esa puta técnica pero siento algo en mi pecho a punto de estallar que quedaría muy bien en un lienzo.

- Así que si te gusta mi farsa y la forma que tengo de dibujar sonrisas torcidas, encantada, si no vete a tomar por culo.



miércoles, 20 de septiembre de 2017

Sobran cosas.

No siento nada. Encuentro vacíos en todas las guerras que estallan cada vez que dices que me quieres, no sé por qué no conseguimos estar al mismo nivel. Damos vueltas alrededor de la misma ventana abierta sin conseguir ver lo que hay al otro lado. La distancia nos ha convertido otra vez en dos críos que no saben estar sin el otro y que tampoco pueden mantener una conversación seria sin romper a llorar - o sin romperse -.

Hace poco decidí que no leería tus cartas de odio antes de dormir porque me creaban pesadillas; ahora las leo por la mañana y me acuerdo de que en algún lugar de otra ciudad tú piensas menos en mí de lo que yo lo hago en ti. Es casi como beber tequila sin el limón del final; la sensación es parecida (porque es alcohol) pero no consigo que me guste.

Pero me quedo aquí - espero que no vengas porque me echaría a llorar -.





martes, 19 de septiembre de 2017

Enfermedad.

Todos hemos tenido gripe alguna vez. Todos hemos sentido la desorientación de la fiebre, el dolor punzante en músculos que no conocíamos y la sensación de ahogo que te deja una noche demasiado lenta. Todos hemos llorado echando de menos a alguien que no podíamos tener y hemos deseado que estuviera allí, en la misma cama, y también hemos sabido que algo así jamás sucedería, he ahí la decepción. Todos sufrimos alguna enfermedad crónica impronunciable o que te hunde, o simplemente que ni si quiera tú conoces. Todos tenemos un puto problema, una puta enfermedad, algo.

O un alguien.

Aún no sé qué me da más miedo, si un virus o una persona.


jueves, 14 de septiembre de 2017

Observaciones.

Te observo desde cerca,

a tres centímetros,

porque siempre he tenido la sensación
de que
si miras a alguien de cerca y te sigue pareciendo alucinante,

lo es.

Desde cerca ves los detalles,
el error
que se te escapa 
cuando ya no consigues enfocar sentimientos
y
besas labios lleno de cinismo.

También quitas magnitud,
visión,

cierta alma que 
tienen las personas cuando los miras al completo.

Los miras pero sin ver
Sin ver que dentro
ya no queda nada

Miras el todo
que
al final
es un nada sin detalle.

Miras lo que inútil
y
,a la vez,
desastroso
hace que encuentres un camino a casa
donde, de repente,
la mierda se hace ver.

Ves.

Y al final no observas nada.



martes, 12 de septiembre de 2017

- Tres tazas de café, por favor.

El ser humano es un ser sociable, sus hábitos de conducta varían dependiendo de su entorno y su genética pero los patrones básicos prevalecen, al fin y al cabo la raza es la misma. Es una buena simplificación para empezar a decir que aunque algunos seamos más bajos y otros un poco más tontos en esencia somos la misma clase de mierda biológica que espera cambiar el mundo y que al final no lo hace. Cuestión de principios. Puedes llamarlo mala suerte si eso te hace sentir mejor contigo mismo pero estoy convencida de que en realidad somos gilipollas y ya está.

Porque da igual a quien le quieras romper un brazo por romperte el corazón o quién es más bestia en eso de acabar a mordiscos por las noches. La métrica de las palabras que se dicen con impulsividad llegan más lejos, por eso te duelen más cuando te gritan al oído o te arrebatan una noche. Duele más porque es intencionado, porque es real, porque el impulso hace que te llegue toda esa mierda a algún órgano vital.
No sé, movidas.
Movidas que hacen que te de un vuelco a la garganta y acabes vomitando alguna parida por teléfono a casi cien kilómetros de distancia. Eso si que es hacer de tripas poca razón.
Te destroza a ti y al receptor del mensaje pero oye, es la verdad, qué reclamación pueden hacerte.

Por eso intento no ir a tomar café sola, por si al final acabo borracha, rodeada de la misma sensación vacía que tenía en la otra puta ciudad - porque aunque la eche de menos es otra puta ciudad - y no quiero reconocer esa debilidad. La gente se aprovecha de cosas como esa. Así que aunque el café ha sido mi vía de escape desde hace ciento doce décadas, no puedo permitirme acabar en esas condiciones.
Lo hago por mí.
O por él.
O porque somos humanos sociables llenos de mierda biológica que necesitamos cafeína.






viernes, 25 de agosto de 2017

La declaración que no me renta.

Puedes beber lo que quieras,
decir lo que quieras,
cantar tan alto como desees.

Pero recuerda que todo tiene un precio,
que el dolor a cuotas hace que durante meses no quieras salir de la cama.
Recuerda que las facturas que llegan tarde pueden dejar agujeros negros.

Pero sí,
puedes ir donde quieras,
amar tanto como quieras
y
gritar hasta quedarte sin pulmones.

Pero no derrames mi café,
es lo único que me mantiene.






martes, 8 de agosto de 2017

Trenes (pero sin el toque poético)

Tengo el alma perezosa como todo aquel que bebe café para arreglarse y acaba metido en un insomnio injustificado, estancando en la misma sílaba el resto de noches. Soñando con cánceres en el corazón, hospitales que en vez de curar matan y despedidas que nunca ocurren.
Un día despertamos y nos hemos ido sin despedirnos. Te has quedado dormida mientras salía ese tren y mientras todo lo que te importaba se iba con él.

¿Y ahora qué?

¿Ahora duele? ¿Ahora a doler?
A mí me han dolido así que no sé si quiero meterme en esa secta donde se llevan todo lo que tienes y te dejan con vacío y una excusa. La excusa me la ahorro y el vacío se lo pueden meter por donde les quepa.

Yo me voy.
Porque antes de mí otros se fueron y no esperaron a ver cuanta tristeza recopilaba. Por eso considero que estancarse es solo una muestra más de que estabas equivocado, y si lo estás, deberías coger un tren e irte rápido. Nadie va a esperarte. Nadie va a vendarte los ojos para que te duela menos el corazón. La única persona que te va a hacer de héroe eres tú.
Coge ese tren.
Lárgate.
Y cuando te envíen la tristeza recopilada, diles que se han equivocado y reenvíala.
Que se jodan.





domingo, 30 de julio de 2017

Todo lo que no sé del amor

A lo largo de mi vida he tenido pocas cosas claras, pero siempre ha habido dos que he tenido considerablemente más claras que todas las demás.
Primero: el café me revive - aunque de vez en cuando también destroce mis nervios- .
Segundo: yo lo del amor lo analizo porque no sé vivir de otra forma.

Que sí, siempre estará la típica persona a la que le digas una frase como esa y te miren con cara de horror y asegurando que tienes un trauma sobre ello. Solo para que conste, mis padres me quisieron mucho de pequeña, no tiene nada que ver con eso. A veces no metes a tu corazón en dopamina no porque no quieras si no porque no puedes. La vida no funciona así. No puedes decir oye ahora quiero esto y lo quiero ya; las cosas van mucho más lentas.
Yo no he sentido la emoción del primer beso, en realidad fue una farsa en mitad de una playa; y tampoco sueño con nadie que me salve el alma cada noche. No funciono de esa forma.
No quiero una gran boda donde mi madre y mi abuela lloren porque no quepan en ellas de felicidad. No quiero un novio que me regale rosas rojas y me diga lo guapa que estoy todos los días.
Lamento decepcionaros. Si eso es el amor yo no quiero saber nada del tema.
Todo eso puede hacerlo cualquiera.

Seré yo. O que mi convención del amor es una mierda y estoy equivocada en que el principio básico de toda esa historia distorsionada sobre cuentos de hadas es algo un poco más simple. No sé.
De lo que si estoy segura es de que el amor no es como en los anuncios de la tele donde el padre tiene un coche carísimo, la madre una cocina gigante y los hijos fibra óptica. Esa sonrisa es un espejismo.
En el amor se sufre. Se dan llamadas perdidas que nunca vuelven. Se reparten partes de uno mismo que están condenadas a desaparecer y que lo hacen. Te comes orgullo de menú principal e incluso, a veces, te toca compartir la taza de café, porque no hay más.
Y lo haces.
Lo haces porque eso es lo que se supone que es el amor o al menos lo que yo sé de él.

Que el amor es dejar la última copa de una gran noche a medias porque te ha llamado diciendo que te hecha de menos. Perder un tren porque no quieres perder el último abrazo. Que te lean el periódico en voz alta y te suene poético que tu país está en crisis y se hunde. Que te digan que le revientan la cara al primero que te intente arañar el corazón. El amor es la emoción de tu prima cuando entras en la puta carrera que quieres, o la foto que te hace tu tía favorita cuando firmas tu futuro con letra lenta, el café que siempre te debe y el chupito al que siempre le acabas invitando.

El amor es una mierda.
No sé nada de él.
No se me da bien.
No tengo ni idea de cómo funciona.

Pero todo el mundo sobrevive, asi que, a quién coño le importa.





domingo, 25 de junio de 2017

"No tiene ningún mensaje."

- Hola.

Soy yo.
Tenía que decirte muchas cosas  y esta mañana, mientras tomábamos ese café que me debías, no he podido decir ni una sola frase. No he podido decirte lo vacía que me siento al saber que ya no te vas a meter con mi poca coherencia cuando estoy tan cansada que no aguanta al mundo, ni si quiera cuando te digo que ya no sé qué hacer y respondes un " ¿Y a mi qué me cuentas?" que en realidad significa "Pásate por casa y dime qué necesitas".
No sé. Siento que todo eso ha desaparecido. De repente. Por mi culpa.
Lo sé.
Sé que desgraciadamente soy ese tipo de persona a la que no se le dan bien otras personas y que no sabe querer de forma del todo correcta a los demás - aunque quién demonios sabe, ¿verdad? -.

Pero nada de eso es lo que quiero decirte.
Quería decirte, que esta mañana casi no podía respirar cuando me mirabas a los ojos y yo sabía que sería la última vez que pasaría algo como eso. Que no soporto saber la distancia que hay de tu corazón al mío aunque vivamos en la misma ciudad. Que nunca había escrito tantos versos inconexos de madrugada dedicados a la misma persona. Que me rompo cada vez que veo algo que me recuerde a ti.
Quería decirte que esto, todo esto, es una mierda sin ti.
Y es verdad. Lo es.
Y también sé que no puedo decirte nada de eso. Ni si quiera que te quiero. Ni que la vida es horrible sin tus comentarios estúpidos.
Porque no es justo.

No es justo que te pida eso.
Por eso esta mañana me he pasado dos horas y media con la boca cerrada escuchándote hablar de un futuro tan prometedor, intentando guardar cada detalle. Intentando no olvidar nada para cuando te vayas.

Eso quería decirte.

Y que lo superaré.
En algún momento.
A lo mejor.

Lo prometo.



martes, 20 de junio de 2017

A los diecisiete

Cuando tenía diecisiete caminaba rápido,
sufría pánico escénico
y volvía a casa siempre sola.

Tenía una púa que era un recuerdo
y un salvavidas,
acuarelas que a veces me pintaban sonrisas
y otras
que se corrían cuando yo no paraba de llover.

Un futuro poco prometedor,
amigos que no me cogían el teléfono,
pocas ganas,
mucho sueño.

Y eso nunca era suficiente.

Cuando tenía diecisiete
y me daba miedo saltar desde acantilados por mi misma
y acababa saltando por los demás,
para no perder comba;
acabando en parques a las cuatro de la mañana
sin saber qué hacer.

Y me parecía lo más adecuado,
aunque bebiera de más
amara de menos
y reprimiera las ganas de gritar hasta llegar a casa.

Tenía un sistema nervioso roto que se caía
pero rebotaba,
una amiga con ataques de ansiedad,
paquetes de pañuelos para compartir,
ibuprofeno en el corazón
y un amor que no iba a llegar a ninguna parte.


Ahora,
que ya no los tengo,
paso frío cuando amanece
ya no soporto caminar rápido
y
se han acabado los pañuelos.

Mis amigos no me cogen el teléfono
porque ya no están en mi lista de contactos.

No salto abismos por los demás
porque prefiero quedarme en la cama
haciendo submarinismo
y
en mi corazón ya no queda sitio para ninguna sustancia
que me haga de anestesia.


Pero sigo acabando en parques.
Y tengo miedo,
un amor que no va a ninguna parte pero se mantiene,
cicatrices en las muñecas que no me he hecho yo,
un futuro poco prometedor que me hunde


y siempre vuelvo a casa sola.



Aunque no tenga diecisiete




lunes, 19 de junio de 2017

Soy la destrozada mundos, encantada.

No me consuela.

Solo me rompe los vértices y hace que tenga ganas de vomitar, que me den ataques de pánico cuando inflo mis pulmones, que pierda los papeles cada vez que cruzo una esquina y creo que he oído su voz.

Me destroza los esquemas y esta vez con razón; sin poder reprocharle una sola línea.

Creo que esa es la parte que me está hundiendo más. El no tener excusas, ni conocimiento, ni ninguna forma de crear un salvavidas que le sale al menos a él.
No tener nada para poder plantear hipótesis.

No tengo nada.

Por no tener a penas le tengo a él.

 Ya puedo sentir el tacto frío del acero que atraviesa tejido sano y atraviesa la garganta hasta quedarse ahí.

La he jodido.

Y no me consuela disculparme ni nada de lo que sea capaz de hacer para remediarlo. El daño ya está hecho.


- Lo siento muchísimo.



lunes, 12 de junio de 2017

La vida se estropea pero no se destruye

He mentido cuando le miraba a los ojos,
con la poca decencia que me quedaba
en la punta
de la lengua,
rezando para que no se diera cuenta de que 
me duele respirarle
y no poder hacer
nada.

Como siempre.

Porque tengo algo
que está muy roto y suena de noche,
cuando me duermo,
como si quisiera recordarme
que 
ya no estás.

Nunca has estado.

No puedo decir que eso
me rompa el corazón.
No me queda 
más corazón para que destroces,
pero
ven aquí y coge lo que quieras.

Aquí dentro
hace frío,
está oscuro
y oirás el eco de lo que queda de mí
pero
no te vayas.

Por favor.




sábado, 10 de junio de 2017

Antes me asfixio

Cuando era pequeña me encantaba bailar bajo la lluvia, la tarta de mi abuela en los cumpleaños, columpiarme hasta que el frío era insoportable por la noche. Me gustaba el color naranja, era mi favorito. El olor a fresas, a tierra mojada, los bosques que no conoces, las librerías.
Coger mucho aire cuando estaba agotada. Las mañanas de sábado con la ventana abierta. Las visitas de los amigos de mis padres y las fotos de cuando eran jóvenes. Las historias que no me pertenecen.
Cantar en el coche de mi madre con el volumen a tope y los pulmones deshinchándose mientras suelto mi estribillo. Subir cuestas, porque después hay que bajarlas. Dar abrazos mientras me escondo en el hueco que se crea entre el cuello y el hombro. Beber café por la noche, aunque la gente me siga repitiendo que estoy loca ( me da igual, dejadme beber en paz, otros toman éxtasis y os quejáis menos). Salir de casa tarde y llegar antes, caminar por calles estrechas rodeada de edificios antiguos. Saludar sin mirar, que nadie me interrumpa cuando llevo la música puesta.
Ser borde; porque a veces lo disfruto enormemente. Tener un buen día y darme cuenta de que todo se ve extremadamente mejor. Dar consejos borracha, sobria o medio dormida. Decir la verdad. Guardar secretos pero saber toda la información.

No saber a dónde demonios voy pero que no importe. Escucharle hablar cuando está tan concentrado y sabes que te está contando algo que no le contaría a nadie más. Que él sea un desastre, que tú también. Que de igual.

Me gusta ver a mi padre trabajar y que parezca que es capaz de arreglar cualquier cosa. Tener razón en las mismas chorradas de siempre. Dormirme pensando en que hoy he hecho algo que ha valido la pena. Leer hasta que no pueda más.

Respirar. A veces me gusta mucho respirar. Los detalles.


Me gustan todas esas cosas que confundes cuando miras a alguien, lo imperceptible, la esquina de la escena, el error, lo que queda, el recuerdo, la decepción, la sensación de haberlo vivido todo después de decir una frase.


Lo que vengo a decir es que tengo un humor de perros por las mañanas, estoy enganchada al café y ni si quiera cuando esté borracha te reconoceré que te quiero - aunque lo haga-.

Y aún así no renunciaría a nada de eso.
Antes me asfixio.






domingo, 28 de mayo de 2017

Vengo del pasado a contarte algo aterrador.

Me habría encantado que las cosas fueran de otra manera, que no nos hubiésemos roto como lo hicimos, que las canciones que llegaban por correo siguieran significando lo mismo después de tantos años. A veces, incluso, echo de menos cuando discutía contigo y al final lo solucionabas diciendo que me querías. Me valía con eso, con que lo hicieras. Con que me lo recordaras de vez en cuando y fuera verdad.

Ahora, cada vez que lo pienso no sé si creerme que fuésemos de verdad. ¿Lo éramos? Yo me recuerdo como una cría enfermiza que aún tenía un ideal del amor muy tergiversado por culpa de todos los libros que se leía. La literatura a menudo mata corazones.
En mi caso tú me mataste a mí. ¡Qué poca delicadeza! Se suponía que ibas a cuidar de mí.
No sabía lo que dolían los te quieros de verdad ni tampoco lo que era dormirse llorando porque todo en tu vida representa una gran decepción.

Tú fuiste mi primera gran decepción.
Y la segunda.
Y la tercera.
A la cuarta te ganaron, pero por muy poco.

Tardé tanto en poder dormir sin pensar en ti que pasaste a ser un tatuaje medio borrado que solo algunos distinguían en mi piel. Fuiste un cáncer que conseguí pasar pero que espera recesivo a que vuelva a estar débil.

Nunca hablo de ti.
No puedo.
No quiero.
Debo de estar muy borracha para hacerlo ahora.


Y no lo hago no porque te siga queriendo - te quise mucho pero gracias al humo he olvidado esa parte - , no lo hago porque todavía se retuerce una parte de mi, herida, que grita en voz baja que pare el dolor y que aumente la cantidad de morfina. Y eso nunca ha sido buena señal.


Pero no te echo de menos. Me acuerdo de ti como quien ha dejado su sudadera favorita olvidada en algún lugar de su ciudad y se resigna a perderla: es triste, pero te haces a la idea.



Si lees esto, acuérdate de mí, de los que fuimos, de todo lo que dijiste e hizo que yo me volviera una zorra hija de puta sin corazón. Todo eso es culpa tuya.


Ale, a ver si ahora duermes bien por las noches.



Firmado: Mi yo de entonces.





sábado, 27 de mayo de 2017

Largo.

Espero que te hundas y no puedas respirar y te saquen a rastras de habitaciones llenas con gente de ojos cínicos y lenguas largas. Espero que duela, un poco cuando cojas aire y otro poco cuando lo sueltes, para que sepas qué es que algo salga de ti desesperadamente y entre de nuevo con la misma sensación de vacío. A ver cómo me perdonas esto, cómo escribes mi nombre con cuidado mientras me dices que no pasa nada.
¡Reacciona! Podría matarte y tu no moverías un jodido músculo. Eso es un problema. Y por primera vez en mucho tiempo no es mío.
Mi problema es la crueldad con la que actuaría si me tocase saltar a un abismo y en vez de hacerlo tirarte a ti.
Cosas que pasan.

No te quiero ni la mitad del principio.




sábado, 6 de mayo de 2017

Tu carta.

No se lo digas a nadie, pero yo también lo he sentido. Yo también he caído dormida cuando ya me había roto la garganta y tenía la almohada empapada. Yo también he soñado con mi vida perfecta antes de dormirme desde que tengo memoria.

Yo también he estado triste.

Tan triste que un día no quise levantarme de la cama. Y lo hice - fue por mí no por ti -.
Pero que sepas que estuve esperando una llamada que nunca llegó toda una mañana.

Las cosas funcionan así. Un día te despiertas y has dejado el café, nunca has dado una calada - pero casi - y te mueres de ganas de hacer tonterías que jamás te perdonarías a ti misma. Tiene que ser cosa de la edad, yo antes no era así.
Estaba triste, pero no tanto.
Te quería, pero no tanto.
Ni una pizca en comparación.
Asi que imagínate como de grave tiene que ser la cosa. Yo estoy empezando a preocuparme.
Porque no veo otra cosa y porque me quedo dormida pensando en que ojalá las cosas no fueran así. No entiendo por qué lo hago, tampoco creo que sea lo correcto - dios, esto empieza a sonar a culebrón del siglo dieciocho - .

No está bien quererte.

O al menos, no creo que esté bien hacerlo tanto; y lo escribo aquí porque esto nunca vas a leerlo (otra vez) y porque así parece que alguien lo sabe aunque sea un poco mentira.

Bueno, pues eso, que te quiero.

Y que no voy a tener agallas jamás para decirtelo en voz alta o tan claro como aquí y lo siento, pero es que no quiero que las cosas se jodan ( ya están muy jodidas, no nos hace falta más).

Asi que nada, me vuelvo a estudiar a mi cueva y a repetirme a misma que está mal sentir a quinientos por hora - deberían multarme -.

Buenas noches.



martes, 24 de enero de 2017

Adrenalina

No siento los dedos. Me pesan las piernas de caminar tan rápido y a penas puedo seguir el ritmo de todo esto. Hay días en los que no salgo de casa y estoy interminablemente cansada, agotada. Me estoy pasando factura  con eso de la mayoría de edad y el creerme invencible. No sé ni si quiera por qué existe ese término. Nada es invencible, todo se acaba, finaliza entre sus propias cenizas. Al final, todo es un cúmulo de frases que te dan vida cuando menos la necesitas (cuando sales) y te hacen querer morir cuando  ya no te queda nada a lo que agarrarte.

El arte por el arte y solo mientras nos muramos de frío.

Por eso nos enganchamos de las sensaciones fuertes: de las drogas, los infartos por culpa del amor y las risas que hacen que se te salten las lágrimas. Estamos tan cansados de fallar que necesitamos una vía de escape que no lo haga, que nunca falte. Que si desaparece ya podemos temblar ante todo lo demás que nos rodea - y que seguramente va a destruirnos -.

" La esperanza de tenerte allí, extasiado por una sensación irreconocible para ti, hacía que las cosas fueran más difíciles. Y yo nunca he sigo una chica fácil."





domingo, 1 de enero de 2017

Cold outside

Juega con el frío que puede que si eres lo suficiente amable con él te salve cuando te estés congelando a las casi seis de la mañana en medio de la niebla. Sujetando principios con los dedos para que el tejido sano no se rasgue, salvando trozos ya contaminados.

Entre chanchullos que implican amor, sentimientos y ciertas cosas inmencionables que se están jodiendo. Sin planes de irse.

Quedamos tú y yo en una esquina, apartados de los dobles filos; las malas lenguas pasamos a ser nosotros. Y no me sorprende, con esa sonrisa tan deslumbrante que tienes tú y toda la mierda que puedo llegar a soltar por la boca yo.


¿Cuántas posibilidades hay de fallar?