No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

viernes, 19 de agosto de 2016

Cuentas pendientes.

He escrito cartas demasiado largas, he llamado llorando - de madrugada -, he perdido partes, rescatado salvavidas extraviados, contaminado mentes, amado más a botellas de ginebra que a personas. He bailado descalza sobre cristales, corrido en mitad del invierno. Me he perdido capítulos con detalles importantes, descompuesto excusas con una mirada, me he saltado las gamas de color para ir directamente a tus ojos. Yo maté por ti a todos mis nervios.

A la única conclusión que puedo decir que he llegado hasta ahora es no querer levantarme de una cama para dos que solo usa una; que el café después de la quinta taza sienta como una patada en el cerebro y que por más que mires ese trozo de tecnología que han llamado teléfono móvil no te va a resolver la vida (tampoco va a llamarte pidiéndote perdón).

Y fin.




miércoles, 17 de agosto de 2016

domingo, 14 de agosto de 2016

Lucidez.

Despierta, empieza a ser tarde y tienes que irte a casa. Tienes que volver a tu vida de escaparate, tus reuniones importantes y blanqueante dental.  Si yo fuera tu estaría cansada; no entiendo cómo puedes irte sin tomar un café; vivir sin aliento una vida que te dejaron en herencia. Te estás muriendo entre todos esos discursos sobre cómo debes arreglar el mundo - eres un gilipollas, ni si quiera sabes cómo arreglarte a ti mismo -. Deja la propaganda, tus frases hechas sobre la paz entre las sábanas. Rígete por el amor propio de querer permanecer más en tu cama que en esa oficina de dos por dos que te achicharra el corazón. Olvida tu cita de las doce; quédate conmigo en el sofá jugando a ver quién puede mirar más profundo. No te despidas si vas a por el pan porque sé de sobra que vas a volver.

Empieza a vivir porque si piensas en Septiembre y en tus facturas estaremos arruinados.

viernes, 12 de agosto de 2016

Te odio.

No es que quiera pegarte en la cara, es que me encantaría reventarte las tripas para que vieras cómo se siente eso de que te den una paliza por amor verdadero. Para que veas la desesperación de volver sola a casa sabiendo que te sangran los dedos y dejas mensajes en las paredes. Mirando a extraños con pinta de violador que intentan recitarte versos y esa nueva y moderna poesía que tanto te gusta.

No busco encandilarte con promesas, ni con filtros de cigarrillo que duran menos que el recuerdo de una felicidad que es más ilusionista que la realidad. Mi intención nunca ha sido avisarte sobre los incendios por culpa de algún estúpido gilipollas al que sus padres no le enseñaron a respetar el bosque. Yo soy egoísta. Quiero ser egoísta y conseguir que dejes puertos por mi culpa, que pierdas partes benignas de todos tus tumores, que acabes enganchado a cosas mucho peores que yo.
Y aunque que sepa que es casi imposible que camines sobre tejados con los ojos cerrados y corras hacia mí, ojalá fueses capaz de hacerlo.

Ojalá fuese yo lo suficiente egoísta como para reclamar las partes que me debes (y las que no también); de agarrarte de las piernas y pararte los pies porque puedo hacerlo, no porque sea lo correcto. Estoy de hacer lo correcto hasta el infierno. Ya no quiero necesita mi dosis de responsabilidad diaria.


Espero que me envíes postales de odio cuando te decidas a tirarte por la ventana y me llames si decides abrir la botella de vodka.



martes, 9 de agosto de 2016

Ojalá me pudiera sumergir en el frío.

No puedo creer que ya no vaya a haber tanto frío este año. No puedo creerme que ya no vaya a poder sentir escalofríos, ni eso ni nada porque te has dedicado durante todo el verano a quemar mis nervios con un trozo de hierro en llamas. Qué clase de persona podría hacer algo como eso. Seré yo que siempre acabo enganchada de las cosas amargas con demasiado azúcar.

No puedo creer que tanto calor haya hecho que mi organismo se recaliente y ya nada haya vuelto a ser lo mismo; que no sienta las yemas de mis dedos, que no sienta el peso sobre mi espalda, que no sirva de nada recordar que tengo una cicatriz en forma de equis en mi rodilla porque te perseguía demasiado deprisa cuando teníamos siete años.
Y el frío, que iba a salvarme está vez, ha decidido que es una pérdida de tiempo llamarme.









sábado, 6 de agosto de 2016

Límites.

A veces te odio sin respiración en el cuerpo, con ganas y golpes en el pecho reprimidos; y otras muchas veces intento que la indiferencia sea más fuerte y ninguno de tus problemas lleguen a bomba nuclear. He vivido cosas mucho más complicadas que un corazón roto y tu media sonrisa pero me encantaría reventarte las venas para que vieras cómo se siente una persona terminal. Es solo un poco horrible pero estoy a punto de ponerme de rodillas para suplicar que pares.

Para.

Porque, joder, duele.