No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

martes, 8 de agosto de 2017

Trenes (pero sin el toque poético)

Tengo el alma perezosa como todo aquel que bebe café para arreglarse y acaba metido en un insomnio injustificado, estancando en la misma sílaba el resto de noches. Soñando con cánceres en el corazón, hospitales que en vez de curar matan y despedidas que nunca ocurren.
Un día despertamos y nos hemos ido sin despedirnos. Te has quedado dormida mientras salía ese tren y mientras todo lo que te importaba se iba con él.

¿Y ahora qué?

¿Ahora duele? ¿Ahora a doler?
A mí me han dolido así que no sé si quiero meterme en esa secta donde se llevan todo lo que tienes y te dejan con vacío y una excusa. La excusa me la ahorro y el vacío se lo pueden meter por donde les quepa.

Yo me voy.
Porque antes de mí otros se fueron y no esperaron a ver cuanta tristeza recopilaba. Por eso considero que estancarse es solo una muestra más de que estabas equivocado, y si lo estás, deberías coger un tren e irte rápido. Nadie va a esperarte. Nadie va a vendarte los ojos para que te duela menos el corazón. La única persona que te va a hacer de héroe eres tú.
Coge ese tren.
Lárgate.
Y cuando te envíen la tristeza recopilada, diles que se han equivocado y reenvíala.
Que se jodan.





domingo, 30 de julio de 2017

Todo lo que no sé del amor

A lo largo de mi vida he tenido pocas cosas claras, pero siempre ha habido dos que he tenido considerablemente más claras que todas las demás.
Primero: el café me revive - aunque de vez en cuando también destroce mis nervios- .
Segundo: yo lo del amor lo analizo porque no sé vivir de otra forma.

Que sí, siempre estará la típica persona a la que le digas una frase como esa y te miren con cara de horror y asegurando que tienes un trauma sobre ello. Solo para que conste, mis padres me quisieron mucho de pequeña, no tiene nada que ver con eso. A veces no metes a tu corazón en dopamina no porque no quieras si no porque no puedes. La vida no funciona así. No puedes decir oye ahora quiero esto y lo quiero ya; las cosas van mucho más lentas.
Yo no he sentido la emoción del primer beso, en realidad fue una farsa en mitad de una playa; y tampoco sueño con nadie que me salve el alma cada noche. No funciono de esa forma.
No quiero una gran boda donde mi madre y mi abuela lloren porque no quepan en ellas de felicidad. No quiero un novio que me regale rosas rojas y me diga lo guapa que estoy todos los días.
Lamento decepcionaros. Si eso es el amor yo no quiero saber nada del tema.
Todo eso puede hacerlo cualquiera.

Seré yo. O que mi convención del amor es una mierda y estoy equivocada en que el principio básico de toda esa historia distorsionada sobre cuentos de hadas es algo un poco más simple. No sé.
De lo que si estoy segura es de que el amor no es como en los anuncios de la tele donde el padre tiene un coche carísimo, la madre una cocina gigante y los hijos fibra óptica. Esa sonrisa es un espejismo.
En el amor se sufre. Se dan llamadas perdidas que nunca vuelven. Se reparten partes de uno mismo que están condenadas a desaparecer y que lo hacen. Te comes orgullo de menú principal e incluso, a veces, te toca compartir la taza de café, porque no hay más.
Y lo haces.
Lo haces porque eso es lo que se supone que es el amor o al menos lo que yo sé de él.

Que el amor es dejar la última copa de una gran noche a medias porque te ha llamado diciendo que te hecha de menos. Perder un tren porque no quieres perder el último abrazo. Que te lean el periódico en voz alta y te suene poético que tu país está en crisis y se hunde. Que te digan que le revientan la cara al primero que te intente arañar el corazón. El amor es la emoción de tu prima cuando entras en la puta carrera que quieres, o la foto que te hace tu tía favorita cuando firmas tu futuro con letra lenta, el café que siempre te debe y el chupito al que siempre le acabas invitando.

El amor es una mierda.
No sé nada de él.
No se me da bien.
No tengo ni idea de cómo funciona.

Pero todo el mundo sobrevive, asi que, a quién coño le importa.





domingo, 25 de junio de 2017

"No tiene ningún mensaje."

- Hola.

Soy yo.
Tenía que decirte muchas cosas  y esta mañana, mientras tomábamos ese café que me debías, no he podido decir ni una sola frase. No he podido decirte lo vacía que me siento al saber que ya no te vas a meter con mi poca coherencia cuando estoy tan cansada que no aguanta al mundo, ni si quiera cuando te digo que ya no sé qué hacer y respondes un " ¿Y a mi qué me cuentas?" que en realidad significa "Pásate por casa y dime qué necesitas".
No sé. Siento que todo eso ha desaparecido. De repente. Por mi culpa.
Lo sé.
Sé que desgraciadamente soy ese tipo de persona a la que no se le dan bien otras personas y que no sabe querer de forma del todo correcta a los demás - aunque quién demonios sabe, ¿verdad? -.

Pero nada de eso es lo que quiero decirte.
Quería decirte, que esta mañana casi no podía respirar cuando me mirabas a los ojos y yo sabía que sería la última vez que pasaría algo como eso. Que no soporto saber la distancia que hay de tu corazón al mío aunque vivamos en la misma ciudad. Que nunca había escrito tantos versos inconexos de madrugada dedicados a la misma persona. Que me rompo cada vez que veo algo que me recuerde a ti.
Quería decirte que esto, todo esto, es una mierda sin ti.
Y es verdad. Lo es.
Y también sé que no puedo decirte nada de eso. Ni si quiera que te quiero. Ni que la vida es horrible sin tus comentarios estúpidos.
Porque no es justo.

No es justo que te pida eso.
Por eso esta mañana me he pasado dos horas y media con la boca cerrada escuchándote hablar de un futuro tan prometedor, intentando guardar cada detalle. Intentando no olvidar nada para cuando te vayas.

Eso quería decirte.

Y que lo superaré.
En algún momento.
A lo mejor.

Lo prometo.



martes, 20 de junio de 2017

A los diecisiete

Cuando tenía diecisiete caminaba rápido,
sufría pánico escénico
y volvía a casa siempre sola.

Tenía una púa que era un recuerdo
y un salvavidas,
acuarelas que a veces me pintaban sonrisas
y otras
que se corrían cuando yo no paraba de llover.

Un futuro poco prometedor,
amigos que no me cogían el teléfono,
pocas ganas,
mucho sueño.

Y eso nunca era suficiente.

Cuando tenía diecisiete
y me daba miedo saltar desde acantilados por mi misma
y acababa saltando por los demás,
para no perder comba;
acabando en parques a las cuatro de la mañana
sin saber qué hacer.

Y me parecía lo más adecuado,
aunque bebiera de más
amara de menos
y reprimiera las ganas de gritar hasta llegar a casa.

Tenía un sistema nervioso roto que se caía
pero rebotaba,
una amiga con ataques de ansiedad,
paquetes de pañuelos para compartir,
ibuprofeno en el corazón
y un amor que no iba a llegar a ninguna parte.


Ahora,
que ya no los tengo,
paso frío cuando amanece
ya no soporto caminar rápido
y
se han acabado los pañuelos.

Mis amigos no me cogen el teléfono
porque ya no están en mi lista de contactos.

No salto abismos por los demás
porque prefiero quedarme en la cama
haciendo submarinismo
y
en mi corazón ya no queda sitio para ninguna sustancia
que me haga de anestesia.


Pero sigo acabando en parques.
Y tengo miedo,
un amor que no va a ninguna parte pero se mantiene,
cicatrices en las muñecas que no me he hecho yo,
un futuro poco prometedor que me hunde


y siempre vuelvo a casa sola.



Aunque no tenga diecisiete




lunes, 19 de junio de 2017

Soy la destrozada mundos, encantada.

No me consuela.

Solo me rompe los vértices y hace que tenga ganas de vomitar, que me den ataques de pánico cuando inflo mis pulmones, que pierda los papeles cada vez que cruzo una esquina y creo que he oído su voz.

Me destroza los esquemas y esta vez con razón; sin poder reprocharle una sola línea.

Creo que esa es la parte que me está hundiendo más. El no tener excusas, ni conocimiento, ni ninguna forma de crear un salvavidas que le sale al menos a él.
No tener nada para poder plantear hipótesis.

No tengo nada.

Por no tener a penas le tengo a él.

 Ya puedo sentir el tacto frío del acero que atraviesa tejido sano y atraviesa la garganta hasta quedarse ahí.

La he jodido.

Y no me consuela disculparme ni nada de lo que sea capaz de hacer para remediarlo. El daño ya está hecho.


- Lo siento muchísimo.



lunes, 12 de junio de 2017

La vida se estropea pero no se destruye

He mentido cuando le miraba a los ojos,
con la poca decencia que me quedaba
en la punta
de la lengua,
rezando para que no se diera cuenta de que 
me duele respirarle
y no poder hacer
nada.

Como siempre.

Porque tengo algo
que está muy roto y suena de noche,
cuando me duermo,
como si quisiera recordarme
que 
ya no estás.

Nunca has estado.

No puedo decir que eso
me rompa el corazón.
No me queda 
más corazón para que destroces,
pero
ven aquí y coge lo que quieras.

Aquí dentro
hace frío,
está oscuro
y oirás el eco de lo que queda de mí
pero
no te vayas.

Por favor.




sábado, 10 de junio de 2017

Antes me asfixio

Cuando era pequeña me encantaba bailar bajo la lluvia, la tarta de mi abuela en los cumpleaños, columpiarme hasta que el frío era insoportable por la noche. Me gustaba el color naranja, era mi favorito. El olor a fresas, a tierra mojada, los bosques que no conoces, las librerías.
Coger mucho aire cuando estaba agotada. Las mañanas de sábado con la ventana abierta. Las visitas de los amigos de mis padres y las fotos de cuando eran jóvenes. Las historias que no me pertenecen.
Cantar en el coche de mi madre con el volumen a tope y los pulmones deshinchándose mientras suelto mi estribillo. Subir cuestas, porque después hay que bajarlas. Dar abrazos mientras me escondo en el hueco que se crea entre el cuello y el hombro. Beber café por la noche, aunque la gente me siga repitiendo que estoy loca ( me da igual, dejadme beber en paz, otros toman éxtasis y os quejáis menos). Salir de casa tarde y llegar antes, caminar por calles estrechas rodeada de edificios antiguos. Saludar sin mirar, que nadie me interrumpa cuando llevo la música puesta.
Ser borde; porque a veces lo disfruto enormemente. Tener un buen día y darme cuenta de que todo se ve extremadamente mejor. Dar consejos borracha, sobria o medio dormida. Decir la verdad. Guardar secretos pero saber toda la información.

No saber a dónde demonios voy pero que no importe. Escucharle hablar cuando está tan concentrado y sabes que te está contando algo que no le contaría a nadie más. Que él sea un desastre, que tú también. Que de igual.

Me gusta ver a mi padre trabajar y que parezca que es capaz de arreglar cualquier cosa. Tener razón en las mismas chorradas de siempre. Dormirme pensando en que hoy he hecho algo que ha valido la pena. Leer hasta que no pueda más.

Respirar. A veces me gusta mucho respirar. Los detalles.


Me gustan todas esas cosas que confundes cuando miras a alguien, lo imperceptible, la esquina de la escena, el error, lo que queda, el recuerdo, la decepción, la sensación de haberlo vivido todo después de decir una frase.


Lo que vengo a decir es que tengo un humor de perros por las mañanas, estoy enganchada al café y ni si quiera cuando esté borracha te reconoceré que te quiero - aunque lo haga-.

Y aún así no renunciaría a nada de eso.
Antes me asfixio.






domingo, 28 de mayo de 2017

Vengo del pasado a contarte algo aterrador.

Me habría encantado que las cosas fueran de otra manera, que no nos hubiésemos roto como lo hicimos, que las canciones que llegaban por correo siguieran significando lo mismo después de tantos años. A veces, incluso, echo de menos cuando discutía contigo y al final lo solucionabas diciendo que me querías. Me valía con eso, con que lo hicieras. Con que me lo recordaras de vez en cuando y fuera verdad.

Ahora, cada vez que lo pienso no sé si creerme que fuésemos de verdad. ¿Lo éramos? Yo me recuerdo como una cría enfermiza que aún tenía un ideal del amor muy tergiversado por culpa de todos los libros que se leía. La literatura a menudo mata corazones.
En mi caso tú me mataste a mí. ¡Qué poca delicadeza! Se suponía que ibas a cuidar de mí.
No sabía lo que dolían los te quieros de verdad ni tampoco lo que era dormirse llorando porque todo en tu vida representa una gran decepción.

Tú fuiste mi primera gran decepción.
Y la segunda.
Y la tercera.
A la cuarta te ganaron, pero por muy poco.

Tardé tanto en poder dormir sin pensar en ti que pasaste a ser un tatuaje medio borrado que solo algunos distinguían en mi piel. Fuiste un cáncer que conseguí pasar pero que espera recesivo a que vuelva a estar débil.

Nunca hablo de ti.
No puedo.
No quiero.
Debo de estar muy borracha para hacerlo ahora.


Y no lo hago no porque te siga queriendo - te quise mucho pero gracias al humo he olvidado esa parte - , no lo hago porque todavía se retuerce una parte de mi, herida, que grita en voz baja que pare el dolor y que aumente la cantidad de morfina. Y eso nunca ha sido buena señal.


Pero no te echo de menos. Me acuerdo de ti como quien ha dejado su sudadera favorita olvidada en algún lugar de su ciudad y se resigna a perderla: es triste, pero te haces a la idea.



Si lees esto, acuérdate de mí, de los que fuimos, de todo lo que dijiste e hizo que yo me volviera una zorra hija de puta sin corazón. Todo eso es culpa tuya.


Ale, a ver si ahora duermes bien por las noches.



Firmado: Mi yo de entonces.





sábado, 27 de mayo de 2017

Largo.

Espero que te hundas y no puedas respirar y te saquen a rastras de habitaciones llenas con gente de ojos cínicos y lenguas largas. Espero que duela, un poco cuando cojas aire y otro poco cuando lo sueltes, para que sepas qué es que algo salga de ti desesperadamente y entre de nuevo con la misma sensación de vacío. A ver cómo me perdonas esto, cómo escribes mi nombre con cuidado mientras me dices que no pasa nada.
¡Reacciona! Podría matarte y tu no moverías un jodido músculo. Eso es un problema. Y por primera vez en mucho tiempo no es mío.
Mi problema es la crueldad con la que actuaría si me tocase saltar a un abismo y en vez de hacerlo tirarte a ti.
Cosas que pasan.

No te quiero ni la mitad del principio.




sábado, 6 de mayo de 2017

Tu carta.

No se lo digas a nadie, pero yo también lo he sentido. Yo también he caído dormida cuando ya me había roto la garganta y tenía la almohada empapada. Yo también he soñado con mi vida perfecta antes de dormirme desde que tengo memoria.

Yo también he estado triste.

Tan triste que un día no quise levantarme de la cama. Y lo hice - fue por mí no por ti -.
Pero que sepas que estuve esperando una llamada que nunca llegó toda una mañana.

Las cosas funcionan así. Un día te despiertas y has dejado el café, nunca has dado una calada - pero casi - y te mueres de ganas de hacer tonterías que jamás te perdonarías a ti misma. Tiene que ser cosa de la edad, yo antes no era así.
Estaba triste, pero no tanto.
Te quería, pero no tanto.
Ni una pizca en comparación.
Asi que imagínate como de grave tiene que ser la cosa. Yo estoy empezando a preocuparme.
Porque no veo otra cosa y porque me quedo dormida pensando en que ojalá las cosas no fueran así. No entiendo por qué lo hago, tampoco creo que sea lo correcto - dios, esto empieza a sonar a culebrón del siglo dieciocho - .

No está bien quererte.

O al menos, no creo que esté bien hacerlo tanto; y lo escribo aquí porque esto nunca vas a leerlo (otra vez) y porque así parece que alguien lo sabe aunque sea un poco mentira.

Bueno, pues eso, que te quiero.

Y que no voy a tener agallas jamás para decirtelo en voz alta o tan claro como aquí y lo siento, pero es que no quiero que las cosas se jodan ( ya están muy jodidas, no nos hace falta más).

Asi que nada, me vuelvo a estudiar a mi cueva y a repetirme a misma que está mal sentir a quinientos por hora - deberían multarme -.

Buenas noches.



martes, 24 de enero de 2017

Adrenalina

No siento los dedos. Me pesan las piernas de caminar tan rápido y a penas puedo seguir el ritmo de todo esto. Hay días en los que no salgo de casa y estoy interminablemente cansada, agotada. Me estoy pasando factura  con eso de la mayoría de edad y el creerme invencible. No sé ni si quiera por qué existe ese término. Nada es invencible, todo se acaba, finaliza entre sus propias cenizas. Al final, todo es un cúmulo de frases que te dan vida cuando menos la necesitas (cuando sales) y te hacen querer morir cuando  ya no te queda nada a lo que agarrarte.

El arte por el arte y solo mientras nos muramos de frío.

Por eso nos enganchamos de las sensaciones fuertes: de las drogas, los infartos por culpa del amor y las risas que hacen que se te salten las lágrimas. Estamos tan cansados de fallar que necesitamos una vía de escape que no lo haga, que nunca falte. Que si desaparece ya podemos temblar ante todo lo demás que nos rodea - y que seguramente va a destruirnos -.

" La esperanza de tenerte allí, extasiado por una sensación irreconocible para ti, hacía que las cosas fueran más difíciles. Y yo nunca he sigo una chica fácil."





domingo, 1 de enero de 2017

Cold outside

Juega con el frío que puede que si eres lo suficiente amable con él te salve cuando te estés congelando a las casi seis de la mañana en medio de la niebla. Sujetando principios con los dedos para que el tejido sano no se rasgue, salvando trozos ya contaminados.

Entre chanchullos que implican amor, sentimientos y ciertas cosas inmencionables que se están jodiendo. Sin planes de irse.

Quedamos tú y yo en una esquina, apartados de los dobles filos; las malas lenguas pasamos a ser nosotros. Y no me sorprende, con esa sonrisa tan deslumbrante que tienes tú y toda la mierda que puedo llegar a soltar por la boca yo.


¿Cuántas posibilidades hay de fallar?