No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Amos del mundo y mierdas más

La página en blanco es una pequeña ansiedad de vez en cuando. Necesitas llenarla pero la mayor parte de las veces no sabes con qué; y la otra mitad sabes con que pero no si será lo suficiente bueno. En mi caso nunca suele ser lo suficiente bueno; a si que imaginaros eso multiplicado por mil el día de fin de año.
Puaj.
Suena incluso dramático. La gente haciendo recopilaciones de todas sus proezas a lo largo de un año "maravilloso" y yo con ojeras y sin café. Eso si que es dramático. Un nuevo año para seguir cagándola a lo grande y lo único en lo que puedo pensar es en las inmensas ganas de estar en otra parte y rodearme de otra cosa que no lleve grabado a sangre la palabra "compromiso" o "familia". Familia. No sabía que los cabrones egoístas tenían derecho ha hacerse llamar mi familia incluso sin acordarse de mi nombre o decepcionando durante 17 años.
Y sobredosis de mentiras y la culpa y hospitales y súplicas y cosas que no quiero vivir pero que me arrastran con uñas y dientes. Y no duele pero es un asco tener que salir corriendo cuando por fin empezaba a acostumbrarme.
¡Qué triste! Que pena que la vida se consuma y queme años sin que le importe una mierda, al igual que nosotros los vivimos con asco y con ganas de que acaben pero sin dejar de quejarnos sobre el paso del tiempo - porque va a toda hostia y nos pilla al final de la partida - y de repente quedan siete días para que sea tu jodido cumpleaños y nunca te has sentido tan perdida.

A mí que no me cuenten cuentos o que echen discursos sobre lo importante que son los nuevos propósitos de nuevo año. Yo deseo sobrevivir  a mí misma, y demos gracias a mi santa paciencia por no salir corriendo.

Nada más.

Ah, y que bebáis suficiente champagne como para no escuchar las chorradas que todos los demás suelten.


martes, 27 de diciembre de 2016

Adiós.

Matando esperanzas.
Condenando pesadillas.
Rompiendo
la respiración
cuando todavía no estamos sumergidos.

Apareciendo
de forma fantasmal,
cada día
cada noche.

Sin dejarme dormir.


lunes, 26 de diciembre de 2016

Eres un destripador.

Si vamos por partes, poco a poco, no se nos echan todos los fantasmas encima a la primera y no nos ahogan las frases maliciosas sobre nuestro futuro y nuestra cuenta corriente. Si voy por partes, me cuesta menos pillarte el sarcasmo y sonreírte a la vez; entiendo mejor las indirectas que me envían tus iris de color miel y se me da mejor saludar de pasada a gente que ya no es importarte. Si pongo un pie detrás de otro no pierdo comba, no se me cae el primer café de la mañana en la camisa recién planchada y me preparo mejor para una discusión amistosa sobre la razón de que nuestra sociedad vaya tan en picado - y sin paracaídas - hacia el suelo. Y hablo más alto, con más firmeza en cada sílaba que te dice que ya no te quiere lo suficiente; como si mi yo hablara en tercera persona del plural y nuestra historia de terror quedara lejana: "Ellos se querían pero al final no fue suficiente". Practicando discursos para cuando tenga que irme sin poder mirar atrás porque hacerlo me convertiría en una persona muy egoísta. Y ya lo soy.

Por partes. Como Jack el destripador y sus chicas, ojalá yo pudiera destriparte sin una pizca de remordimiento y tirarte a los tiburones, a ver si así consigo dormir más tres horas seguidas sin despertarme por tu culpa. Que parece que no puedes llegar hasta la esquina sin mí y yo parezco el típico personaje patético de comedia romántica que es incapaz de darse cuenta de que debe madurar y seguir adelante.

Seguir adelante. A lo mejor es por eso que no se me dan bien las matemáticas. Porque no sé sumar dos y dos sin que me salgas tú o algún teorema en el que tú no seas una de las hipótesis.
Pese a todo, al final, no puedo evitar odiarte con tanto fervor que me vibra el corazón.
Sí, he dicho vibra y no late. Ha sido adrede. Vibro. Ante una vida que no puedo controlar y que se me escapa y ante una mirada que parece la tuya pero que ya no lo es. Si quieres lo entiendes y sino puedes llamarme y preguntarme que con qué gilipollas te estoy poniendo los cuernos. Supongo que contigo, o con algo que se parece mucho a ti pero se pasa más tiempo ebrio que vivo.
Dale un par de hostias de mi parte, a ver si espabila.



  




jueves, 20 de octubre de 2016

Está lloviendo. Presente.

Escribirte un poema de amor sería como repetirme de nuevo escribiéndote otra vez una carta triste, contándote que me muero de miedo cada vez que me besas. Que lo entiendo. Mi sistema inmunitario está diseñado para que cada vez que tu piel me roce salten las alarmas y llueve. ¡Dios mío, llueve! A vuelto Octubre lleno de frío, de tristeza, de esas basura de recuerdos que pensaba que estaban ya enterrada. Son cosas que nos pasan siempre - a mí - cuando decidimos que es buen momento para comprar anillos de plata con nombres que no son los nuestros gravados.
 


sábado, 1 de octubre de 2016

Shit

Siempre me han gustado los parques. Me hacen sentir  mejor cuando me siento muy perdida. No sé por qué. No creo que tenga un trauma sobre ello ni nada por el estilo pero siempre acabo en parques. Pase lo que pase.
Cuando era pequeña me pasaba la tarde en un columpio, sin parar, sin cansarme. Tal vez vuelva a los parques por esa razón, porque me recuerda a cuando era una niña.

Ayer también acabé en un parque. En vez de columpiarme me quedé congelada en el lugar donde me senté y dije muchas cosas que no debería saber nadie, y me sentí un poquito mejor. No duró mucho. De todas formas no sé por qué me sorprende tanto que este tipo de cosas pasen en mi vida. Podría decirse que yo las provoco, que es culpa mía. También puedo decir que yo las provoco porque no es justo llevar toda la carga tu sola.

No sé.

A veces recuerdo que solo tengo diecisiete años y lo uso como escusa, para sentirme mejor. No funciona pero oye que podría ser todavía mucho peor. O no. Yo que sé.

Estoy empezando a desvariar por culpa de la fiebre, de eso si que estoy segura. Por eso escribo. No seré tan sincera y vulnerable como ahora mismo en mucho tiempo - eso también me da un poco de miedo -.

Tampoco es que sepa qué debo escribir o cómo debo sentirme. Siento vacío. Y me duele mucho la garganta pero eso es culpa de la gripe. No puedo hablar, no sé si por lo de la garganta o porque no tengo nada bueno que decir. Esta vez no sé cómo arreglar las cosas. No tienen solución. Ojalá la tuvieran.

Que manera de perder gente tan bonita tengo.


martes, 27 de septiembre de 2016

Que hijo de puta.

- Espera. Para. No hables tan rápido. Me estoy perdiendo. No te sigo. Demasiada información. Por favor. Tómatelo con más calma. Es que yo...

Y la repetición precipitada de un intrínseco de frases parecidas sobre la rapidez del tiempo y lo incapaz que soy de seguirte el ritmo. Porque la verdad es que no puedo.
Andas a tropicones, sonríes de pasada, te escondes en los baños durante cinco minutos hasta que te calmas y sigues soltando cosas inconexas. Te estoy perdiendo. En todos los sentidos posibles de poder perder a alguien.

Lo peor es cuando hablan de ti. La típica mirada de "no jodas y arranca". Me he pasado tantas horas riéndome de esto último que no sé por qué me molesto en explicarlo. Si se nota que no puedo unir palabras en el aire, esperar por tus llamadas o llegar a fin de mes. Cosas que se extinguen, luego el fuego que se lo lleva todo - incluso a mí - y la certeza desgarradora de no saber escribir y no poder para de hacerlo.

Sangrar de forma interna y carecer del derecho de abrir la boca para dejarlo salir.

El que debería esperar eres tú. Espera sentado a que vuelva, que no lo haré. Estoy hasta los cojones de dedicarte palabras tristes, trozos de frío que solo me pertenecen a mí y tener que volver. Tengo tanto que perder que prefiero demostrar que puedo perderte a ti y seguir entera o casi. Pero si digo esa parte, mi argumento de mierda se va a la mierda, a si que he pasado a ser yo la que se esconde en los cuartos de baños durante cinco minutos para poder tranquilizarse.

Arreglado. Si tiramos el paquete de café a la basura es imposible de que queden restos (debería tirar también la cafetera y el colador). Tanta inversión para acabar aguantando las lágrimas. Riendo como si fuera mayor de gilipollez edad y pudiera dominar mi vida.

Chorradas.

Después se colocan en orden todos los capítulos en los que apareces. Las ganas de tirar el libro incrementan. Intento tirarlo. No lo consigo. Acabo llorando. A ti te importa una mierda. A mí hace mucho tiempo que también.

Así hasta que yo me convierta en rana.

Tú y tu puto problema, y luego yo igualándolo todo para intentar salvarte.

Hay que ser gilipollas.



martes, 6 de septiembre de 2016

Joder, que estamos en Septiembre.

Se suponía que íbamos a tenerlo todo claro, planificado. Tendríamos los billetes reservados tres meses antes, en ventanilla - para poder ver el mar - mientras vemos alejarse a tu ciudad. Irnos con la cabeza bien alta y una sonrisa que rompiera tímpanos. Dejar nuestras vidas  desgastadas atrás; despertarnos mientras amanece con una identidad distinta. Cambiar de aires, porque de personalidad no se puede.

Pero estoy esperando en la estación, bajo la lluvia. Nuestro tren ha salido tres veces y tu no has llegado - será el puto tráfico o tu funeral - que no nos deja avanzar a ninguno. Será tu carta de despedida, esa sobre que tenías demasiadas cosas en la cabeza como para escapar, que te quedabas en tu horario de ocho a tres con tu gato y tu piso con olor a humedad.

La lluvia no está mi fría. No sé si es porque ya me estoy haciendo inmune a acabar congelada o porque me lo esperaba...

Me lo esperaba.

En el fondo nunca tuviste suficiente corazón para dárselo a otra persona.

Y nada, doscientos euros de tren tirados a la basura y nuestra relación hecha trizas.

Eres un profesional.



domingo, 4 de septiembre de 2016

Eres tú.

Amanece. Tengo los labios cortados de decir tantas verdades y me pasé el lóbulo izquierdo del cerebro. He llegado hace dos horas; no podía dormirme. Las cosas están empezando a ir a toda hostia y no me da tiempo de deshacer las maletas - siempre acabo largándome -. Ya ni siquiera enlazo las frases con el futuro siguiente. No hay nada más triste que darse cuenta de que el tiempo ya no es suficiente, de que no eres suficiente y vas con fecha de caducidad. Seis meses. Cinco. Cuatro. Tres semanas. Dos días. Un minuto.

No me veo en esa vida de horarios a contra reloj y sonrisa ensayada - de laboratorio -; he visto a tantos especímenes convertirse en la misma persona sin tener el mismo ADN que me da miedo. Todavía no sé si es miedo por la cercanía del instante o porque voy hacia el mismo precipicio a ciento ochenta y por autovía. Vuelven a aparecer las luces de neón avisando de la siguiente salida.

Ojalá no quisiera coger el desvío más cercano y perderme en el durante. Fallos técnicos. Mala navegación.

Y el corazón haciendo aguas. Memorizando las noches hasta las tantas con chupitos de más, amigos de menos. Amores que caducan antes que la comida china. Está vez no se me escapan las cosas de las manos, saltan fuera en busca de un lugar más seguro que una chica que intenta escribir con la zurda siendo diestra, pide café cantando y tiene rotos los colmillos. Debería estar un poco más cerca de los libros, más enérgica, un poco menos vieja después de hacer vivido tan seguido y sin parar.















viernes, 19 de agosto de 2016

Cuentas pendientes.

He escrito cartas demasiado largas, he llamado llorando - de madrugada -, he perdido partes, rescatado salvavidas extraviados, contaminado mentes, amado más a botellas de ginebra que a personas. He bailado descalza sobre cristales, corrido en mitad del invierno. Me he perdido capítulos con detalles importantes, descompuesto excusas con una mirada, me he saltado las gamas de color para ir directamente a tus ojos. Yo maté por ti a todos mis nervios.

A la única conclusión que puedo decir que he llegado hasta ahora es no querer levantarme de una cama para dos que solo usa una; que el café después de la quinta taza sienta como una patada en el cerebro y que por más que mires ese trozo de tecnología que han llamado teléfono móvil no te va a resolver la vida (tampoco va a llamarte pidiéndote perdón).

Y fin.




miércoles, 17 de agosto de 2016

domingo, 14 de agosto de 2016

Lucidez.

Despierta, empieza a ser tarde y tienes que irte a casa. Tienes que volver a tu vida de escaparate, tus reuniones importantes y blanqueante dental.  Si yo fuera tu estaría cansada; no entiendo cómo puedes irte sin tomar un café; vivir sin aliento una vida que te dejaron en herencia. Te estás muriendo entre todos esos discursos sobre cómo debes arreglar el mundo - eres un gilipollas, ni si quiera sabes cómo arreglarte a ti mismo -. Deja la propaganda, tus frases hechas sobre la paz entre las sábanas. Rígete por el amor propio de querer permanecer más en tu cama que en esa oficina de dos por dos que te achicharra el corazón. Olvida tu cita de las doce; quédate conmigo en el sofá jugando a ver quién puede mirar más profundo. No te despidas si vas a por el pan porque sé de sobra que vas a volver.

Empieza a vivir porque si piensas en Septiembre y en tus facturas estaremos arruinados.

viernes, 12 de agosto de 2016

Te odio.

No es que quiera pegarte en la cara, es que me encantaría reventarte las tripas para que vieras cómo se siente eso de que te den una paliza por amor verdadero. Para que veas la desesperación de volver sola a casa sabiendo que te sangran los dedos y dejas mensajes en las paredes. Mirando a extraños con pinta de violador que intentan recitarte versos y esa nueva y moderna poesía que tanto te gusta.

No busco encandilarte con promesas, ni con filtros de cigarrillo que duran menos que el recuerdo de una felicidad que es más ilusionista que la realidad. Mi intención nunca ha sido avisarte sobre los incendios por culpa de algún estúpido gilipollas al que sus padres no le enseñaron a respetar el bosque. Yo soy egoísta. Quiero ser egoísta y conseguir que dejes puertos por mi culpa, que pierdas partes benignas de todos tus tumores, que acabes enganchado a cosas mucho peores que yo.
Y aunque que sepa que es casi imposible que camines sobre tejados con los ojos cerrados y corras hacia mí, ojalá fueses capaz de hacerlo.

Ojalá fuese yo lo suficiente egoísta como para reclamar las partes que me debes (y las que no también); de agarrarte de las piernas y pararte los pies porque puedo hacerlo, no porque sea lo correcto. Estoy de hacer lo correcto hasta el infierno. Ya no quiero necesita mi dosis de responsabilidad diaria.


Espero que me envíes postales de odio cuando te decidas a tirarte por la ventana y me llames si decides abrir la botella de vodka.



martes, 9 de agosto de 2016

Ojalá me pudiera sumergir en el frío.

No puedo creer que ya no vaya a haber tanto frío este año. No puedo creerme que ya no vaya a poder sentir escalofríos, ni eso ni nada porque te has dedicado durante todo el verano a quemar mis nervios con un trozo de hierro en llamas. Qué clase de persona podría hacer algo como eso. Seré yo que siempre acabo enganchada de las cosas amargas con demasiado azúcar.

No puedo creer que tanto calor haya hecho que mi organismo se recaliente y ya nada haya vuelto a ser lo mismo; que no sienta las yemas de mis dedos, que no sienta el peso sobre mi espalda, que no sirva de nada recordar que tengo una cicatriz en forma de equis en mi rodilla porque te perseguía demasiado deprisa cuando teníamos siete años.
Y el frío, que iba a salvarme está vez, ha decidido que es una pérdida de tiempo llamarme.









sábado, 6 de agosto de 2016

Límites.

A veces te odio sin respiración en el cuerpo, con ganas y golpes en el pecho reprimidos; y otras muchas veces intento que la indiferencia sea más fuerte y ninguno de tus problemas lleguen a bomba nuclear. He vivido cosas mucho más complicadas que un corazón roto y tu media sonrisa pero me encantaría reventarte las venas para que vieras cómo se siente una persona terminal. Es solo un poco horrible pero estoy a punto de ponerme de rodillas para suplicar que pares.

Para.

Porque, joder, duele.














domingo, 31 de julio de 2016

Perdidos.

Todos tenemos un punto débil y, en este caso, mi único punto débil es la raíz cuadrada de la distancia que hay de tu corazón al mío.







viernes, 29 de julio de 2016

Me apagas el alma con tanto calor.

Huele a pan recién hecho, a galletas, a una infancia perdida que está quedando atrás.

Una vez me dijeron que había crecido muy rápido; que mi maduración se había acelerado por culpa de las circunstancias; que la inocencia de mis ojos se esfumó de repente como un gran apagón en la ciudad. ¡Pum! Que nunca podré recordar la época en la que se me caían las sonrisas por todos mis vértices. Me dijeron que yo había nacido con dos mechones rubios y varias grietas en el corazón.

Desgracias. Detalles.

( Por qué siempre tienen que joder todo los putos detalle).




martes, 26 de julio de 2016

Sombras del Este.

El otro día me pasé toda la tarde ordenando mi cuarto, limpiando, rebuscando entre mi propio pasado y tirando cosas que ya no me eran útiles. Encontré, en más cajas de las que me gusta reconocer, partes de ti; un cacho de tu risa, algunas fotos donde prometimos guardar un trozo de alma, las cartas que me escribías en tus días malos y las frases que yo te dedicaba en mis días buenos.
Después de encontrarte me pasé mucho tiempo reflexionando sobre cómo pudimos acabar en tan poco después de significar tanto. No sé, no sentí tristeza pero se me retorcieron un poco las tripas - como cuando tienes un examen demasiado importante y no te sabes todas las preguntas- .
Creo firmemente en las segundas oportunidades. Por esa misma razón cuando ya ibas por la quinta me di por vencida contigo. Todavía hay días que me levanto y me pregunto si fue lo correcto. ¡Lo digo por mi! Tal vez no debería haber esperado tanto para darte la patada, o tal vez me vino bien eso de hacer sufrir a mi corazón un poco más de la cuenta para ver hasta donde podía llegar.

¿Tú que crees?




















martes, 19 de julio de 2016

Incisos.

Me duele menos verte desde lejos, no soportar tu mirada sobre mí, tener una distancia de seguridad de tres sentimientos y muchas ganas. Por eso me escondo detrás de tu espejo - ese en el que nunca te miras -. Y estoy dispuesta a salir si reconoces que me echas más de menos cuando sonríes a oscuras.








domingo, 10 de julio de 2016

viernes, 8 de julio de 2016

Este amor tan delicado.

Te crujen las costillas; aunque en realidad pienso que es el corazón - cansado de bombear un líquido sin oxígeno a través de todo tu cuerpo -. Hace días que no llamas, que no gritas, que no hablas, que no sientes la necesidad de comunicarle a nadie que en el fondo ya estás muerto. Que lo sientes (muchísimo) pero esa es otra historia de fantasmas de la que no deberíamos hablar hoy.
Tampoco tomas café ya, no alzas el vuelo de tu cama y los días se convierten en noches entre remolinos de sábanas sucias y pensamientos suicidas. Se han acabado las bandas sonoras de fondo en escena, las sonrisas con trampa y los planes que se quedan en eso, en planes. Se han acabado tus promesas entre susurros.

Se han acabado.

Y siento los vacíos en el aire, los pasos en falso a plena luz del día, el eco de una caja torácica llena de ausencias que se personifican en alguien que ya no eres tú. Te has extinguido. Eres incapaz de ser entre tan poco. Las típicas cosas que pasan cuando llega el verano y decidimos darnos un tiempo porque nos sobra demasiado.
Estoy casi segura de que ya has vuelto a casa, no te has molestado en recordar que sigo esperando a que te des cuenta de que te sigo echando muchísimo de menos.

Y eso si que suena bastante absurdo.





domingo, 3 de julio de 2016

Esas cosas.

Quiero que sepas que hay cosas que no cambian, que van a seguir congeladas en el mismo instante que las dejaste por mucho que pasen los años ( y los recuerdos), independientemente de si te duele o no. Esas cosas no pueden arreglarse; son brechas temporales por las que se escaparán siempre los sentimientos, las palabras, la vida...
No sé cómo describirlo para que no parezca tan trágico - en realidad, no es tan trágico - pero cuando lo recuerdas sientes una cierta incomodidad, una ligera presión en las costillas, nada que vaya a matarte. Te  matarán muchas cosas pero la sensación de que se te escapan esas cosas de las manos no; te hará sentir un poco mareado. Tu equilibrio se irá a la mierda y quedará inutilizado como tu corazón;  aún así no llores, no merece la pena hacer desbordar mares en sequía por esos ideales. Son cosas que has vivido y no habrías podido hacer mejor. Ni viviendo un millón de vidas podríamos rescatar esos momentos, son fallos colaterales, cosas que pasan, gente que pasa y se va. Sin más porque no puede hacer nada más y en una parte de tu corazón les agradeces enormemente que no se hayan quedado más, que no hayan roto más capilares a su paso, que su recuerdo te cree una cierta incomodidad.

Ni si quiera sé por qué, pero lo agradezco.














lunes, 27 de junio de 2016

Historias de verano.

Me gustaban sus escusas. El veneno concentrado que eran pero (que después de meses mirándole a los ojos como si fuera a lanzarse sobre mí) me acabé acostumbrando.
No era bueno. Me arrancaba de mis ensoñaciones, interrumpía en mis sueños y me mordía en el cuello cada vez que quería un poco de atención.

Sí, definitivamente era horrible. Y como cosa horrible de alma oscura y encantadora yo estaba prendada de su forma de caminar entre ruinas con el paso firme y esa sonrisa que rompía platos. Me gustaban sus acertijos a altas horas del precipicio; sus convers rotas, el tatuaje de su costado que tanto se molestaba en esconder y el resto de tatuajes que no se veían pero enseñaba orgulloso. Su indiferencia cuando le llamaba su madre diciendo que estaban en el hospital - que había habido un accidente - y la risa que brotaba poco después de sus labios crueles.

Es una de esas tantas personas que lo han perdido todo y nadie se ha  molestado en recordarle que puede volver a construir sus órganos internos - aunque yo tampoco tendría los cojones de hacerlo -. Bebía. Mares, peceras y a personas. Arrasaba por allí donde dejaba su magia.

"Tenía el cuerpo deformado por la tristeza y le quedaban secuelas de sonreír".







jueves, 9 de junio de 2016

Hostia.

Si te despistas un poco puede que un día te levantes y te quede solo un año de instituto, tengas una montaña de apuntes que estudiar encima de la mesa de tu cuarto y tus amigas tengan la típica crisis de  "necesito un novio, estoy muy sola". La perspectiva no es nada romántica. Se basa en hechos de tu vida que, sin saber por qué, se han establecido así.

Me encantaría ver a muchos intentando dirigir mi vida, decidiendo todos los días que lo correcto es levantarse de la cama e intentar ser realista - porque intento serlo - , contando las horas de dos en dos para conseguir una libertad condicional. Intentando seguir el ritmo de algo que no puede ser controlado.

Perdiendo el control cada viernes por la noche, justo antes de las doce. Cuando me llama. 
Teniendo que soportar un mente contaminada, con las palabras agarradas demasiado fuerte a la garganta, sin un pizca de delicadeza.

Cansada.

No tanto de correr como de respirar pero con los pulmones aún en marcha, con sobresfuerzos. Con las gafas sucias y llegando tarde (como siempre).

No eres consciente de lo inmensamente difícil que resulta salir adelante hasta que te toca a hacerlo.

Esto puede reducirse a una sola frase.

La vida sigue.







domingo, 15 de mayo de 2016

No sé cómo llamarte

Me siento desconocida, descontrolada, deshumanizada y lo peor de todo, fría.
Tan fría que no hay manta que me arrope en la oscuridad lo suficiente. Fría en lo más profundo del alma, del espíritu.
Congelada en la sensación de vacío.

Me han advertido tantas veces de este tipo de cosas que todavía no me explico qué demonios he hecho para acabar así.

- Beber.

Suena mal pero necesitaba matar algunas cosas de mí y el alcohol es un buen desinfectante. Esa es la escusa general, porque en el fondo no tengo los suficientes ovarios como para reconocer el resto de cosas. Ni si quiera borracha.

Porque sigues teniendo los ojos preciosos y la sonrisa más triste que he visto en mi puta vida. Y mi vida es muy puta, a si que imagínate. He tenido que verte a oscuras y bajo las luces de colores de un bar cutre para darme cuenta de los destrozado que estás. No dijiste nada, porque qué cojones vas a decir tú. Nunca has sido mucho de hablar. Preferías dejarme esas cosas a mí.

Así hemos acabado.

Cantando a media voz versos de desamor que había olvidado, controlando los nudos en la garganta con tragos de ginebra, fríos.

Tan fríos que no te reconozco en mí - y somos lo mismo -, por eso sé que algo falla en la ecuación.

Después llegué a casa. Me has llamado tres veces.
La primera dijiste que todavía seguías un poco borracho pero que querías recordarme el café de las cinco de la mañana.
La segunda fue para asegurarte de que te sigo queriendo (tanto) y me prometiste que no volverías con ella.
La tercera no te cogí, porque no tenía claro que iba a decir si me contabas que al final la elegías.


No lo sabe pero tengo tanto frío por su culpa.
Que alguien se lo diga y que le pese en la conciencia.











lunes, 9 de mayo de 2016

Tu tú que es más yo que del resto.

Duele.
Prende.
Arde.
Y me llevas hasta los conocimientos del inconsciente a ver si consigo pasar los muros del superyo y llegar hasta a ti; porque te pierdo y te escondo - en todas los cambios de carril y debajo de mi cama - como a los desterrados.

Ahí estas, un poco más arriba en la cadena alimenticia, jugando a ser el jodido dios de mi sistema circulatorio. Probando todas las teclas a ver si encuentras la que haga que mi corazón explote.

Pero duele.
Prende.
Arde.
Y estamos enfrente mirándonos a los ojos, sin saber que decir y con el arma mortal en la lengua - a ver si hay cojones de disparar, de morder donde más duela -. No necesito una guerra civil para saber que los bandos abrirán fuego en cuanto sonrías.

Ahí estás, con los brazos abiertos y pose vacilante, como si supieras que pienso rendirme mucho antes de que escupas tu veneno a ver si me salpicas. Siendo el rey de un alma que no te pertenece.

Aunque duele.
Prende.
Arde.
Y me pregunto qué vi en ti y en tus alas negras para haber escrito cartas a las tres de la mañana y haber llorado en la ducha porque no había visto ni rastro de tu gélida mirada. Si las enfermedades crónicas son como esto prefiero morirme de un cáncer terminal que mate mis células antes de verme obligada a cerrar los ojos mientras te vas.

Ahí estás, diciendo adiós como un traidor que abandona a sus hermanos de sangre y solo deja cenizas y sensación de pérdida. Haciendo que pierda todo el control.


Me duele.
Me prende.
Ardo.

Y estoy en un precipicio sin fondo que brilla como si quisiera cegarme. Tú me agarras de la mano y saltas por los dos - porque siempre has sido así de egoísta - porque por eso me enamoré de alguien como tú.

Porque me dueles.
Me prendes.
Haces que arda.













sábado, 7 de mayo de 2016

Hace tiempo que me estrello a tu salud.

Querido:

Si me enamoraras te escribiría una canción con gallos en todos los finales de verso, te dejaría el desayuno hecho antes de salir de casa e intentaría sonreírte cuando me invadieras mi cama (mi gran templo) y exigieras un poco más de la manta. Dejaría que me leyeras y dejaría de leer solo por ver como te quedas dormido viendo algún programa cutre en la televisión.

No te querría de la forma convencional, ni establecida, ni de la consciente, ni si quiera de la coherente - aunque bueno, yo enamorado no soy muy coherente -. Te querría cuando llegara tarde por culpa de mi trabajo, las horas extras y todas esas cosas que me agotan y me hacen tener ganas de dormir y me acercaría a ti para sentir un poco de tu calidez y para demostrar que no soy tan zorra pero aún así que sepas que lo soy. Te querría cada vez que besara tus vértices, curara tus desequilibrios por ósmosis y, al final, te sacara una sonrisa.

Me derretiría cada vez que la tristeza te inundara. Dejaría mis malabarismos con la realidad solo por darte un trozo de quietud entre todas tus pesadillas,

Gritaría cada vez que intentases encender un cigarrillo y nunca te pediría perdón. Tampoco te pediría perdón cuando estrujara tu corazón para hacerlo bombear más deprisa, ni cuando prefiriera un día de lluvia que salir por ahí.

Nos emborracharíamos, el uno a otro, sin necesidad de una sola gota de alcohol y la mañana siguiente te levantarías con resaca y mis marcas en tu cuello ( y yo mucho más feliz que la noche anterior).

Si apuras un poco la sensación puede que hasta consigas que deje el café. (Bueno, esto son un poco palabras mayores pero me lo pensaría).

Si me enamoraras ya no tendrías que pedirme más excusas a escondidas intentando ocultar que te parte el alma verme sonríe con otro que no eres tú, ni tendrías que hacerte el tonto cada vez que apareces por casa y dices que no tienes ni idea de cómo has vuelto a acabar aquí.

Si las cosas pasaran como deberían pasar yo ahora no estaría escribiendo esta carta que seguramente nunca envíe. Y tampoco estaría ahora mismo a punto de coger un autobús para irme a unos cuantos kilómetros más lejos. Ni tampoco estaría llorando porque le voy a decir a tu amigo ( ese que se emborracha en todas las fiestas) que te devuelva la sudadera que me regalaste.

Las cosas serías muy distintas.

Y nosotros seríamos otros.

Y cada vez que pienso en eso último no puedo impedir ponerme infinitamente triste.


PD: Que sepas que te quise pero que ya no lo veo tan suficiente como al principio.












domingo, 1 de mayo de 2016

Que bonito bailas cuando piensas que nadie te está mirando.

Nos adentramos en un bar sin nombre y tu pides una ronda de chupitos - una detrás de otra - y yo bebo sin conciencia ni culpa porque hace meses que no tengo la sensación de mariposas en mi estómago. Será que habré terminado vomitando todo el amor, porque ni si quiera recuerdo a que se asemejaba la sensación.

Aquí seguimos tu y yo (juntos), y no solo porque yo te tenga que acompañar a casa; si no porque no conozco a nadie más divertido que tú sobrio y sigo intentando encontrar a alguien que beba ginebra, tengas los ojos oscuros y se parezca un poquito a ti. Solo un poquito.

Porque me encantaría verles a todos ellos encima de una mesa, con una botella en una mano y el corazón en otra, cantando tu canción favorita a pleno pulmón; como si la melodía fuese a desaparecer próximamente. Espero que no lo haga nunca.  Sintiendo que se acaba el momento pero que lo estás viviendo hasta succionarle toda la sustancia.( No sé si me entiendes).

Así eres tú. Una piñata que explota y se convierte en guerra zombie ATP. Algo que está preparado para mi desastre o para algo mucho peor y que después de doce cervezas sigue en pie pidiendo otra canción. Y otra, y otra más. Hasta que se nos acaben las ganas de respirar entre humo de cigarrillo e historias de una sola noche.


Podría jurar que ya te había conocido en muchas vidas antes que esta. En algunas en las que tenías una sonrisa más asesina y me querías un poco menos. Pero, ¡mira cómo bailas nuestra canción!







lunes, 25 de abril de 2016

Mira. Estás a punto de florecer.

No me duele tanto bostezar si me estiras de las tripas y me rozas el corazón. Tampoco me cuesta tanto hablar en voz alta si me sujetas la mano con la suficiente fuerza como para que no me tropiece con mis propias palabras.

Y, definitivamente, me siento mucho mejor cuando me dices que en ninguna circunstancia podrías estar más perdido que cuando me miras a los ojos.

Si eso no es estupidez  amor, a mi que me insensibilicen los labios para que no pueda seguir besándote.










viernes, 22 de abril de 2016

Tus efectos

Que a mí no me rompen el corazón, ni los esquemas, ni los horarios de mi asquerosa rutina de siete a dos - de la mañana - .Y no necesito a una doble conciencia con complejo de niño perdido que me persiga por toda la ciudad mientras repite una y otra vez que todo es una pasada. ¿Qué coño es una pasada? ¿Las ganas de llorar que tienes o las de salir corriendo lo más lejos de aquí que puedas? Puedes elegir lo que quieras pero espero que sepas que nada de lo que digas me hará cambiar de opinión. 

Que me puedes gritar todo lo que tú quieras. Me puedes reprochar las noches que pasé contigo y todas las mañanas que me fui antes de que te despertaras pero me da igual. Me da igual.
Me da tan igual que no me importa dejarte llorando en la mitad de esta discusión absurda. Llego tarde a sitios más importantes que "nosotros". Si lo preguntas, hablo de cuando leías mis libros en voz alta para conseguir hacerme dormir.
Ya no me quitas el sueño. Ni tú ni tus estúpidas escenas de superioridad.

Que se te ha hinchado tanto el pecho que estás a punto de reventar. Espero que no haya gente cerca porque lo destrozarás todo a tu paso. Siempre has tenido ese jodido efecto: efecto dominó destructivo.
Después te quejabas de mis discursos de sinceridad empedernida y todas esas patrañas que sueltos cuando todo copas de más.

Que te largues.
Que ya no sé por qué sigues aquí.
¡Que te jodan!

Y que lo hagan tan mal que todo sea demasiado rápido y tú quedes tan insatisfecho como los últimos años de mi vida.

Que no quiero que vuelas. Ni tú, ni nada.
Que para volver hace falta cambiarse el corazón y a ti ya no te queda de eso.






domingo, 3 de abril de 2016

El resto que queda.

Deja de reventar sonrisas, de atropellar gatos sin vidas y de perseguirme cuando me voy a dormir. ¡Déjame dormir! Yo no te molesto cuando me pides una semana de tiempo muerto - esas en las que los dos parecemos fantasmas - y tú vas de fiesta en fiesta intentando encontrar algo que te diga que debes volver de nuevo hacia mí.
Estamos desgastando una relación.

Acabaremos disparándonos con pistolas de plástico y verdades en la recámara. No quiero volver a lo de antes.
Antes era mucho más complicado sin ti pero parece que a medida que pasa el tiempo se hace también muy difícil contigo.

Estoy en una constante paradoja que no me gusta una mierda y hace que me duele la cabeza. Qué tendrá de malo que no me guste darte abrazos por las mañanas y que te prefiera a ti en vez que al café - ya le gustaría a mucho otros - , a si que deja de hacerme el desayuno y ven a escuchar esta banda sonora que ha creado nuestra vida antes de que lleguen los créditos finales, no soportemos vivir juntos y te tire tus palabras a la cabeza.



- Princesa, ¿me permite este baile?
- Me vueles a llamar "princesa" y duermes en el sofá.













sábado, 26 de marzo de 2016

Ya vienes

Volvemos al mismo sitio donde fuimos amados porque nos gusta ser un poco masoquistas, porque somos un poco enfermizos, porque echamos de menos que nos quieran. Luego llegamos y vemos que nada es como era antes, que ya no queda nada de lo que fuisteis allí y que encima has gastado más de dos horas en coche para llegar.
La vida pasa.
También pasa por todos nuestros recuerdos, los erosiona, los manipula. Tendemos a idealizar ese momento. No recordamos que esa tarde estuvimos llorando porque la luz del sol nos hacía demasiado daño a nuestros ojos; recordamos que nos abrazaron hasta que no tuvimos aliento y que te encontraste dinero en el banco de siempre.
Nos rompemos el corazón a sabiendas de que nada va a volver. Nos han utilizado para sacarnos la sonrisa y al final hemos acabado con una botella de vodka vacía y ganas de llamarle.
Pero no llamas.
Cómo vas a llamar, no después de tanto tiempo. Sería como un pre-funeral con ropa de payaso y el maquillaje corrido. Es mejor quedarse con la frase en la garganta y ver como llueve desde tu cuarto.
Duele más - pero es que a la larga todo duele mucho - y prefiero sufrirlo en soledad que hacer una fiesta de ello.

Preguntadle a todos los que me preguntaron el nombre de aquel asqueroso bar esa noche. Todos sonreían como si yo fuera la cosa más brillante del momento, todos querían hacerme maravillas. La única maravilla fue que yo fuera lo suficiente educada como para no enviarles a la otra punta de la ciudad en busca de un bar que ya no existe. Ese es el precio que tiene que te quieran más los desconocidos que tu mejor amigo. Porque las noches tienen muchas decepciones y los capítulos se repiten (como esta canción que no deja de sonar).

Acabo de recibir tu e-mail, dices que vuelves. ¿A dónde? Porque hace mucho que dejaste de responder a mis cartas y no estoy segura de que te quiera tener en mi puerta con una sonrisa de oreja a oreja y esa sensación que siempre traes contigo.


Será mejor que pierdas el tren, que he quedado a las siete con un libro y sé que él no va a desaparecer.













domingo, 20 de marzo de 2016

Resacas.

Si un lunes te levantas y sufres, tómate un chupito a mi salud. y si ves que después no estás lo suficientemente mareado tómate otro. Sáltate las clases y pon la música a todo volumen. Que venga tu jodido vecino de arriba a decir que aflojes - y no lo hagas - con esa cara de gilipollas que tiene siempre cuando te saluda en los rellanos.
Baila, hasta que te tropieces con tus pedazos o con el sofá blanco que se empeñó en comprar tu madre. Arriésgate a recitar algún trabalenguas y equivocarte en la mitad del examen. Esa mierda no debería decidir si eres lo suficiente válido para ir a la universidad.

Reza por todas tus pesadillas; ellas también se sienten tristes sin ti cada vez que te vas de fiesta. Saluda al camarero de mi parte, hace mucho que no me paso a ver que historia de corazones rotos dibuja ahora ( en el fondo es todo un artista).

Que no se te olvide besar a alguien que no conoces en la esquina más oscura, espero que eso te haga sentir mejor, menos destrozada. Aunque supongo que cuando vayas por la tercera copa empezarás a a olvidar por qué demonios tenías la mirada tan triste antes de salir de casa. Debería dejar de echarle la culpa a los astronautas de todas las canciones que canto cuando se me rompe la voz.
Ay, si la vida supiera...

Tengo un último consejo para ti, porque sé que hace días que no sales de tu cama y que te duele el alma al respirar:

He visto muchas sonrisas que se diluían cuando nadie miraba y el alcohol solo es una distracción a la que se le pasa el efecto; si de verdad quieres ser feliz, dedícate a ser sincero y arreglarte a ti mismo.

PD: No incluyas al alcohol en eso último.







viernes, 18 de marzo de 2016

Íbamos al compás de una melodía

Es extraño, porque parece que las cosas empiezan a ir tan lentas que puedo ver todos los detalles en flashes y sé bastante bien lo que todo eso significa. Sé lo que quiere decir que empiece a sentir que me caigo mientras camino por la calle. Es jodido, ¿vale? No es como si sintiera un leve mareo o lo que cojones sea, es diferente. Esta vez es diferente.

He bailado borracha a altas horas de la madrugada y he sonreído a desconocidos que solo querían un royo de una noche y la sensación de seguir vivos. He follado con palabras más duras que esa mirada tuya - prueba algo más fuerte, te invitaré a chupitos si hace falta - deja de hacer el gilipollas, yo estoy intentando hacer lo mismo.
He hecho todo eso y aún así no tengo ni idea de cómo voy a arreglar todo este desastre. Porque nos movemos en música demasiado alta y nuestras respiraciones están a un nanómetro de distancia. Y no quiero besarte.





viernes, 26 de febrero de 2016

Mira lo que quieras, soy transparente.

Yendo de trágica y un poco menos de comedia, caminando con las manos en los bolsillos y el pecho vacío porque no se puede llenar algo que está tan lleno.

Ya no veo fantasmas, ni descarrilo almas con una sonrisa y un par de frases bien conjugadas. La magia ha terminado y ha dejado cicatrices en todas las carreteras por las que he pasado. Soy como una peste que ha ido dejando muerte y destrucción a su paso pero que se está exterminando. Me estoy exterminando a mi misma. El virus termina aquí. Me da un poco igual que hayan encontrado cura, que sepan cómo solucionar todos esos problemas que les llenas la cabeza de pájaros y les quitan las lágrimas de las mejillas; la verdad - bastante cruel y fría - va a seguir ahí.
Va a sustituirme como si yo fuera un jarrón de porcelana chica, como si fuese tan delicada como eso. Tengo unas manos que se rompen con el hielo y la mirada un poco cristalina pero sigo siendo capaz de estropear las cosas bonitas. Todavía soy bastante mortal.

Si quieres te dibujo la anatomía de tus pulmones y te explico como hacer que colapsen.

Solo hace falta un poco de tristeza y un golpe en el momento equivocado.


"Si pudieras dedicarme un poco de ese magnífico tiempo tuyo te haría perder la cabeza. Empezaría susurrándote que tienes las pupilas preciosas y que tu voz es capaz de llena cualquier habitación. Continuaría diciendo alguna chorrada sobre el amor y tu forma de hacer las cosas . Y luego pasaría a la acción.
Tómatelo como una promesa."








viernes, 5 de febrero de 2016

How this came to be

"He visto a gente muy perdida, con los ojos llenos de lágrimas y la peor sonrisa de la historia en los labios. Yo solía ser la que cambiaba esa extraña mueca por una más relajada, por una pizca de felicidad a corto plazo - no les salvaba pero hacía que las cosas tuvieran más color -."

En eso me parecía yo a los inviernos sin abrigo y las manos cristalizadas; podía ser muy fría pero intentaba crear esa absurda atmósfera que se siente cuando se es un poquito más feliz.

Pasaron cosas, las estaciones se hicieron cada vez más largas y al final acabé olvidando qué significaba el invierno para mi. Lo había olvidado... ¡Es absurdo! Pero lo había olvidado...
Todos los pequeños detalles están volviendo poco a poco uno a uno, como si llevasen toda la vida esperando a que yo me diera cuenta de su existencia. Vuelvo a disfrutar cosas que ya no existían para mí: mirar a los ojos y fijarme en el color del iris, mirar detenidamente a la gente mientras pasa, contar los pájaros que vuelan a lo lejos en el cielo con una gafas que no me ayudan a ver. La clase de cosas que antes no me planteaba, hacía, sin ningún resentimiento o vergüenza.

Había olvidado lo jodidamente detallista que soy y lo poco que me gusta reconocerlo en voz alta.












jueves, 28 de enero de 2016

Me introduzco entre esa mitad.

Soy la clase de persona a la que si le preguntas sobre el amor te dirá que es una reacción química, la que te explicará el proceso que siguen las hormonas hasta producir una sensación que en realidad no significa nada. Y si me reprochas un poco es posible que te diga que solo te engañas a ti mismo con la idea del enamoramiento y todo lo que conlleva.
Si me preguntas por la humanidad diré que está contaminada. Dispersa en un mar lleno de mentiras y paradojas políticas que no te dejan claro qué no debes hacer.
Si me preguntas por mis amigos te diré que salen muy bien en las fotos, sonriendo, pero que en la vida real no sonríe tan alto ni tan brillantemente; que se escapan cada vez que les llamas pidiéndoles respuestas. Que no están.
Si me preguntas por mi religión te diré que a mi ningún dios a terminado de convencerme, que no me gustan los mandamientos y los libros donde todo se lleva al pie de la letra.

Rechazaré cualquier preguntas sobre mi familia. Os dejo imaginaros el resto de la historia.

No tengo respuestas para todo, pero improvisaré todo lo que haga falta para que no te des cuenta de ello. Para que pienses que soy la respuesta a todas tus preguntas. Para que creas creer que tengo la solución a cualquier problema. Seré cínica y muy mentirosa - porque no se puede ser cínica sin ser terriblemente mentirosa-. 
Van a encantarte mis juegos con la mente y mi sonrisa de cristal, creerás verlo todo y no conseguirás ver más que el final. Prepárate para las curvas mal diseñadas y noches en vela por culpa de la lluvia. Es mi pequeña especialidad.

No se lo digas a nadie pero se como hacer que el alcohol no surta efecto, sé conseguir la misma sensación que la cocaína con café. A mi no me hace falta el cigarrillo de después, si el polvo es lo suficientemente bueno nunca hará falta. Aún así no está nada mal que te llamen preciosa cuando llevas tu conjunto de vaqueros rotos y ojeras ( el de todos los días). Todavía hay gente por ahí que sabe apreciar esas cosas. Si os encontráis con alguno de esos, enviádmelo, hace mucho que no me encuentro con alguien a quién le saque una sonrisa real y estoy hasta la polla de los demás.

Y así, hablando un poco de todo, si queréis que os cuente cosas graciosas voy a empezar con la historia de como me rompí los nudillos por culpa de un chico de ojos negros que no conocía y un par de frases subidas de tono. Lo sé, lo sé... Mi impulsividad un día de estos va a meterme en una movida. Tengo un amigo que está como una puta cabra y me lo recuerda casi a diario. Que se le va a hacer... No puedo evitarlo y tampoco es como si quisiera hacerlo.

¿Qué os parece mi sinceridad? ¿Aún no es suficiente?

La mitad de vosotros no aguantáis la verdad.















domingo, 24 de enero de 2016

Dame un momento.

Todavía era de día cuando él se puso de pie y empezó a correr como si la vida le fuera en ello.

- Espera. No vayas tan rápido. A penas puedo seguirte el ritmo sin que mis piernas se enreden y acabe en el suelo con las rodillas rasgadas. Tienes que ir más despacio, pisar menos fuerte, dejar de correr contra el acantilado a mala hostia. Para un momento, necesitamos aire. Mira, ahí hay un sitio donde podríamos pararnos. Necesito que te quedes quieto un momento, analiza la situación. No podemos seguir así, esta velocidad es demasiado para cualquier huracán y nosotros no llegamos casi a brizna. ¡Estás loco! ¡No podemos ir por ahí! Vamos a pegárnosla si no te paras en este instante. ¿Me estás oyendo? ¡Para!
No puedo respirar y tú tampoco, ¿es que acaso no te das cuenta de que nuestros pulmones ya no dan para más? Llevas todo el día corriendo detrás de las gaviotas, al final vas a estar agotado. ¿Qué dirá tú madre? Va a matarnos a los dos - no tengo aire para seguir hablando -. ¡Para de una vez!

Y me quedo allí; con las manos apoyadas en mis piernas intentando recuperar el aliento mientras observo como desaparece la figura de su cuerpo entre la lejanía. Sus impulsos hicieron que se chocara contra un precipicio y cayera. Que se desangrara mucho antes de que nadie pudiera ayudarle. Que muriera.

                        Hay gente que en vez de volar, se ahoga; en vez de cantar, solloza.
                                                       En vez de vivir, se estrella.









viernes, 15 de enero de 2016

Enfermedad.

Puedes tener fiebre y la mente lúcida, al igual que puedes tener una bonita salud y el corazón destrozado. La definición de enfermedad está muy sobrevalorada.

Yo he caído enferma, en un estado de dolor en el que a penas podía respirar y me dolían músculos que antes no había sentido y me encontraba casi perfectamente feliz. Supongo que será porque la fiebre no te deja pensar mucho en otras cosas que no sean a qué hora debes tomarte una pastilla. También he caído enferma de la otra manera. De la manera en la que no te quieres levantar de la cama y aunque no te duela nada por dentro tus órganos se quejan. De la manera que no quieres hablar porque estás acojonada de decir algo y romper a llorar delante de todo el mundo. De la manera en la que te aíslas, te encierras y te echas en cara a ti misma el caos que eres.

Nunca me he gustado estar enferma, tener gripe es un peñazo y estás tan cansada que a penas no puedes moverte. Pero es mucho peor estar enferma y estar cansada porque no quieres seguir así. Eso si que es una enfermedad. El dolor de esa sensación es muy diferente.

No sé que es peor, si morirse de neumonía o morirse de tristeza.





Queridos lectores:
Jamás he hecho algo así pero creo que es un buen experimento y que podría salir algo interesante. Nunca os pido comentarios ni opiniones sobre mis textos y no suelo dirigirme directamente a vosotros nunca ( también es cierto que en parte es porque no estoy muy segura de que realmente le interese a alguien lo que escribo). El caso es que me encantaría que escribieseis un comentario en esta entrada sobre las veces que os habéis sentido "enfermos" y los sentimientos que os produjo ese estado. 
Es solo una idea y a lo mejor no os apetece dedicarme unos minutos a escribir algo así pero me haría mucha ilusión que lo hicieseis. No tiene porque ser nada poético, me vale cualquier cosa.

Muchas gracias

A.- 






domingo, 10 de enero de 2016

Para mí.

Crecer, pero dejar de hacerlo en altura y empezar a hacerlo en mundo. Desarrollar un plano a seguir o dejarlo totalmente en blanco. Perder el rumbo porque ya no te queda nada más que perder. Pensar en superarse y superar esa parte de tu vida que está en reconstrucción desde hace años. Dejar atrás todas esas cosas que se acumulaban en tu corazón y solo servían para torturar a tu mente. A veces con querer a alguien no es suficiente. Muchas veces debes mandar a la mierda a esa parte de ti que hace que te preocupes por cualquier detalle, después las cosas son mucho más fáciles. Es como si la presión que te impidiera respirar se liberara y el aire volviera a entrar en tus pulmones con normalidad.
Respirar después de cinco años es difícil. No es que lo haya solucionado todo pero siento algo diferente cuando me miro al espejo y sonrío, como si yo misma me estuviera convirtiendo en algo mucho más real, más auténtico. Esto no significa que no me duelan las palmas de las manos con el frío o que no tengo la sensación de estar perdida cuando se mezclan demasiadas palabras, pero al menos mi conciencia está mucho más tranquila.

Odio los principio de año. Todo el mundo promete hacer cosas que nunca hace, todos nos ponemos bonitos objetivos que se quedan en eso, en objetivos. La mayoría de nosotros solo escribimos en un trozo de papel las cosas que tenemos mucho miedo a hacer por fracasar.
Creo que es el primer año que no hago ninguna lista, no escribo ningún objetivo, no me doy ninguna excusa para retrasar algo que quiero hacer. Sé lo que debo hacer, sé lo que tengo que hacer. Y por encima de todo sé que clase de personas quiero que estén en mi vida y cuales no. No les echo de menos. No soy esa clase de persona que se arrepiente de sus decisiones. Si elijo algo me gusta ser consecuente; mi padre dice que es cabezonería - podéis llamarlo como queráis -.

A si que seas quién seas, si estás leyendo esto, aunque no nos conozcamos y posiblemente no lo hagamos nunca, voy a darte un consejo ( luego puedes decidir si hacerme caso o no).

Sé sincero. Pregúntate a ti mismo si eso que estás haciendo te hace verdaderamente feliz o si solo lo haces por complacer a alguien. Pregúntate si tus actos te llenan o si solo hacen tu vida miserable. Asegúrate de sacar a cualquier persona de tu vida que te cree intranquilidad - porque a la larga se convertirán en un rincón de tu corazón que no te gustará visitar -. Intenta hacer las cosas bien por ti, no por el mudo, la sociedad o quien coño te esté viendo. Vive para ti, aunque suene un poco egoísta. Porque si no lo haces tú, no lo hará nadie.