No des nada por terminado, las palabras tristes aun no han acabado.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Amos del mundo y mierdas más

La página en blanco es una pequeña ansiedad de vez en cuando. Necesitas llenarla pero la mayor parte de las veces no sabes con qué; y la otra mitad sabes con que pero no si será lo suficiente bueno. En mi caso nunca suele ser lo suficiente bueno; a si que imaginaros eso multiplicado por mil el día de fin de año.
Puaj.
Suena incluso dramático. La gente haciendo recopilaciones de todas sus proezas a lo largo de un año "maravilloso" y yo con ojeras y sin café. Eso si que es dramático. Un nuevo año para seguir cagándola a lo grande y lo único en lo que puedo pensar es en las inmensas ganas de estar en otra parte y rodearme de otra cosa que no lleve grabado a sangre la palabra "compromiso" o "familia". Familia. No sabía que los cabrones egoístas tenían derecho ha hacerse llamar mi familia incluso sin acordarse de mi nombre o decepcionando durante 17 años.
Y sobredosis de mentiras y la culpa y hospitales y súplicas y cosas que no quiero vivir pero que me arrastran con uñas y dientes. Y no duele pero es un asco tener que salir corriendo cuando por fin empezaba a acostumbrarme.
¡Qué triste! Que pena que la vida se consuma y queme años sin que le importe una mierda, al igual que nosotros los vivimos con asco y con ganas de que acaben pero sin dejar de quejarnos sobre el paso del tiempo - porque va a toda hostia y nos pilla al final de la partida - y de repente quedan siete días para que sea tu jodido cumpleaños y nunca te has sentido tan perdida.

A mí que no me cuenten cuentos o que echen discursos sobre lo importante que son los nuevos propósitos de nuevo año. Yo deseo sobrevivir  a mí misma, y demos gracias a mi santa paciencia por no salir corriendo.

Nada más.

Ah, y que bebáis suficiente champagne como para no escuchar las chorradas que todos los demás suelten.


martes, 27 de diciembre de 2016

Adiós.

Matando esperanzas.
Condenando pesadillas.
Rompiendo
la respiración
cuando todavía no estamos sumergidos.

Apareciendo
de forma fantasmal,
cada día
cada noche.

Sin dejarme dormir.


lunes, 26 de diciembre de 2016

Eres un destripador.

Si vamos por partes, poco a poco, no se nos echan todos los fantasmas encima a la primera y no nos ahogan las frases maliciosas sobre nuestro futuro y nuestra cuenta corriente. Si voy por partes, me cuesta menos pillarte el sarcasmo y sonreírte a la vez; entiendo mejor las indirectas que me envían tus iris de color miel y se me da mejor saludar de pasada a gente que ya no es importarte. Si pongo un pie detrás de otro no pierdo comba, no se me cae el primer café de la mañana en la camisa recién planchada y me preparo mejor para una discusión amistosa sobre la razón de que nuestra sociedad vaya tan en picado - y sin paracaídas - hacia el suelo. Y hablo más alto, con más firmeza en cada sílaba que te dice que ya no te quiere lo suficiente; como si mi yo hablara en tercera persona del plural y nuestra historia de terror quedara lejana: "Ellos se querían pero al final no fue suficiente". Practicando discursos para cuando tenga que irme sin poder mirar atrás porque hacerlo me convertiría en una persona muy egoísta. Y ya lo soy.

Por partes. Como Jack el destripador y sus chicas, ojalá yo pudiera destriparte sin una pizca de remordimiento y tirarte a los tiburones, a ver si así consigo dormir más tres horas seguidas sin despertarme por tu culpa. Que parece que no puedes llegar hasta la esquina sin mí y yo parezco el típico personaje patético de comedia romántica que es incapaz de darse cuenta de que debe madurar y seguir adelante.

Seguir adelante. A lo mejor es por eso que no se me dan bien las matemáticas. Porque no sé sumar dos y dos sin que me salgas tú o algún teorema en el que tú no seas una de las hipótesis.
Pese a todo, al final, no puedo evitar odiarte con tanto fervor que me vibra el corazón.
Sí, he dicho vibra y no late. Ha sido adrede. Vibro. Ante una vida que no puedo controlar y que se me escapa y ante una mirada que parece la tuya pero que ya no lo es. Si quieres lo entiendes y sino puedes llamarme y preguntarme que con qué gilipollas te estoy poniendo los cuernos. Supongo que contigo, o con algo que se parece mucho a ti pero se pasa más tiempo ebrio que vivo.
Dale un par de hostias de mi parte, a ver si espabila.